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#Mis10de Joaquín Sabina

Compañero del mismo canalleo que Peret, aunque más de Bambino (culpable), Sabina nunca ha estado muerto, sino casi siempre de parranda, salvo en aquella recuperación del susto marichalero. Y es que da la impresión que cada a cada álbum publicado, el jiennense parece resucitar y/o despedirse, según apetencia del oyente y/u opinador. Como dato objetivo, es cierto que jamás Joaquín había dejado pasar tanto tiempo sin publicar un nuevo disco al uso (Recordemos que a mitad de camino está La Orquesta del Titanic, con Serrat). Más de siete años se antojaban a algo así como una prejubilación, abocado al tiempo que hace que los cuarenta y diez ya se aproximen a cuarenta y treinta. Por ahí anda Serrat con sus “fa vint anys que dic que fa vint anys que tinc vint anys” también caduco. Por suerte, la lectura del libro de Juan Puchades sobre el 19 Días y 500 Noches desvela que Sabina está escribiendo para un nuevo disco y que, este sí, considera que será el último de verdad. Así que si Lo Niego Todo ya sonaba un poco al “I’m ready, my lord” de Leonard Cohen, podemos intuir que el próximo va a ser más oscuro todavía… You Want It Darker, ya saben. Y en esta selección sí que se han quedado fuera ciento y la madre (volando) así que, hoy más que nunca, hoy que ponemos fin a este maratón de reediciones de #Mis10de durante todo el mes de julio, recuerdo que las ausentes no es que no me gusten, es que no me caben. Sean felices, que la sección volverá en septiembre para quedarse.

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19 Días y 500 Noches. Sabina fin de siglo

No es habitual en España, más allá de las ediciones disco-libro ‘inventadas’ por los diarios en unos años determinados en su afán de sacar extras por alguna parte, para compensar la bajada de ingresos de las fórmulas tradicionales, que haya monográficos extensos no ya de un autor o banda (que esto sí que viene siendo frecuente en las últimas décadas), sino de específicamente un álbum en concreto. En contraste con la literatura anglosajona, donde podemos encontrar tratados tan suculentos de una sola canción, como el Like a Rolling Stone: Bob Dylan en la encrucijada, de Greil Marcus. La editorial Efe Eme, reconvertida su política de edición desde hace unos años a unos especiales repletos de enjundia y a varias colecciones de libros, viene cubriendo, sin prisa pero sin pausa, ese déficit literario con Colección Elepé, con cinco entregas hasta la fecha, de las que he podido leer tres hasta el momento. La inaugural, Rock & Ríos. Lo hicieron porque no sabían que era imposible, de Josemi Valle, y la segunda, Mediterráneo. Serrat en la encrucijada, de Luis García Gil. Así, tras Memorias de un espantapájaros, M Clan en la cuerda floja (Chema Domínguez) y Blues de la frontera. Anarquía y libertad de los Amador (Marcos Gendre), llega este 19 Días y 500 Noches. Sabina fin de siglo, de Juan Puchades, que aborda con inteligencia y rigor las líneas temporales y argumentales, con los puntos de vista de protagonistas y actores secundarios en la gestación, grabación, difusión y disfrute de una obra fundamental. Y uno se pregunta qué discos de nuestra música se merecen una obra así y surgen varias ideas pero ahora nos ocupamos del presente.

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Los Discos del Año 2017 de RockSesión

Es complicado ponerse a hacer listas así, porque siempre te queda la sensación de dejarte fuera gente que merece estar. Así que, como siempre, ha de tomarse como una guía para acercarse a lo que no se conozca. O a darle otra oportunidad a un disco que no te llamó en la primera escucha. Tampoco ayuda el hecho de que por mis oídos pasen trabajos de cualquier género así que me he limitado a incluir discos de los que he hablado ya aquí, o de los que hablaría (por eso se queda fuera esa triada flamenca compuesta por Rocío Márquez –imprescindible-, Argentina y Rosalía; el de Ángel Stanich, Silvia Pérez Cruz…). Como es habitual dejo fuera los directos (Stafas) por tener un carácter recopilatorio, y los Ep’s (Código Vinagrio). Ha costado dejar fuera a Rosendo, Exquirla, Asfalto, Los Coronas, Rubén Pozo o Josele, Vinila Von Bismark, Eskorzo…, cada uno por motivos distintos). Por quinto año, estos son los ochos oros, platas y bronces de RockSesión. Disparen al pianista.

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El Mundo de la Tarántula. Pablo Carbonell. Teatro Apolo

A lo largo de los cinco años y medio de vida de esta casa, os he confesado con asiduidad el cariño especial que siempre he sentido por Pablo Carbonell a secas y también con su grupo, Los Toreros Muertos. Son una pieza fundamental, no sólo de mis recuerdos de infancia, sino también, descubierto con el paso de los años, de mi progresivo interés en el mundo de la música. De tanto procrastinar la compra de su libro autobiográfico, ‘El Mundo de la Tarántula’, al final su representación teatral me ha estallado en la cara y anoche cubrí su escala en el Teatro Apolo almeriense. Esta es la crónica realizada para el Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería, con varios añadidos más personales.

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Sabina – Lo Niego Todo

Compañero del mismo canalleo que Peret, Sabina nunca ha estado muerto, sino casi siempre de parranda, salvo en aquella recuperación del susto marichalero. Y es que da la impresión que cada a cada álbum publicado, el jiennense parece resucitar y/o despedirse, según apetencia del oyente y/u opinador. Como dato objetivo, es cierto que jamás Joaquín había dejado pasar tanto tiempo sin publicar un nuevo disco al uso (Recordemos que a mitad de camino está La Orquesta del Titanic, con Serrat). Más de siete años se antojaban a algo así como una prejubilación, abocado al tiempo que hace que los cuarenta y diez ya se aproximen a cuarenta y treinta. Por ahí anda Serrat con sus “fa vint anys que dic que fa vint anys que tinc vint anys” también caduco. El caso es que, nunca entregadas las armas de su pluma, Joaquín Sabina se ha marcado el disco muy apoyado en nombres propios como Leiva, encargado de los mandos del sonido, producción y varias melodías, Benjamín Prado dando lustre con su culturalismo a las palabras, el destacado regreso de Olga Román en los coros, las guitarras de Carlos Raya, los cameos de Ariel Rot y Rubén Pozo, César Pop, Pablo Milanés… Casi una obra coral.

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Orquesta Mondragón – Bon Voyage (1980)

orquesta-mondragon-bon-voyageConfieso que nunca he sido demasiado carnavalero. Pero de un tiempo a esta parte, por motivos profesionales, me he zambullido en ese mundo de las comparsas, las murgas, los coros y las agrupaciones, los cuplés y los pasodobles, y al final, cuando uno va conociendo sobre la materia va sacándole el gusto. En cuanto a eso de disfrazarse, si uno encuentra un tipo que le motive, puede tener su aquel. (Los más viejos tuiteros recordarán el de cura maligno y el de Lemmy, omnipresente siempre). El caso es que en estos fines de semana, las localidades patrias se lanzarán a vivir sus carnavales con la intensidad conveniente en cada caso. Ni que decir tiene en lugares como Cádiz o Tenerife. La intención que tenemos desde RockSesión es que en los próximos tres viernes, día de las críticas remember, ofreceremos tres críticas de discos ‘apropiadas’ para estos festejos, sea por su carácter pinturesco, histriónico o cómico. Hace unas semanas hacía #Mis10de la Orquesta Mondragón y qué demonios, este Bon Voyage, su segundo trabajo de estudio, es una buena piedra de toque para comenzar este miniciclo. ¿Viajan con nosotros?

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Manolo Tena – Casualidades

Manolo Tena CasualidadesEl artista pacense es uno de esos nombres que, por una serie de factores exógenos y endógenos suenan a lejanía. Al rock (y pop) de otro tiempo, a pasado sin derecho a presente. El bueno de Manolo Tena fue uno de los nombres fundamentales cuando el rock daba sus primeros pasos en España tras estar algunos años gateando. Cucharada y Alarma son dos nombres propios que merecen todo respeto y tienen ganado por derecho estar en cualquier antología que intente rememorar los inicios de nuestra música. Tras esos dos escarceos que merecieron mejor suerte, Manolo Tena emprende a finales de los ochenta una carrera en solitario que explotaría en 1992 con su segundo disco, Sangre Española (otro que pasará algún día por las críticas remember de los viernes, tarde o temprano) que despachó medio millón de copias. Casi nada. Con más suerte que Enrique Urquijo o Antonio Vega, Manolo Tena ha superado vivo sus adicciones y después de un tumbo y otro tumbo, que cantaría Krahe en ‘Ulises’, intenta recobrar también el pulso musical con Casualidades, un álbum de trece cortes que, aunque no todos están al mismo nivel, sí que reflejan cierta grandeza innata.

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Estopa – Rumba a Lo Desconocido

Estopa Rumba a lo DesconocidoAunque hasta cinco temas han sido destripados desde la última quincena del mes de junio hasta una semana antes de su salida, el 2 de octubre, Rumba a Lo Desconocido es el nuevo trabajo con nuevas canciones del dúo catalán Estopa, cuatro años después del discreto Estopa 2.0. Un álbum que viene con doce temas en los que los hermanos Muñoz parecen haberse centrado en la tarea. Un lanzamiento que viene aparejado de un diseño y película comic-motion con la que se granjean el visto bueno de un importante sector de público (por cierto, muy extenso precisamente en Cataluña). Nada es casual, está claro. Pero ciñéndome a lo musical, se nota en el tono generalizado que David y Jose vienen oxigenados de la gira acústica de éxitos que, en cierta manera, les sirvió para reencontrarse con algunos sonidos y con la forma de encarar las canciones. Ese ‘alma’ se deja sentir en el disco a diferencia de sus antecesores.

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Estopa – Estopa (1999)

118 EstopaTodavía lo cito como un ejemplo de olfato precoz. La primera vez que escuché ‘Tu Calorro’, el tema que abre el debut epónimo de Estopa, estaban muy lejos de dar el pelotazo descomunal que dieron conquistando con los doce temas a todo tipo de público: los rumberos, los transgresivos (los guiños a Extremoduro son claros en este disco), los fans de Sabina, que veían la misma canalla, los comerciales, los amantes del mundo ‘kinki’ (como el cine), de autenticidad barrial. Dos chicos, hermanos, salidos de una fábrica de automoción, ponen banda sonora al recién estrenado año 2000. En todos los bares y garitos te podía sonar cualquier canción porque todo el mundo se las sabía. Solo sacaron dos singles oficiales pero para el público eran doce. Estaban en todas partes y en su momento de más tirón llegué a ver por algún bar de Madrid carteles que decían: “lo sentimos, no ponemos ninguna canción de Estopa. No las pidáis”. Después de escuchar aquel tema, me compré el disco, que costó encontrarlo. Aquello estaba claro, eso era Estopa “y se iban a comer a dios por una pata”.

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Brasi. Teatro Apolo. 25 de septiembre

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Igual que ocurre con Leño o Rosendo y el rock urbano; con Extremoduro y el rock poeta; Triana y Medina Azahara y el rock andaluz; Joan Manuel Serrat y los cantautores; o Vetusta Morla y el indie resultón; hay nombres que marcan a toda una legión de grupos y vocalistas que hacen que sus influencias sean tan marcadas, que es difícil o tomarlos en serio o diferenciar sus propuestas. Pereza y, desgajando el dúo, Leiva en particular han generado un camino claro por el que muchos jóvenes músicos quieren andar. Algunos andan siguiendo la estela sin mirar a los lados, por miedo a caer, pero los hay que tan solo aprovechan el pavimento para, a partir de ahí, crecer y buscar su propio camino. Anoche, el cantante almeriense Brasi presentaba en el Teatro Apolo de la ciudad su álbum debut Marcaje al Hombre, un disco de diez temas que bebe del universo Pereza, algo de Fito y levemente de Sabina. Pero el directo demostró que había algo más.

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