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Miguel Ríos – El Último Vals
Hace ya tiempo que entendí que lo malo de envejecer no es te cueste más recuperarte de la resaca. Ni que la piel se vaya cuarteando. Ni siquiera que cueste más tiempo conseguir los objetivos de ejercicio que antes se recuperaban en dos semanas. Ni que el espejo devuelva a veces un futuro proyectado irremediable hacia algo que, todavía, queremos evitar. No. Lo peor del paso del tiempo es que las personas que son mayores que tú –tomemos todavía como desgracias imprevisibles la pérdida de coetáneos y menores a nosotros- empiezan a irse como un goteo incesante. Pasa con la familia, con esas personas que ya estaban antes que tú y que un día se caen del puzle. Y, en lo artístico, nos toca verlo en entrenadores, en actores, en músicos y artistas que nos han marcado en mayor o menor medida por la autenticidad de su mensaje, por el enganche a sus canciones, por los momentos vividos… Se nos ha ido hoy Jorge Martínez de Ilegales y el dolor es inmenso en el mundo del rock. Mis redes sociales se han inundado de fotos con el gigante Jorjón, siempre dispuesto y presto, al servicio, alerta. Como ha bromeado mi querido Michel de Canallas / Stafas, «nunca sabías si iba a darte una hostia o un abrazo». Hoy, que la pena es grande (tuve cortas pero intensas coincidencias con él, siempre me apreció por ‘apoyar’ su trayectoria al margen de Ilegales), aunque su legado sea indiscutiblemente eterno (es increíble lo punk, lo rockero y lo buen guitarrista que era con tan poca distorsión y con tan buen uso del silencio). Hoy tenía programado publicar sobre El Último Vals de Miguel Ríos, pero no hay fuerza para mucho. Y no es que crea en el destino pero, desde luego, parece una vuelta de tuerca. Os comparto las palabras que nos hizo llegar la agencia de Miguel sobre el álbum. Hoy enjugamos lágrimas pero no cabe duda de que somos muchos los que tenemos claro que moriremos en acto de servicio. No queda otra.
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