El Mundo de la Tarántula. Pablo Carbonell. Teatro Apolo

A lo largo de los cinco años y medio de vida de esta casa, os he confesado con asiduidad el cariño especial que siempre he sentido por Pablo Carbonell a secas y también con su grupo, Los Toreros Muertos. Son una pieza fundamental, no sólo de mis recuerdos de infancia, sino también, descubierto con el paso de los años, de mi progresivo interés en el mundo de la música. De tanto procrastinar la compra de su libro autobiográfico, ‘El Mundo de la Tarántula’, al final su representación teatral me ha estallado en la cara y anoche cubrí su escala en el Teatro Apolo almeriense. Esta es la crónica realizada para el Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería, con varios añadidos más personales.

‘Vivir Para Contarla’… El título de la autobiografía de Gabriel García Márquez sintetiza bien el espíritu que reside detrás de ‘El Mundo de la Tarántula’, la concreción en forma de libro, pero también trasmutado posteriormente a monólogo, de la homóloga inspiración del polifacético cómico gaditano Pablo Carbonell, que ayer llenó el patio de butacas del Teatro Apolo, en una cita enmarcada en el ‘Otoño Cultural’ del Área de Cultura, Educación y Tradiciones del Ayuntamiento de Almería, en este caso con la colaboración especial del Programa Estatal de Artes Escénicas (PLATEA) del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Con su halo de loco despistado, Carbonell no esconde nada y a lo largo de la hora y media de actuación repasa, sin tapujos, todas las fases de su vida. Como quien se sube en el coche de una montaña rusa el trayecto nos lleva por la risa y el llanto. Su infancia feliz y acomodada en una familia ultracatólica, la muerte de su vecino postrado en una cama y con The Beatles como música de fondo, su traslado a Huelva, sus padecimientos de bullying en el instituto, antes de que existiera la palabra para definirlo, su inicio en el mundo del sexo por la senda de la bisexualidad… Encontrarse con un actor y cómico aún más surrealista que él y qe marcaría su camino para siempre, Pedro Reyes.

Y es que Pablo desvela en su tarántula que ha tenido suerte en la vida. La fortuna de vivir para contarla y el azar de haberse encontrado con demonios talentosos que favorecieron que su locura, entendida como libertad en su máxima expresión, fuese canalizada por la senda de la creación. Su relato, su exposición, es la de su vida, pero también la de la cultura, quizá con el contra delante, de este país en los últimos 35 años. Tejemanejes de un mánager abusón, la provocación incomprendida de Loles León, el descubrimiento de El Reverendo y El Gran Wyoming, de quien se aprovecharía por unos meses usando el sofá de su casa como alojamiento en Madrid.

La capital en pleno apogeo de Tierno Galván, la movida y las bolas de cristal dando los buenos días con su ácrata actitud con Alaska como gurú. Llegan tres años de televisión y, en las noches interminables, el primer escarceo musical hasta que Javier López de Guereña, mano derecha de Javier Krahe, les echa el oído y decide producirles el primer disco que será editado por la todopoderosa Ariola, favor de Joaquín Sabina mediante. No le hizo gracia a Isabel Pantoja, ni a su hermano Agustín, que aquella banda novel actuara en la gran fiesta de la compañía en honor a los discos de oro facturados por la tonadillera. Llamándose Los Toreros Muertos, era previsible. Pero nada impidió que aquel combo vendiera ejemplares como churros y que fueran considerados estrellas del rock al otro lado del charco.

Pero como ocurre en ‘Cosas Que Los Nietos Deberían Saber’, de Mark Oliver Everett, esto es, el líder de la banda alternativa Eels, la vida de la farándula también tiene un reverso sombrío en el que Pablo caerá, aunque sin tocar nunca del todo fondo. Alcohol, cocaína y la sombra del SIDA, proyectada durante varios años por su negativa a hacerse las pruebas, en un tiempo en el que la atracción iba a toda velocidad.

Conocer a la persona adecuada en el momento preciso, por incitación casual de Álex, el de Christina, Pablo hizo chas y apareció al lado de un amor que le liberó de la amenaza de la enfermedad entonces mortal. Llegó entonces de nuevo Wyoming para encomendarle durante seis años pertenecer al grupo de reporteros de Caiga Quien Caiga, llegaría también su película ‘Atún y Chocolate’, el teatro, más cine, más televisión… y más pérdidas. Apenas separadas en unos meses, Reyes y Krahe.

El relato de Pablo en ‘El Mundo de la Tarántula’, regado con canciones de Dylan, de Los Secretos, de Sabina, y anoche con varios guiños al legado lingüístico de Chiquito de la Calzada, es la representación vívida de un alarde de sinceridad y humanidad, que lleva al público por las luces y sombras de una intensa trayectoria vital. Y no importa que la crónica esté llena de spoilers porque su entrega y nivel de empatía, sus ojos vidriosos en los momentos tristes y su sonrisa socarrona en los momentos canallas son tan reales, que al final nosotros nos sentimos partícipes del viaje en el sinuoso tobogán.

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Publicado el noviembre 12, 2017 en Crónicas Conciertos y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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