Avalancha. Los demonios de la memoria de Héroes del Silencio. Carlos H. Vázquez
«¿Otro libro de Héroes del Silencio?», pensé cuando me llegó la noticia de la inminente publicación de Avalancha. Los demonios de la memoria de Héroes del Silencio, que firma Carlos H. Vázquez para Efe Eme. Uno tiene la percepción de que la banda de Bunbury, Valdivia, Andreu y Cardiel sigue siendo la más exprimida del rock español. Quizá ya lo tuvieron en el ADN ‘en vida’, con todos esos cientos de bootleg (conciertos pirata) que tenían hasta ediciones de lujo que nada envidiaban a las profesionales. Objetos de coleccionista, como los fanzines promovidos desde los club de fans, el merchandising alternativo… Tras el fin del grupo ‘los canales oficiales’ tampoco se quedaron quietos. Grandes éxitos, directos ‘recuperados’ (casi siempre piratas ya en circulación), videografías… Luego está la parte audiovisual con su película documental y más etcéteras. Y, cómo no, la bibliográfica, que entre protagonistas, personas cercanas, ‘conversaciones’, periodistas profesionales o aficionados han ido publicando a lo largo de los años. Es cierto que hay una sensación de ‘sobreexplotación’ pero también lo es que el trabajo bien hecho siempre vale la pena y que siempre hay cosas que contar o en las que profundizar. Carlos lo hace con Avalancha, con ese poder simbólico de ser su último de estudio, y consigue que el resultado –autor y editorial en este caso son avales de garantía- sea de lo más satisfactorio.
Con un alto ritmo de producción (este mismo año ha publicado en otras editoriales libros sobre Gabinete Caligari o Paco Clavel), Carlos vuelve a la colección Elepé tras haber buceado hace dos años en Que Me Parta Un Rayo, el estratosférico disco y debut en solitario de Christina Rosenvinge, tras hacerle “chas» -y desaparecer de su lado- a Álex de la Nuez, y contar con lo que era la banda de músicos de Joaquín Sabina de entonces.
En aquel libro el autor se sumergía en la técnica del relato oral para armar la historia. Cada capítulo – secuencia se abordaba con una pequeña introducción, a veces con algún interludio añadido mínimo, para que sean después los protagonistas quienes, también vale el símil de la obra de teatro (de hecho al elenco se le presenta bajo esos términos antes del primer capítulo), vayan aportando sus declaraciones sobre la temática de turno, como Taylor Jenkins Reid en Todos Quieren a Daisy Jones.
Reconozco que las formas, que también encontramos en el de ¿Cuándo Se Come Aquí? de Siniestro Total y Sara Morales quizá mejor resuelto por la propia naturaleza dicharachera de Julián Hernández, me dejaron un tanto ‘frío’, sensación que aquí desaparece, ya que hay más narración dentro del propio capítulo, que siempre se agradece cuando la firma lo merece.
Con estos mimbres y con el ingrediente de haber sido fan pasional del grupo antes de la vocación (que considero indispensable para contagiar al lector) Carlos extrae de los protagonistas, seguidores anónimos o populares, técnicos y personas cercanas a la banda, testimonios –unos ex profeso, otros de hemeroteca- de una época muy compleja. En la que realmente todo marcaba ya el colapso inminente. Un buque –símil usado de forma interna ya en su momento- que se aproximaba al colapso sin que nadie consiguiera pararlo pero que dio para regalar un cuarto álbum de estudio que estaba también abocado a sonar de esa manera.
El canto de cisne de Avalancha (publicado en el día de mi cumpleaños) trajo consigo un sonido más duro, mezcla de aunar nuevas tendencias del sonido americano con el querer demostrar su contundencia frente a las críticas haters de que eran blandos o un grupo para quinceañeras y también acorde a la actitud voraz y más acerada de los conciertos. Una producción internacional que casi ejecutó más el ingeniero y técnico de sonido Andrew Jackson que Bob Ezrin, de quien admiraban su trabajo en The Wall de Pink Floyd o Berlin de Lou Reed, entre otros.
No se rehúyen las polémicas consabidas sobre el distanciamiento de Juan y Enrique, el estatus dentro de la alineación de Alan Boguslavsky, las giras y sus males endémicos, el reemplazo temporal de Anye Bao y un largo etcétera.
Pasados tantos años, el nombre y la figura de Héroes del Silencio sigue generando ríos de tinta y fomentando la leyenda del eterno retorno… Una carta siempre en la manga de quien se saben añorados y que, por cierto, la próxima semana tendrán a un nuevo ejemplo, confirmándose los rumores del último año. Pero esa es harina de otro costal.
Por el momento, celebramos este nuevo título, que recomiendo como consumidor compulsivo de libros sobre música bien hechos, mientras le damos al play al disco con el volumen bien fuerte.
Publicado el octubre 13, 2025 en Libros y etiquetado en Avalancha, Efe Eme, Héroes Del Silencio, Libros. Guarda el enlace permanente. 1 comentario.




Pingback: London calling. The Clash rompiendo con todo. Fernando Ballesteros | RockSesión