Loquillo y Ciclonautas. Almería, 16 de octubre
Una noche de rock siempre es bien recibida en cualquier época del año pero es verdad que de la de ayer había especiales ganas por diversos motivos –quizá el impulso necesario para finalizar ‘mi parte’ en lo que respecta al tercer libro y ver la luz a unas semanas un poco convulsas, de nuevo, por diversos motivos. Que a Ciclonautas le tenemos ley en esta casa es algo que saben los más viejos del lugar desde que el primer videoclip del grupo (“¿Qué Tal?”) me volara la cabeza allá por 2014. Una banda agradecida cuando se le presta la atención cuidada y merecida para entrar en su poderoso mundo propio. Eran los encargados de abrir la velada para la actuación estelar de Loquillo y los suyos. Camino de los cincuenta años sobre las tablas, Loquillo jamás entendió de medias tintas y aquello de la polarización de lo que se viene hablando ya lo lleva su figura desde que su tupé apareció sobre un escenario. Lo cierto es que a la edad a la que Rosendo decidió jubilarse (65 clavaítos, como la bachata), el Loco sigue mostrando un directo en el que no hay motivo para la complacencia por la edad o el paso del tiempo. Con el mismo porte, fiereza y clichés que se le conocen, disfrutando de una etapa en madurez como su admirado Johnny Halliday -hasta los pantalones de ayer eran ligeramente acampanados-. Noche sobria; fea, fuerte y formal, que decidí vivir como ‘soldado raso’ (sin ir acreditado por Crash, Cultura o RockSesión –de ahí las fotos cazalleras-), desde el tendido… En la diatriba mental de saber si seguimos en el camino correcto. Salud. Y rock and roll.
Empezaremos dando ‘un palito’ a quien competa, ya que por todas partes se podía ver que la apertura de puertas estaba prevista a las 20.00 horas y el inicio a las 22.00 horas. Solo en la web de Crash y Cultura se podía ver que Ciclonautas empezaban a las 20.45 horas, pero no así en Siente La Plaza ni en el resto de webs ni siquiera en la entrada. Además, resulta que empezaron a las 20.30 horas por lo que muchas personas llegaron con el concierto empezado y otras hasta se llevaron una sorpresa viendo que a las 22.00 horas salía directamente Loquillo.
Ajeno a todo esto, el trío ciclonáutico formado por Alén Ayerdi (gracias siempre) a la batería, Mai Madina a la voz y guitarra y Txo Pintor al bajo salió con las ganas de siempre por arrasar con esa mezcla de rock pesado con purpurina, de aguardiente estiloso, riffs y progresiones que bien podría firmarte cualquier banda internacional de flashes y fanes de early entry y todas esas cosas. Siguen siendo como ese vino cojonudo, que nada tienen que envidiar a los que copan premios y revistas, pero que cuesta diez veces menos. Por un lado te alegras de que pocos lo sepan pero hay momentos en los que te jode que ‘la bodega’ no vea reconocida su calidad al precio merecido y… justo.
‘En mi espacio sideral’ y ‘El sol’ abrieron la veda. Contar con tres instrumentos y su pericia permite disfrutar de pequeños detalles que en otros formatos quedan un tanto fagocitados. Ahí queda esa variación rítmica de la batería durante el solo de ‘El sol’, por ejemplo. O esa densa y lenta progresión de ‘Banderas Negras’ que llegó tras ‘Bombo Sicario’ y ‘Chinche Verde’, corrosiva como el primer día, por cierto.
Se disfruta también ese homenaje velado al ‘No one knows’ de Queen Of The Stone Age de ‘Mi estupidez’ o el ‘pelos de punta’ inicio de ‘Eterno Aprendiz’. Tras el recuerdo a los seres queridos ausentes de ‘Huellas’, llegó un gran solo de Alén, a lo que Mai replicó tras ‘El animal’, evocando sus inicios en España desde la localidad almeriense de San José. Para el triplete final las habituales y triunfantes ‘Dale Al Play’, el citado ‘¿Qué Tal?’ y ‘Bienvenidos Los Muertos’, ya con el foso y la grada mucho más concurrida. Una hora de actuación de lo más gozosa.
Repertorio – Setlist:
- En Mi Espacio Sideral
- El Sol
- Bombo Sicario
- Chinche Verde
- Banderas Negras
- Mi Estupidez
- Eterno Aprendiz
- Huellas
- El Animal
- Dele Al Play
- ¿Qué Tal?
- Bienvenidos Los Muertos
Con cinco minutos de cortesía recogía el testigo Loquillo y los suyos: Laurent Castagnet a la batería, Álvaro Alcalá al bajo, Germán San Martín a las distintas teclas y Josu García e Igor Paskual (siempre un honor, compañero) a las guitarras. Limpias sus giras de grandes recintos al aire libre de la extensa parte del repertorio de poetas y habiendo sido su último disco de estudio un ‘grandes éxitos’ de colaboraciones de lujo con ese ‘Corazones Legendarios’, Loquillo tiene en esta gira la puerta abierta, más que nunca, a jugar con el amplio abanico de opciones de su repertorio de éxitos, lo que no significa que todos fuesen de la época Troglos, ni mucho menos.
Loquillo es un buen ejemplo sobre cómo hacer convivir lo de siempre con sangre fresca pero, claro, para que no se note el cambio lo nuevo no debe desmerecer y es ahí donde reside lo meritorio de un artista al que se le podrán achacar muchas cosas en función del criterio –no siempre atinado- de cada cual, pero no le puede restar ni un ápice su capacidad para estar al frente y liderar a un equipo. Y no importa ni la compresión de su micrófono ni si alguna vez parece ir algo fuera de tempo o si frases del tema más melódicas que otras. Las canciones y la puesta en escena son tan poderosas que, salvo que sientas fobia, hay que dejarse llevar por su mundo.
La urgencia de ‘Las Calles de Madrid’, el desafiante ‘Línea Clara’, la añeja ‘María’ o el country mesiánico de ‘Creo En Mí’ junto a la versión más distorsionada de ‘El Hombre De Negro’ completaron el quinteto inicial. Con brillo de teclas y citando a Jorge Luis Borges con aquello de que “uno no es uno sino la memoria de todos los lugares en los que hemos estado” el siguiente bloque haría parada en las más recientes ‘Los Buscadores’ o la ranchareada ‘Salud y Rock and Roll’, con paradas sobrias intercaladas en la maravillosa ‘El Hijo de Nadie’, el recuerdo a Halliday en ‘Cruzando El Paraíso’.
Un bloque central bien compensado con el eterno medio tiempo de ‘El Rompeolas’, la declarativa ‘Memoria de jóvenes airados’ o ‘El Último Clásico’ –última concesión contemporánea- levantaron la barrera hacia la escalada final. Que se inició con el Loco en el foso, saludando al público mientras se desplegaba la cruenta ‘Carne Para Linda’, que tuvo una excelente continuación con la revitalizada ‘Rey del Glam’, donde Igor Paskual adquiere siempre un protagonismo especial. “Se conoce a los ganadores en la línea de salida”, proclamó el Loco antes de recordar que cantó ‘Rock and Roll Star’ por primera vez en diciembre de 1979, antes de que empezara todo.
Para los bises todavía quedarían cinco temas más. Teclas sintéticas a lo The Who calentaron el manto sonoro para la efectista y efectiva ‘Rock and Roll Actitud’. Después, tras un escarceo al bajo por la copla de ‘Ojos Verdes’, llegaría una endurecida y contundente ‘La Mataré’ que, de tan abotargada provocó algún que otro ‘derrape’ en los tempos y las entradas. Pecata minuta. ‘Ritmo de Garaje’ y su juego temporal entre “tu madre no lo dice” y “tu hija no lo dice” –en unos años tocará decir “tu nieta no lo dice”… Como aquello de Serrat con lo del “hace veinte años que digo que hace veinte años que tengo veinte años”-, la esperada y catártica ‘Feo, Fuerte y Formal’ y una sobresaliente ‘Cadillac Solitario’ –quizá entra en el podio de las veces que le he visto cantarla-, con gran solo de Igor, pusieron el broche final para despedirse con la festiva ‘Al Calor del Amor En Un Bar’ a pie de escenario. Trabajo bien hecho.
Repertorio – Setlist:
- En Las Calles de Madrid
- Línea Clara
- María
- Creo En Mí
- El Hombre de Negro
- Los Buscadores
- El Hijo de Nadie
- Salud y Rock and Roll
- Cruzando El Paraíso
- El Rompeolas
- Memoria de Jóvenes Airados
- El Último Clásico
- Carne Para Linda
- Rey del Glam
- Rock and Roll Star
- Rock and Roll Actitud
- La Mataré
- Ritmo de Garaje
- Feo, Fuerte y Formal
- Cadillac Solitario
Publicado el octubre 17, 2026 en Actualidad y etiquetado en Ciclonautas, Crónicas Conciertos, Loquillo. Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.








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