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Tributo a Sabina – Ni Tan Joven, Ni Tan Viejo

Aunque vosotros no lo sabéis (algunos sí), para mi planificación se ha hecho esperar más de la cuenta mi crítica a este Tributo a Sabina, titulado Ni Tan Joven, Ni Tan Viejo, que parafrasea en mutación el título de una de mis canciones preferidas del poeta, por cierto ausente en la selección de 25 temas, y que, en mi opinión, tampoco le hace justicia del todo al conjunto por aquello de las similitudes formales con el ‘Ni Chicha, Ni Limoná’, de Víctor Jara. Entiéndase, pues, el título, como un guiño intergeneracional y, quizá, de eternidad creativa, por aquello de que gusta desde a los prepúberes como a los que andan en la plena senectud. Desde Guitarricadelafuente (21 años) a Joan Manuel Serrat (76 años). Y en medio de ellos, cantantes y autores melódicos, canallas y canallitas (que no es lo mismo), rockeros, más poetas, poperos con y sin botas de cuero… todos conversos a versos a la religión de Joaquín Sabina. Es más fácil encontrar rosas en el mar (ausencia destacada que nos robó la salud) que discutirle la imponente colección de canciones de Sabina, que da para otros dos discos como este y, para los que le apreciamos, hasta un tercero. Tampoco será cuestión de ponerse a repasar nombres que nos gustarían (cada cual tendrá los suyos) como si fuera una concreción del pasodoble de amigos ausentes (Sí recuerdo que bandas de rock como Porretas o Benito Kamelas hicieron hace años sus versiones). La crítica va, rasa y al pie, comentando impresiones individuales de cada una de las 25 canciones. Y no pido perdón porque ya no le importa.

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Alejandro Sanz – Más (1997)

Acepto y asumo que es bastante extraño que una página web de rock y derivados dedique una crítica remember a un disco que se podría catalogar de canción melódica, pop, romántica, etcétera. También sabéis los que me leéis con frecuencia, especialmente en twitter, que lo convencional no suele ir conmigo y, los más abiertos o menos encasillados compartirán, que poco sentido tiene poner limitaciones a las emociones que puede llegar a transmitir la música. Si somos lo que somos en el presente es por el camino que hemos recorrido hasta hoy. Si uno siente las letras de Aitor de Hora Zulú como puñaladas en el alma, o los arpegios de Extremoduro, o la emotividad del cuerpo vocal de Víctor de WarCry o la fuerza animal de las descarnadas canciones de Somas Cure, es porque antes se ha ido forjando una cierta sensibilidad para dejar que la música, y, para enfermos melómanos como el que escribe, con especial intensidad, llegue a sitios donde llegan muy pocas cosas es gracias a ese camino. Una senda en la que este Más tiene un papel fundamental, como los recuerdos de Cohen de mi niñez, la espiral depresiva que me ofrecieron Arena en los Bolsillos o La Memoria de los Peces de García y Serrano dos años después, o la de tantos y tantos discos especiales que se han ido instalando en el alma (Pequeño, Licenciado Cantinas, La Ley Innata, El Círculo Primitivo, Amnesia, Azul, La Tierra Está Sorda y otros muchos). Me comprometí y aquí está, la última crítica remember del año es para este señor álbum de Alejandro Sanz, con motivo de su 20º aniversario (tal y como hice con Agila y Omega el año pasado).

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Rock in Río o… ¿Del Rock Me Río?

Rihanna. Nada menos que una de las divas del electro-pop-R&B es la nueva estrella que confirmó ayer la organización de Rock In Río Madrid para la edición que se celebrará el 30 de junio y el 6 y 7 de julio en, ojito, ‘La Ciudad del Rock’. Hace poco, en la crítica del nuevo disco de Bebe decía aquello de “no usarás la palabra rock en vano”. Bien. Con Rock in Río Madrid estamos en las mismas… o peor.

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