Javi Robles – El Salón De Los Rechazados

¿Otra vez Javi Robles? Sí. ¿No había sacado un disco doble en junio del año pasado? Sí. ¿Y ahora va con un disco triple? Así es. ¿Y vuelve a haber alguna canción de más de veinte minutos a lo Robe? Sí, como ya hizo en Plaza Corazón dividiéndolo en cortes, ahora es indivisible en el tercer volumen. ¿Acaso no tendrá previsto sacar un disco ‘veraniego’ y otro de ‘invierno’ cada año? Tal cual, parece que me lees la mente.

Si hace un par de semanas decíamos que lo de sacar un disco conceptual doble a la vieja usanza como había hecho Delalma con su Santa Compaña, lo de Javi Robles da una vuelta de tuerca más a la canalización de una creatividad torrencial. Pero no ya solo eso –porque de eso también tuvo una época Calamaro o ahí andan los Van Morrison, Neil Young o Willie Nelson– sino que siente el concepto del artista como «alguien que camina en la cuerda del equilibrista», como me dijo recientemente. Y en su decisión valiente de su compromiso ético con la escritura y composición y por crear algo sustancial, se embarca en lanzar dos discos al año. Uno de invierno –de influencias más folk- y otro de verano –con matices más rockeros-. Siempre en torno a un concepto que en este caso tiene que ver con el mundo de la pintura y, con mayor concreción, en el punto disruptivo de la historia del arte en el que los convencionalismos se rompen y se da paso a una libertad creativa que, de lleno, encaja con la propia evolución del artista navarro.

Suma y sigue Javi Robles. Trazando una línea constante desde que se diera carpetazo al capítulo de Cero A La Izquierda. Y aunque en su momento se lloró la decisión que supuso perder a un joven y excelente grupo de rock que comenzó acedecero y que terminó cogiendo unas hechuras más complejas y menos inmediatas, se entiende que el bueno de Robles optara por romper del todo la coraza y la jaula para volar completamente libre y solo.

El álbum, producido y grabado en los Estudios Aberin con Iñaki Llarena, se divide en las comentadas tres partes. Desde el rechazo de los marchantes a obras de los primeros preimpresionistas (Manet, Toulouse Lautrec, Pissarro) en el primer disco, pasando por los impresionistas y rupturistas de Monet o Renoir del segundo disco –cada canción se titula como un cuadro impresionista- hasta desembocar en el tercero donde la locura del arte por al arte se evoca en una canción de más de 25 minutos titulada “Monomanías Perdidas de T. Gericault”, una serie de retratos del siglo XIX pintados en un sanatorio mental por encargo del psiquiatra Ëtienne-Jean Georget. Corte en el que, por cierto, algún guiño a Robe (siempre, siempre) hay. Benditas locuras, benditos compromisos con el oficio de creación.

Las respectivas intros de cada disco (“El Salón Oficial”, “El Salón De Los Rechazados” y “El Salón De La Locura”) hacen de presentación ‘guiada’ por las exposiciones de cada bloque.

Tras ella, el primero se abre con la dualidad de “No Te Pido Que Perdones A Este Idiota” y “Evidentemente Mientes”, dos caras de las idas y vueltas de las relaciones que van y vienen. La primera destaca por lo urgente, casi transmitiendo ese filo peligroso y decadente, con sonoridad de country confesional con el slide y la batería candentes. La segunda es un medio tiempo más pulido pero igual de emocional en el jirón visceral. La entrada se completa con la luz de los coros festivos de “Gran Cañón”, con cierto gusto a algunas maneras de La MODA y similares.

Más interesante me parece “Los Subtítulos De Dios”, tanto por la narrativa como por la intensidad de un estribillo sobresaliente. “Las Gafas De Los Funerales” acentúa la presencia de las teclas ya apuntadas en la predecesora y firma un desarrollo más clásico aunque bien hilvanado para otro texto vívido y apasionado, mientras que “La Sonrisa Del Artista” apunta a balada con empaque de swing, modernizado con algunos sintes y con ese break de coros elevados.

“A Menudo Pienso En Ti” vuelve al tempo pautado del folk más animoso y “Después Puede Que Sea Tarde” con la fórmula de los coros melódicos abiertos y bulliciosos que podrían pertenecer a una banda de prime time festivalero. “Discutimos Por Alguna Tontería” tira de rima esdrújula en el estribillo (siempre a favor) en la más ‘armada’ de la lista, “Pase Lo Que Pase” explota el tempo de ‘road song’ y el cierre al primer salón lo echa “La Rana En El Fondo Del Charco” con voz más cruda e intensa y con apenas el acompañamiento de acústica y leve percusión.

En el segundo, visitamos las canciones de títulos de cuadros impresionistas y “Acuchilladores De Parquet” de Caillebotte es la primera y combina la fragilidad semi acústico con alguna eléctrica y cierto aire mediterráneo en las rítmicas del fraseo. “El Beso De Toulouse Lautrec” sigue la senda de mayor corporeidad con una batería más corporal y entera. Otro medio tiempo bamboleado y creciente que tan bien le sientan al tocayo Robles. Un sauce llorón y la hoguera de mis miedos hacen presencia en “Niños En La Playa” (Sorolla) con una base rítmica movediza y dinámica.

“Los Tejados Rojos” de Pissarro regala uno de los estribillos más rotundos y perfectos de la lista, “Muchacha Al Piano” (Cézanne) hace honor a su imagen y presenta un corte con marcha de piano bar, farándula y vis cómica, mientras que “2 De Noviembre” se aproxima desde las teclas  a un sonido más cercano al rock americano. Por su parte, “Atardecer En Venecia” evoca la cadencia del vals arrancherado de vieja escuela, con algunos versos, quizá, en el punto a medio camino entre Sabina y Rulo.

De Monet a Renoir, “Baile En Bougival” parece ser un juego para lograr un texto desenfrenado al carpe diem de vicios terrenales –como el cuadro- pero, eso sí, desde un gusto poético y no del reggaetonero medio: «tú y yo sudando como perros por culpa del amor, / tú y yo heridos por la bala del mismo corazón». “Vestido Rosa” (Bazille) nos acerca con un desencantado canto de incertidumbre y volatilidad a la salida, que culminará ‘Inundación En Port-Marly” (Sisley), con el corazón («aguanta corazón») intentando mantenerse a flote en la cadencia del tic-tac del sístole-diástole.

El tercer y último bloque es el de la canción de 26 minutos “Monomanías Perdidas de T. Gericault”, que se arranca evocando el “carcelero cuanto queda” de condena cual Robe en “Mi Espíritu Imperecedero” de Extremoduro y también «se ha desbocado la primavera» como en “Puta”. La canción se llena de pasajes recitados –alguno especialmente doloroso-, rupturas y capas más o menos intensas y saturadas de sintes, y un talento desbordante y muy inspirado.  Para aumentar la sensación de locura o tormento interior, también encontraremos voces y coros, sonidos de ambiente y mar, referencias culturales del cine a la pintura, nanas y mucho más hasta la salida entre la balada redentora de iluminación final y psicodelia casi floydiana. Un viaje en toda su expresión.

Lista de canciones – tracklist:

Disco 1:

  1. El Salón Oficial (Intro)
  2. No Te Pido Que Perdones A Este Idiota
  3. Evidentemente Mientes
  4. Gran Cañón
  5. Los Subtítulos De Dios
  6. Las Gafas De Los Funerales
  7. La Sonrisa Del Artista
  8. A Menudo Pienso En Ti
  9. Después Puede Que Sea Tarde
  10. Discutimos Por Alguna Tontería
  11. Pase Lo Que Pase
  12. La Randa En El Fondo Del Charco

Disco 2:

  1. El Salón De Los Rechazados (Intro)
  2. Acuchilladores De Parqué
  3. El Beso De Toulouse Lautrec
  4. Niños En La Playa
  5. Tejados Rojos
  6. Muchacha Al Piano
  7. 2 De Noviembre
  8. Atardecer En Venecia
  9. Baile En Bougival
  10. Vestido Rosa
  11. Inundación En Port Marly

Disco 3:

  1. El Salón De La Locura (Intro)
  2. Monomanías Perdidas de T. Gericault

Publicado el abril 1, 2026 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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