Jabi Izurieta – Las Luces Del Barro

Con el sello de calidad que siempre suele garantizar el respaldo de la discográfica de El Dromedario Records, Las Luces del Barro es el cuarto trabajo discográfico de estudio de Jabi Izurieta. El músico pamplonés lleva varios años en esa árida senda del rock de autor con absoluta, innegable y asumida querencia por la música americana. Nada que objetar a ello, si bien eso sitúa el listón a una altura compleja, ya que no es un género sencillo de por sí, más aún trasladarlo al castellano y, más todavía, que suene con la credibilidad necesaria para no caer en la impostación, que acaba derivando en el ridículo. Pero nada de eso pasa en Las Luces del Barro, tampoco en sus entregas anteriores. Un incipiente Aeropuertos Urgentes, un sólido Maldito Invierno y un notable Claudia & Costello. Ya casi van diez años dedicados a su carrera en solitario (antes había formado parte de Berri Drivers) que además ha ido puliendo en los textos gracias a sus ejercicios poéticos publicados y reunidos en dos libros, Desde Mi Rincón y Salitre En Piel. Con este bagaje y surcando ya sin miedo la década de los cuarenta, Izurieta firma en este álbum su disco definitivo, con el que debería encontrar su sitio entre los nombres que prontos nos vienen a la cabeza. Por calidad no será. Sobriedad, autenticidad, arreglos que apuestan por el menos es más. Lo bonito que es cantar por necesidad expresiva y no por ambiciones que nada tienen que ver con la música.

Las Luces del Barro se grabó en  Country Q Studios & Phase 2 de Nashville (denominación de origen clara para lo que se pretende) y fue mezclado y masterizado en Estudios Aberin por Leyre Aranguren e Iñaki Llarena, de quien tan bien hemos hablado en esta caso con frecuencia. Para grabarlo, Jabi Izurieta, vocalista y encargado de hacer sonar guitarras eléctricas, acústica, piano y armónica, se acompañó de Jarret Jonhson, a las guitarras eléctricas; Jeremiah Bivins, a la batería y a la percusión; Dave Roe, al bajo; Jess Justice y Jayson Chance, a los coros, así como de los ya citados Leyre Aranguren (teclados y coros) e Iñaki Llarena, quien aportó bajo, guitarras, teclados y coros.

El disco es de esos que van cortos y al pie. Ocho temas, sin rellenos ni largos desarrollos innecesarios. ‘Ramos De Cicatrices’ es una excelente presentación, donde encontramos casi todos los elementos identificadores de su sonido. Percusión cálida aderezada de organicidad, su suave slide, bellas rítmicas, bonitas teclas y una voz que narra con la calma del que sabe que ya ha llegado el momento de decir basta, “Hoy tengo que decirte que no puedo seguir así. Ramos de cicatrices, barro en el corazón y no lo perdono esta traición”, aunque para ello tenga que tomar distancia. Pero el problema, claro, es cuando en el fondo se es consciente de que ‘Los Labios Arden Demasiado’, un country rock de ágil rítmica que continúa con la historia (“yo ya me he ido, soy un desierto de piel y hueso, reducto de tus manos”). Los coros ponen a la luz a la canción, como las luces amarillas al pueblo imaginario. De lo mejor del disco.

‘Hice De Tripas Corazón’ da otra vuelta de tuerca a las letras confesionales… “Fui un patriota de ti”. Más fango y vísceras para otra sensación de eterna huida, mientras la quietud de los sentimientos impiden dar por cerrado nada. Reposada y reflexiva (más), ‘En Esos Días’ mece entre slide en una balada con formas de medio tiempo con un delicioso y sutil crescendo musical que refuerza el sentimiento épico, siempre en parámetros de sencillez.

Con sonido de darle la vuelta al vinilo, puesto que así empezaba también ‘la cara A’, ‘El Declive’ y ‘Déjalos’ pasan por ser los corte más rockeros y de golpeo más directo del álbum. Cierta afección sureña y efectismo en la eléctrica, delay mediante, para darle un tono urgente y grave, bien traído con la diferencial mezcla de la voz, en el caso de ‘El Declive’. Mientras que para ‘Déjalos’, la guitarra principal rezuma esencia de querencia bluesera, eso sumando al músculo rítmico y, de nuevo, unos coros cirujanos, la convierten en la canción más poderosa en fuegos artificiales de todo el conjunto.

Llámame’ ejerce su labor diferencial gracias a ser el corte en el que mayor preponderancia de teclas encontramos, lo que le da un punto lumínico y concluyente al unísono. La canción pasa por ser también la de mayor riesgo e intensidad vocal, como una llamada de socorro: “llámame, no he muerto todavía, aún sigo en pie”. La despedida nos llega de la mano de ‘Mírame’. Un tema más frágil todavía, con arreglos mínimos, con apenas una guitarra principal y una armónica como protagonistas, además de los magníficos coros. De brújulas y miradas hacia el andén final.

Un álbum con el que aislarse y que gratifica en su ausencia de pretensiones. Solo hay que sacarlo del barro y dejarse llevar.

Lista de canciones – tracklist:

  1. Ramos De Cicatrices
  2. Los Labios Arden Demasiado
  3. Hice De Tripas Corazón
  4. En Esos Días
  5. El Declive
  6. Déjalos
  7. Llámame
  8. Mírame

Publicado el octubre 22, 2020 en Críticas Discos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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