Dura Calá – ¡Ay!
Pasa en todas las disciplinas y la música no es una excepción. Cuando un registro acumula varios ‘éxitos’ llegan numerosas oleadas ‘en bloque’ de réplicas de esa tendencia –que no tiene por qué ser única-. Como he comentado ya en alguna ocasión, tenemos esa que orbita alrededor de ese sub-post-punk de guitarras fuertes y desencanto generacional. Y, acercándonos ya al caso que nos ocupa hoy, también lo hay en los últimos años por revivir (¿acaso murió alguna vez?) el imaginario kinki, el rock castizo y la raigambre autóctona. Esto dicho así a grandes rasgos no tiene connotaciones negativas y tampoco significa que todas las propuestas sean exactamente iguales (para falta de imaginación ya estaban los clones de Vetusta Morla que pronto se vieron superados y desnudos, como el rey del cuento, cuando los propios ‘vetustos’ demostraron que su creatividad estaba muy por delante de réplicas baratas), pero sí que, cada cual a su manera, adopta esos principios para desarrollar su creatividad. Y en esas podemos enmarcar el advenimiento de estos madrileños de Dura Calá que vienen apadrinados por Calaverita Records que, sin duda, es un aval de confianza indiscutible. Este ¡Ay!, su largo de debut, no busca engañar a nadie. Así lo avisan: «Dura Calá nace entre las sombras de la despiadada y adictiva noche madrileña, tras un encuentro fortuito entre seis gatos callejeros. Seis renegados, músicos mercenarios y buscavidas, se juntan en los callejones de la capital en busca de un proyecto honesto y fiel a sus raíces». A ello.
Dura Calá son Rodrigo Castellanos, Daniel Sancho, Santiago Urrela, Pablo Castelo, Jon Griffiths e Iñaki Simón.
«Macarreo puro y sin filtros» que nace de un punto vital que la propia banda define como «mejorable», pero es precisamente eso es lo que le da su fuerza. El grupo huye de lo conceptual para centrarse en lo que mejor conocen, sus propias vidas y las de los suyos. «Este disco es un vacilón», explica la banda. «Son nuestras historias, algunas muy personales y otras que nos tocaban de cerca, siempre respetando el anonimato porque no está el plan para destripar los trapos sucios de los colegas. Hemos hablado de lo que conocemos, de lo que nos preocupa y de lo que deseamos, sin filtros».
Ese compromiso con la realidad se traduce en un sonido crudo que bebe directamente del cine quinqui y de la esencia de sus orígenes. Es un sonido propio, directo y crudo. Aunque cada tema de ¡AY! funciona como una pieza independiente, existe un hilo invisible que recorre todo el álbum: Madrid. La ciudad es el escenario donde han nacido las canciones, desde las anécdotas vividas en sus barrios hasta los trayectos de ida y vuelta
El resultado; un sonido veraz a sus historias, las historias de los perdidos y los olvidados, de los rabiosos, los hartos y los abandonados. Historias narradas desde el divertido desenfado propio de seis inadaptados que, con una canalla flema castiza, exploran sin reparos sus orígenes mientras rinden tributo a un folclórico abanico de influencias.
Una «Intro» de trompeta de 18 segundos -para mi gusto innecesariamente separada del segundo corte- nos adentra en el compás de «Mataora» y un sonido que –denominador común- presentará casi todo el instrumental en una primerísima línea, sobre todo guitarras y batería. Eso no impide manejar bien los aires y huecos, como ocurre en el fraseo, tenso y masticado, entre palmas, pianos, jaleos y hasta alguna sirla abriendo la hoja. Entre hechuras ragga y calor de metales sandungueros se explota un estribillo inflamable.
“La Condena” sigue en unos parámetros similares en cuanto a las hechuras vocales, aunque la velocidad y concreción le confieren un punto mucho más apunkado y urgente, hasta habrá algún destello metálico de influjo stoner (sí, eso también) y hasta unos arabescos de teclados y solo de guitarra le darán todavía más ingredientes al potaje. “Fuego y Cristal” se mueve en una sonoridad más latina y hasta ahí algo del Fito de Los Sueños Locos (lo que, por elevación, también recuerda al Santana de Supernatural o al Knopler de siempre) en las líneas de bajo y la semi distorsión de las guitarras inmiscuidas entre la percusión orgánica. Eso sí, el rugido de todos a una incide en la contundencia.
“La Macarena” fue uno de los primeros adelantos y funciona en su mezcla de funk, rollo y big band, con guiño a la original de Los Del Río y Pata Negra y Los Delinquentes en la coctelera. Siguiendo por el filo del acero llegamos a “Mala Sangre”, una de mis favoritas, con esa querencia de tangos-rumba y rock calorífico con estribillo que, musicalmente, también evoca cosas de Los Rodríguez… Aunque esa sensación será todavía mayor en la milonga a compás de “La Suerte”, donde no es difícil imaginarse al mismísimo Ariel Rot en esa eléctrica. El grupo explota descaradamente el hallazgo de un estribillo mortuorio y decadente.
De nuevo influjos stoner y metaleros –lo que hace inevitable recordar a Fausto Taranto y las falsetas de Paco Luque o Quini Valdivia– en “La Reyerta”… Que no es raro recordar a los granadinos teniendo en cuenta que estamos ante la adaptación del poema de Federico García Lorca. Lo de “La Mari” es la confirmación de estar ante una banda inspirada a la que vale la pena seguir su evolución. La primera parte arranca con un feeling distinto, se mueve en ambiente funk y sincopado que, en el estallido central abrirá una caja de Pandora en la que habrá hard rock en el solo y una progresión de teclados setenteros que se culmina con la ascensión final.
“Bolero” hace honor a su nombre en la bajada de tempo, pero no en la intensidad de un tango tenso y, de nuevo, muy afilado. Los arreglos de teclas y programaciones, simulación de cuerdas, metales y los coros le dan un estilassso. El cierre viene de la mano de “Tío Pepe”. Un corte que parece un verso suelto del resto del disco porque está más cercano al mundo de La Pulquería… y hasta los narcocorridos de Vantroi, pero en argumento madrileño.
Resultado global más que suficiente para disfrutar del álbum y vigilar por dónde van los siguientes tiros.
Lista de canciones – tracklist:
- Intro
- Mataora
- La Condena
- Fuego y Cristal
- La Macarena
- Mala Sangre
- La Suerte
- Reyerta
- La Mari
- Bolero
- Tío Pepe
Publicado el febrero 11, 2026 en Críticas Discos y etiquetado en ¡Ay!, Críticas Discos, Dura Calá. Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.




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