Rosalía – Lux

Siento aportar un grano de arena más a la sobreexposición que se viene produciendo desde la publicación del cuarto disco de Rosalía pero comprenderán que después de haber roto aquí sendas lanzas (pese a algunas chanzas) con reseñas sobre El Mal Querer y Motomami (por cierto, bastante respaldadas, incluso por la propia artista con mensajes privados a través del viejo Twitter) no haga lo propio con este Lux que viene, por otra parte, a refrendar bastantes impresiones de futuro comentadas en dichos artículos y en el del Estreno mundial de Motomami Tour, que tuve el azar de contemplar. Y al igual que cuando se tiene una zona irritada cualquier roce molesta, comprendo que la sobrecarga de estímulos sobre un tema que a alguien no le interese pueda provocar rechazo, pero desde luego que no justifica esa oleada reaccionaria de hate que tiene nula argumentación en la mayoría de casos. ¿Significa eso que te tenga que gustar el disco por narices? Claro que no. Pero si lanzamos bilis a una artista de 33 años (edad de crucifixión) que ha estado trabajando tres en un álbum, que a su vez representa un ejercicio nada acomodaticio y con una importante dosis de riesgo y valentía –seguir la vía urbana para hacer caja le hubiese sido igual de rentable, quizá más-, que sigue defendiendo el concepto de disco como unidad narrativa, que pese a aquellos que hablaban del apocalipsis de los instrumentistas ha contado con más de un centenar de músicos para la grabación y que, además, da un giro de tuerca –aunque sea con solo plantearlo- a la perversión iconoclasta de nuestro tiempo para mirar un poco al interior (con fe o sin ella)… ¿Qué hacemos con quienes no aportan nada? Y, dicho todo esto, tampoco voy a caer en la beatificación. Ni es la primera en hacer discos por movimientos, ni en usar recursos líricos, orquestales y operísticos en un disco pop, ni muchas otras tantas cosas. Adelante (si quieres).

Con la libertad que me permite la extensión libre voy a ir apuntando pensamientos sin un guion establecido.

Tengo la fortuna de tener músicos y artistas de distintos ámbitos artísticos en mis redes y contactos por lo que por mi timeline pasan opiniones diametralmente opuestas, a veces regadas con cierta envidia (músicos cuya fervorosa propuesta no ha calado en medios o sellos discográficos y que ‘culpan’ del éxito al dinero invertido en publicidad), otras de esa soberbia clásica –nunca mejor dicho- en gente del lírico que mira por encima del hombro lo apuntado aquí por Rosalía en temas como “Mio Cristo Piange Diamanti” o “Berghain”, otros rockeros que apuntan a que eso de dividir un disco en movimientos ya lo había hecho Extremoduro en La Ley Innata como si mi querido Robe, entonces mano a mano con Iñaki, fuese el primero… En fin, como digo, consideraciones de poco fuste. Que no te gusta, bien -yo tampoco creo que todos los temas estén al mismo nivel-, que esos argumentos no tienen sustento, también. (Cito esos pocos por no alargarlo más).

Decía arriba que, en cierta medida, ‘todo se ha hecho ya’. Y es cierto. Los metaleros saben bien que el power metal sinfónico ha usado desde siempre esos coros sinfónicos explosivos de “Berghain”. Quien conoce la discografía de Camarón de la Isla sabe que esos acordes descendentes de violín y viola como los de “Reliquia” (hay más) ya estaban en el disco Soy Gitano, donde colaboró la Royal Philharmonic Orchestra, la orgía entre las cuerdas de Beethoven y el piano de Mozart en “Porcelana”, el tumbao con el contrabajo jazzístico y sincopado de “Dios Es Un Stalker” es habitual de formaciones latinas de club, lo oriental de “La Yugular”, o la deliciosa “Sauvignon Blanc”, o esa fusión entre Chopin y Quintero, León y Quiroga de “Sexo, Violencia y Llantas”.  

Si nos vamos a lo operístico, sin necesidad de irnos más atrás, Violeta, una artista salida de la hornada de OT de 2023, ha publicado este año un primer disco inspirado en la ópera ‘La Traviata’ (la protagonista tiene el mismo nombre, sus padres la llamaron así por ser entusiastas de la obra) a partir de códigos actuales, conviviendo el reggaetón, el bolero, el house y, a veces, algo de lírico.

El vals arrancherado de “La Perla”, el homenaje a la Niña de los Peines en la petenera “Nuevo Mundo” (muy El Mal Querer, como los siguientes tangos en “De Madrugá”), la rumba deconstruida de “La Rumba del Perdón” –de fantástico texto-, el fado grácil y volátil de “Memoria”, el toque de coros Enya en la despedida… Todo tiene un vínculo, un pasado, una raíz, un origen. Insisto que el mérito aquí está en atreverse a hacerlo, como Dylan se atrevió a darle distorsión a su canción de autor contra los fundamentalistas de la pana, o Roberto Iniesta perdió el miedo a jugar con otras músicas e instrumentos… O Camarón y después Morente se hicieran La Leyenda del Tiempo y Omega. ¡Eppur si muove!

Hay muchas cosas que aplaudirle a Rosalía con este Lux –y muchas de ellas ya estaban desde los comienzos-. Por ejemplo, ya dicho, mantener el disco como concepto (que diría León Benavente). La muerte y el duelo en Los Ángeles, el maltrato en El Mal Querer, la libertad femenina en Motomami, y lo místico-introspectivo desde un punto de vista contemporáneo en este Lux. Y todo ello universalizando una mirada de género que entra en la proclama más explícita en contadas ocasiones, pero claras. En este caso en esa “La Perla” o en el humor corrosivo de “Novia Robot”, muy apropiada para la reciente polémica con las muñecas de Temu.

Hay que aplaudir el afán de indagación y búsqueda a la hora de crear en torno a un concepto. Lo hizo en El Mar Querer con la novela del siglo XIII y lo ha vuelto a hacer ahora con la santidad o relevancia en el pensamiento de algunas mujeres en diferentes países, religiones y culturas a lo largo de los siglos, lo que a su vez ha hecho que en el disco cante en hasta catorce idiomas (castellano, catalán, inglés, italiano –se incluye el siciliano-, francés, portugués, árabe, chino mandarín, japonés, ucraniano, alemán, hebreo y latín).

Se ha atrevido a ofrecer a un público masivo un cambio inesperado de la yuxtaposición rítmica y más sintética de Motomami a uno más coral, reposado y orquestado, primando la ambición de la creatividad a las leyes del mínimo esfuerzo. ¿Hubiese pasado a la posteridad un Motomami 2? No. Sin embargo, desde su posición, en la que se ha ganado un respaldo innegable, sí que lo consigue con Lux, con colaboraciones en las que ha primado más el concepto artístico que el rendimiento inmediato: Guy-Manuel de Homem-Christo de Daft Punk –que sublima con sus hechuras la primaveral vivaldiana de “Reliquia”-, Björk, Yves Tumor, Yahritza y Su Esencia, Estrella Morente, Sílvia Pérez Cruz, Carminho, el coro de la Escolanía de Montserrat, el Orfeó Català o la mencionada Orquesta Sinfónica de Londres.

Rosalía se confirma en Lux como una artista de largo recorrido –no de moda-, capaz de girar donde nadie se lo espera y seguir sorprendiendo a compañeros de profesión de cualquier estilo o circuito. Cuatro discos, cuatro mundos, una voz reconocible… Que, por cierto, me río desde el primer disco de quienes consideran que no sabe cantar -¡!-, quizá confundiendo el que no les guste su tesitura o sus giros -como hay quien no soporta la impecable voz de un cantante de heavy metal dando un grito afilado de quince segundos o a un cantaor de flamenco retorciéndose en la silla con las venas y el cuello como una botella de vino-.

Voy tachando muescas para que llegue el día en el que, entre los giros y sorpresas, sea capaz de hasta meterse en descerrajar un disco de rock.

Sea como sea, que se calle el ruido que no construye y dejemos a los creadores… crear cosas tan bellas como la despedida mortuoria hacia la esencia estelar de “Magnolias” que cierra este Lux. Un disco de diez.

Más de Rosalía en RockSesión:

Rosalía. Estreno de Motomami Tour. Almería. 6 de julio de 2022

Rosalía – Motomami

Rosalía – El Mal Querer

Lista de canciones – tracklist:

  1. Sexo, Violencia y Llantas
  2. Reliquia
  3. Divinize
  4. Porcelana
  5. Mio Cristo Piange Diamanti
  6. Berghain (con Björk e Yves Tumor)
  7. La Perla (con Yahritza y Su Esencia)
  8. Mundo Nuevo
  9. De Madrugá
  10. Dios Es Un Stalker
  11. La Yugular
  12. Focu ‘Ranni (solo edición física)
  13. Sauvignon Blanc
  14. Jeanne (solo edición física)
  15. Novia Robot (solo edición física)
  16. La Rumba Del Perdón (con Estrella Morente y Sílvia Pérez Cruz)
  17. Memoria (con Carminho)
  18. Magnolias

Publicado el noviembre 12, 2025 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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