Darkness on the edge of town. Springsteen en el corazón de la tormenta. Julio Valdeón
Suma y sigue la Colección Elepé de Efe Eme, a la que es muy fácil engancharse con solo ver la relación de discos analizados en los diecinueve editados bajo esta etiqueta hasta la fecha. Libros que analizan álbumes irrepetibles, quizá alguna vez igualados por sus propios autores pero nunca superados, cada uno por sus motivos que se analizan, convenientemente, en el interior de cada volumen.
Por aquí han pasado Miguel Ríos (Rock & Ríos), Joan Manuel Serrat (Mediterráneo), Pata Negra (Blues de la frontera), Joaquín Sabina (19 días y 500 noches), Loquillo (Balmoral), Extrechinato y Tú (Poesía básica), Alaska, Luis Eduardo Aute (Entre amigos), Christina Rosenvinge (Que me parta un rayo), Fleetwood Mac (Rumours), Bob Dylan (Slow train coming), The Who (Quadrophenia), Family (Un soplo en el corazón), Siniestro Total (¿Cuándo se come aquí?), Elvis Presley (From Elvis in Memphis), Héroes del Silencio (Avalancha) y The Clash (London Calling) al que se ha sumado el libro que nos ocupa, este Darkness on the edge of town. Springsteen en el corazón de la tormenta de Julio Valdeón, a quien ya ‘criticamos’ en el libro coescrito con Juan Puchades, Inventario, sobre Sabina.
Si allí entonces se antojaba algo comedido, reconozcamos que aquí se deja llevar por su pasión y devoción por Springsteen, a veces tan gratuitamente endiosado como minusvalorado, según el lado en el que miremos, por parte de la clac sin argumentos sólidos. Valdeón los tiene –los argumentos- y los comparte en un libro que analiza un punto de inflexión fundamental en la carrera de Bruce.
Darkness on the edge of town es el disco con el que Bruce Springsteen, en 1978, consolidó su mundo, su sonido y, sin duda, su leyenda. Diez canciones sobre las que pivotaría el resto de su obra. Publicado después de la consagración que supuso Born to run, llegó tras la traumática ruptura con su antiguo mánager y el consiguiente juicio, que mantuvo a Springsteen sin editar material nuevo, malviviendo de los directos. El resultado de este periodo de tres años fue una obra rotunda e incuestionable que clausuraba las fantasías adolescentes de sus primeros elepés para definir su nueva escritura, nos sitúa su sinopsis.
A quienes nacimos en los ochenta nos cuenta todavía ser conscientes de que no hace veinte años de aquello. Este álbum, publicado dos años antes, se aproxima a 50 añazos de vida y reescuchado hoy uno todavía no pierde la capacidad de sorpresa sobre las relatividades del tiempo. Muchas de estas canciones han sido fijas en sus repertorios pero, con todo, he querido hacer el ejercicio antes, durante y después de la lectura del libro.
“Badlands” tiene una de esas hechuras que acabarán siendo clásicas con su banda y será uno de los pocos momentos en los que Clemons tendrá un papel solista en un disco que fue ‘difícil’ para él, todavía más viniendo de salir en la portada de Born To Run. “Adam Raised a Cain” suena feroz en un su iracunda ascendencia de blues, tan acerada que por momentos hasta bordea el heavy a lomos de las escalas pentatónicas.
“Something In The Night” es una balada con un manto de teclas embaucador y “Candy’s Room” hace honor al nombre presentándose como un caramelo que hace de su obstinada melodía circular el leitmotiv de sus no llega a tres minutos. “Racing In The Street” es una epopeya entre la derrota, el desencanto, la ilusión y las cartas marcadas para perder que todavía suena dura pese a sus formas terriblemente bellas.
“The Promise Land” sigue con esa cicatriz de encrucijada en la que alguien se cuestiona de forma retórica sobre qué puede salir mal si uno se esfuerza y trabaja duro para conseguir su tierra prometida. Aunque las sombras se sienten y palpan en toda la canción, ese atisbo de luz que dibuja la canción se siente hoy algo bisoño, entre agilidad folk entre armónicas y solo de saxo. Más clase trabajadora para “Factory”, lineal como los días idénticos en la fábrica y más mentiras y ojos cansados para la serpenteante y sinuosa “Streets Of Fire”.
Un rock and roll desenfadado es lo que pretende “Prove It All Night”… al menos en las formas, porque los protagonistas no salen ni del trabajo duro ni de la situación excepcional que es para ellos tener una noche distinta, donde la carretera sigue marcando las guías. Hasta cerrar con la homónima “Darkness On The Edge of Town” que es a la vez piedra Roseta y denominador común de un disco tan cargado de oscuridad como de luz para encontrar una forma expresiva.
De todo ello da buena cuenta Julio Valdeón, que va mucho más allá, adentrándose en The promise, que en 2010 recogía gran cantidad de canciones descartadas del disco original. Lejos de limitarse a reeditar el texto descatalogado de 2009 (American madness: Bruce Springsteen y la creación de Darkness on the edge of town), la presente edición lo reescribe, actualiza y amplía radicalmente, incorporando todo el caudal de información que ha aflorado desde entonces. Incluye entrevistas a personalidades claves del entorno de Springsteen, como su primer biógrafo, Dave Marsh; su mánager, Jon Landau, o los fotógrafos Frank Stefanko y Eric Meola, entre otros muchos.
Julio Valdeón ilumina también las influencias literarias y cinematográficas junto con el contexto personal y biográfico, histórico y político que posibilitó la creación del disco. Un salto fundamental en su carrera teniendo en cuenta su delicada situación contractual y su delicada convivencia consigo mismo a cuenta de los críticos que le acusaban de ser poco menos que un producto en Born To Run. Después llegarían más crisis, como la que se narra en Springsteen: Deliver Me From Nowhere, de Warren Zanes, de la que salió película el pasado año. La fragilidad del artista a veces es cierta, sí.
Cierro recuperando una adenda personal. No tengo muy claro lo de creer en el destino. Como el reloj roto, que da la hora bien dos veces al día, hay ocasiones en las que sí, hay otras tantas en las que no. El caso es que el nombre de Bruce Springsteen siempre irá ligado a mis recuerdos musicales de la infancia, gracias a mi hermano, diez años mayor que yo y quién sabe si ese veneno tiene la culpa de que yo acabado más enfermo que él por el rocanrol. De pequeño, recordaba pasármelo en grande viendo los vídeos que él ponía en la tele, haciendo los bailes de Cadillac Ranch, llamando ‘el tesoro’ al magnífico triple disco en directo (cinco vinilos) de 1975 a 1985. Mi hermana, dos años menor que él, ocho años mayor que yo, pasaba por allí y se unía a la fiesta.
Para mi triunfo el día que me quede poco para ‘estirar’ la pata, recordaré con satisfacción, como ya hago, que la primera vez que vi a Springsteen en directo fue con él, en La Peineta, en 1999 (yo con 18), y que la segunda fue justo diez años después, en 2009 y con ella, en Benidorm. La cuadratura del círculo. Una bella coincidencia que completa con justicia los magníficos recuerdos de épocas que no volverán.
Lista de canciones – tracklist (de la versión original de 1978):
- Badlands
- Adam Raised a Cain
- Something In The Night
- Candy’s Room
- Racing In The Street
- The Promise Land
- Factory
- Streets Of Fire
- Prove It All Night
- Darkness On The Edge of Town
Publicado el enero 27, 2026 en Libros y etiquetado en Bruce Springsteen, Darkness On The Edge of Town, Efe Eme, Libros. Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.





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