Conversaciones Ilegales. Edición definitiva
En 2019 se publicó este libro de conversaciones entre Jorge Martínez, de Ilegales, y Carlos H. Vázquez. Un volumen necesario por la naturaleza de la propia persona y personaje del músico que nos dejó el pasado 9 de diciembre, un día antes que Robe. Menudo fin de año. Jorge también dejó un gran vacío en el mundo del rock. El gigante Jorjón, siempre dispuesto y presto, al servicio, alerta. Como bromeó aquel día mi querido Michel de Canallas y de Stafas, «nunca sabías si iba a darte una hostia o un abrazo». Con Jorge tuve mucha menos relación personal y directa que con Robe, pero me quedará que tuve cortas pero intensas coincidencias con él y que siempre me apreció por ‘apoyar’ su trayectoria al margen de Ilegales con Los Magníficos, donde revivió el espíritu de las orquestas de los años 50. Su legado es indiscutiblemente eterno. Es increíble lo punk, lo rockero y lo buen guitarrista que era con tan poca distorsión y con tan buen uso del silencio. Dado que la reedición del debut homónimo de Ilegales en 2022 con motivo de su 40º aniversario y la publicación de Joven y Arrogante en 2025 motivaran sendas nuevas entrevistas con el autor y que el libro de 2019 estaba descatalogado, Efe Eme recupera el texto original, limpio de prólogos y firmas invitadas, añadiendo esas dos nuevas entrevistas que, de alguna manera, presagian una despedida no implícita, y regala más lucidez a las opiniones de siempre. Incluso de manera visionaria en lo que tiene que ver con el control geopolítico de guerras de hoy. Os dejo, pues, las impresiones revisadas que me dio la lectura del libro.
Reseña ligeramente apostillada de entonces.
Aunque devoré el libro en apenas día y medio en la Semana Santa de 2019, me guardé la crítica para un día festivo, el Día del Trabajador, 1 de mayo. El día en el que nació Jorge María Martínez García, Jorge Ilegal para el mundo del Rock con mayúscula. En unos tiempos en los que todo lo artístico se prefabrica con moldes de éxitos vacuos, leer a Jorge, siempre sin morderse la lengua y entrando a todas las bregas (como ha hecho siempre) reconstituye con el espíritu romántico de los que siempre soñamos en la adolescencia con ser putas estrellas del rocanrol. Un rol que tiene un mucho de arrogancia. Pero uno puede ser arrogante con conocimiento de causa y mucho de seso, o ser un bocachancla de la astracanada declaratoria que luego se desdice, o que busca el titular y el ruido sin base intelectual que le dé una base (ponga el lector los ejemplos que quiera a estas posturas tan fácilmente identificables). Si al poder del personaje y el artista (porque las fronteras, como en tantos otros casos, son estériles) les suman la capacidad para escuchar y conversar que viene demostrando Carlos H. Vázquez en toda su trayectoria profesional y la cuidada edición de Editorial Efe Eme, cuyo catálogo es de obligada lectura, encontramos que este Conversaciones Ilegales es un gran tesoro para maridar con un buen vino y la justa distorsión. (Por cierto, esta entrada la completo con una más que aconsejable playlist, donde se recogen las canciones de Ilegales que encabezan cada uno de los capítulos y los grupos, influencias, odios y amores que cita Jorge en el libro).
Como enseñan los viejos manuales del oficio, Carlos permite que Jorge vaya animándose a lo largo del libro siguiendo un hilo, más o menos, cronológico, sin que su papel vaya más allá de conseguir más información y un relato interesante. Empezando por una situación genérica musical y otra por las letras, tenemos retazos de infancia, adolescencia, juventud que llega hasta nuestros días en su espíritu irredento. Por el camino, peleas, supervivencia, ascenso, olvido, irregularidades, resurrecciones y, especialmente, una coherencia identificable.
No hay refrán más estúpido que el de nunca es tarde si la dicha es buena. Porque hay cosas que si no están a su tiempo, de nada valen. La historia de Ilegales parece haberse querido apartar de los grandes focos que identifican y etiquetan, pero es en los últimos años cuando ha quedado erecta, mientras a todos los falsos mitos se les va viendo la gomaespuma y la escenografía. Ilegales no era tan moderno como los de la Movida. Ni siquiera se podían encuadrar en la réplica del temblor que vino desde la ácida Galicia. Ni sus canciones contenían los exabruptos nihilistas de la ría de Bilbao. Ni de la suburbial faja de la Ciudad Condal.
Ilegales se forjó en la dureza minera, como una isla de donde sólo emergió Jorge y los compañeros de viaje que, dentro de sus problemas varios de la indigestión de éxito y drogas, siempre han dado lo mejor de sí en la banda (por la cuenta que les traía), siempre el acorde y el pulso certero, siempre evitando que el grisú de la efervescencia innecesaria matara silenciosamente el poder de la palabra de Martínez en sus letras. Alejado de la Movida en los 80 y del circuito de festivales subyugados a la moda del trompeteo y los ripios en las décadas posteriores.
Porque en el mundo del rock se alaba (me incluyo, por supuesto) el poetismo de la vía Dylaniana, Vegas y Manuel, sin salir de Asturias, y los consabidos Iniesta, Sabina, Domínguez, Romero o Íñiguez, pero siempre se ha olvidado y dejado de lado la cruda fotografía congelada por gente como Jorge Martínez, capaz de conseguir el frame perfecto de lo que está alrededor y de lo que quema en el interior. Porque esa es una de las claves y sensaciones que nos ofrece este Conversaciones Ilegales. Que detrás de Jorge Ilegal hay un mundo interior inmenso, alimentado por su especial pasado, con palacios y generales de por medio, y con una eléctrica hiperactividad cerebral. Se le nota en la mirada y en el discurso.
Con porte de guerrero y una militancia de compromiso con la creación cada vez más fuerte, Jorge cumple hoy (entonces, en 2019) 64 años, exprimidos con la inteligencia de quien sabe controlar su destino antes de que la muerte ataque por todos los frentes y no sirva ponerse de lado. Cuando llegue ese momento, dentro de varias décadas (era el deseo, pasaron seis años tan solo), estoy convencido de que le dará un buen puñetazo en la cara y después se irá henchido de satisfacción donde las voces llaman y perpetuo es el frío.
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Publicado el marzo 29, 2026 en Libros y etiquetado en Conversaciones Ilegales, Ilegales, Jorge Martínez, Libros. Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.




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