Sabina – Lo Niego Todo

Compañero del mismo canalleo que Peret, Sabina nunca ha estado muerto, sino casi siempre de parranda, salvo en aquella recuperación del susto marichalero. Y es que da la impresión que cada a cada álbum publicado, el jiennense parece resucitar y/o despedirse, según apetencia del oyente y/u opinador. Como dato objetivo, es cierto que jamás Joaquín había dejado pasar tanto tiempo sin publicar un nuevo disco al uso (Recordemos que a mitad de camino está La Orquesta del Titanic, con Serrat). Más de siete años se antojaban a algo así como una prejubilación, abocado al tiempo que hace que los cuarenta y diez ya se aproximen a cuarenta y treinta. Por ahí anda Serrat con sus “fa vint anys que dic que fa vint anys que tinc vint anys” también caduco. El caso es que, nunca entregadas las armas de su pluma, Joaquín Sabina se ha marcado el disco muy apoyado en nombres propios como Leiva, encargado de los mandos del sonido, producción y varias melodías, Benjamín Prado dando lustre con su culturalismo a las palabras, el destacado regreso de Olga Román en los coros, las guitarras de Carlos Raya, los cameos de Ariel Rot y Rubén Pozo, César Pop, Pablo Milanés… Casi una obra coral.

Y un paso al lado para Antonio García de Diego y Pancho Varona. Pese a todo esto, que escrito suena muy revolucionario y rompedor, Lo Niego Todo no representa un gran salto al vacío, como sí lo fue 19 Días y 500 Noches producido por Alejo Stivel (desde los medios técnicos, a la sonoridad de las canciones, pasando por la naturalización de la propia voz de Sabina). De hecho, hay una muy profunda sensación de ‘déjà vu’ en la mayoría de los doce cortes. Sabiniano confeso, Leiva ha dado brío y una energía algo más actualizada (y simplificada) al universo sonoro de Joaquín, pero respetando los cánones y dominios del maestro. Quizá la carta más marcada sea la del mayor uso de las teclas con Joserra Senperena, pero nunca con demasiados excesos.

Así, Lo Niego Todo navega en la complacencia del ‘yoísmo’ sabiniano, consciente de que su figura, su forma de contar las cosas, maravilla tanto a su público que no necesita extrapolar ni imaginar realidades ajenas y externas para dar con canciones emotivas, de versos titilantes. Casi no hay canción que no incluya una referencia personal en la que echar un gancho al pasado, al que vincular y situar el texto en la trayectoria de uno de los autores más importantes de la música en nuestro país. Y lo más sorprendente de dichas historias es que encontramos a un Sabina muy sereno, meditado y en paz hasta con todo lo que se lleva mal. (Todo lo contrario que sus titulares, algunos disparatados, o que su hermanastro menor Andrés Calamaro en algunos cortes de su Volumen 11).

‘Quien Más, Quien Menos’ nos da un inicio sereno, bamboleado con el slide y dobro de Raya, y la narración de lo inquebrantable del destino, de la dualidad situacional. No hay prisa y la canción crece en distorsión, sin romper el equilibrio de una hipnótica cadencia. ‘No Tan Deprisa’ continúa por la senda americana, con guiño a J.J. Cale y su rockabilly-country. Así llegamos al gran single y anticipo del álbum, ‘Lo Niego Todo’, el tema que le da título que, reconozco, cada vez me hace llorar más. Un relato que permite la triple interpretación geométrica de la confesión, la constante duda de la doble negación y su cruz en las dos caras. Un auténtico himno con el que reclama por derecho el cetro de mejor letrista de nuestra música.

Ariel Rot y parte de su cohorte argenta de adopción como Niño Bruno y Candy Caramelo ponen música a la ranchera tequilosa de ‘Postdata’. De despecho certero y cantinero. Devoción personal por las hechuras rockeras de ‘Lágrimas de Mármol’ (muy de su siglo XXI) y con ese “dejé de hacerle selfies a mi ombligo cuando el ictus lanzó su globo sonda, me duele más la muerte de un amigo que la que a mí me ronda” y ese “vivir para cantarlo”, guiño a Gabo García Márquez, compendioso aforismo. El primer tramo del disco llega a su fin con ‘Leningrado’, una balada que va ganando galones, vía Urales, mucho más certera que las que regaban Alivio de Luto y Vinagre y Rosas, con una mezcla que nos ofrece una línea vocal mucho más presente y árida y ese “talón de Aquiles al portador”, tan sencillo de asociar, tan difícil de crear.

Con tempo lento y con otras de las destacadas se abre el segundo tramo. ‘Canción de Primavera’ tiene música de Pablo Milanés, que da sentido a esa lumínica entrada de teclas y una tendencia acústica acentuada por los ribetes de mandolina, preciosistas y no emocionales, como los de antaño (‘De Purísima y Oro’). En ‘Sin Pena Ni Gloria’ nos viene el rocanrol más beligerante de la lista. Su carácter plano la hace entrar en una discreción que solo se rompe por algún detalle nervioso, que dos personas como Leiva o Raya nunca llevarán al lado salvaje. Del mismo lado, pero con otro aire, ‘Las Noches De Domingo Acaban Mal’ nos traen un rocanrol con puentes armónicos más cercanos a Burning que a los Stones.  (No olvidemos que Leiva estuvo a punto de firmar un disco a medias con Johnny Cifuentes y la devoción conocida de Sabina por Pepe Risi).

Tras estos dos temas compactos, se aligera la tensión con dos bromas comedidas, reggae y rumba. Mucha controversia ha generado ‘¿Qué Estoy Haciendo Aquí?’ por lo infrecuente y por su duración (ronda los seis minutos, “no woman no cry” incluida) pero a mí me parece un delicioso ejercicio de estilo, como los que se marcaba Kubrick según le daba. Un juego menos forzado que los que se hacían Los Rodríguez y menos puristas que los del Calamaro en tiempos de salmón. Más géneros, como decía, para completar Lo Niego Todo, desde que descubriera su capacidad rumbera (‘Ruido’, 1994) casi no ha habido disco de Sabina sin ella. Aquí viene de la mano de ‘Churumbelas’, la historia de tres hermanas que sirve para apuntar una colección de flamencos estelar. Es más hierática que otras entregas, por lo que destila más porte de pose que de algarabía coreográfica.

El final llegará con ‘Por Delicadeza’. Una balada con armazón mínimo y que hace justicia al permitir compartir protagonismo vocal a Leiva, que demuestra buen (y equilibrado) estado de forma –desde Pólvora- para generar muy buenas melodías vocales. El “me he quitado dos versos y los cantas tú, ¿qué te parece?” con el que Joaquín cierra el corte es la manera explícita de reconocer su tarea y de que el trabajo es la suma de muchos talentos y creadores.

Sabina remata su década de los sesenta con un álbum muy agradecido y apunta a los setenta con la conciencia tranquila. Parece que los cuervos de la necrológica musical deberán guardar un tiempo el formol mortuorio, pues Lo Niego Todo no va a ser ni el Blackstar de Bowie, ni el You Want It Darker de Cohen, ni mucho menos un Chuck póstumo.

Leré lerele…

En Spotify.

Lista de canciones – tracklist:

  1. Quien Más, Quien Menos
  2. No Tan Deprisa
  3. Lo Niego Todo
  4. Postdata
  5. Lágrimas De Mármol
  6. Leningrado
  7. Canción De Primavera
  8. Sin Pena Ni Gloria
  9. Las Noches De Domingo Acaban Mal
  10. ¿Qué Estoy Haciendo Aquí?
  11. Churumbelas
  12. Por Delicadeza

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Publicado el marzo 28, 2017 en Actualidad y etiquetado en , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Ander López de Bikuña

    Muy buena crítica, Javier. Un disco donde se ha rodeado de gente con clase. Como siempre, destaco a Benjamín, un superclase. Desde mi punto de vista, este disco ha quedado quizás demasiado Leiva…

  1. Pingback: Stafas – La Vida No Mata Ni Engorda | RockSesion

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