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Loquillo – Diario De Una Tregua

Dicen que no hay nada peor que la indiferencia y lo cierto es que si la relevancia de un artista la medimos en la capacidad que tiene de levantar pasiones desbordadas, para bien o para mal, está claro que Loquillo lleva haciendo las cosas bien durante muchos, muchos años. Desde sus inicios, diría yo. No parece existir punto medio con el artista de tupé y altura y así se ha forjado un camino que tiene tantos aduladores como detractores. Una suerte de rockstar de los de la vieja escuela, sin duda, que sigue sin desfallecer en su compromiso con el trabajo y como capitán de un barco en el que se ha rodeado siempre de músicos más talentosos que él, lo que ya de por sí constituye por sí mismo un acto de esencial inteligencia. En este caso, el disco se confecciona con habituales que podrían dibujar una línea concatenada desde el inicio de los tiempos del Loco (Sabino Méndez), los territorios reposados de su carrera (Gabriel Sopeña) y las casi dos últimas décadas (Igor Paskual). Ellos firman los textos de esta decena de nuevas canciones, algunas desde la autoría propia, otras dando forma a los conceptos o propuestas de Loquillo, una de las fórmulas que Javier Escorzo desvela en el libro sobre Balmoral. Diario De Una Tregua se grabó en estudio Music Lan del Alto Ampurdán después de que Loquillo y Sopeña dieran una serie de conciertos ‘pandémicos’, es decir, acústicos y con restricciones de aforo, distancia de separación, mascarillas y todos esos elementos que, al menos, nos sirvieron para disfrutar de #CulturaSegura. Con producción de Josu García, están todos los elementos clásicos de los últimos tiempos, pero esta vez con una producción que tira más a la sencillez y naturalidad, lo que potencia virtudes y corrige algunos excesos ampulosos recientes. Un suma y sigue para la forja de un tipo, en su constancia dentro del personaje, irrepetible, con todas las connotaciones posibles.

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