Gritando En Silencio – Contratiempo (2009)

Gracias a la sección tuitera #HemerotecaRockSesion que estoy haciendo a lo largo de este curso , recordé hace unos días que se cumplía un año de que, buceando ya hacia una traqueítis aguda tras tres amigdalitis encadenadas mal curadas, me acerqué a ver una de esas escalas de la gira conjunta de los sevillanos Gritando En Silencio con los madrileños Whisky Caravan. Hete aquí que doce meses después y tras velar armas durante el invierno, ambas bandas están trabajando en nuevo material. De hecho, los segundos lo publican el 27 de abril y os puedo asegurar que no van a decepcionar a su cada vez mayor legión de seguidores porque lleva una semana sonando en mis auriculares (por aquello de la confidencialidad debida) y las sensaciones siguen siendo las de banda a grandes. A Gritando ‘se le cayó’ un tuit en enero, avisando de la composición de nuevos temas, algo bastante patente desde entonces en los comentarios de Marcos Molina en redes sociales. Después de hablar ayer de un ejemplo para el Rock como Tako y antes de que me pille los dedos con la pronta salida del nuevo disco de Gritando En Silencio (a este ritmo, incluso antes que el de Marea, que va camino de Chinese Democracy) caí en la cuenta de que no habían pasado por la, a veces nostálgica y a veces reivindicativa, sección de las críticas remember de los viernes. Sea.

Gritando En Silencio es un grupo que con apenas tres discos están curtidos ya en numerosas batallas. Es lo que tiene haber empezado ‘a la antigua usanza’, pero a lo grande. Esto es, a día de hoy, con la democratización de la grabación y mezcla, cualquier sitio es un estudio y con un avezado en la composición y técnica puede ir despachando discos sin que por ello se corresponda con índice de seguimiento o de respuesta en los escenarios. El caso de los sevillanos es distinto porque con dos maquetas, es decir, sin un primer trabajo discográfico oficial, ya llenaban algunas salas. De hecho, el  nivel de popularidad previo al lanzamiento de este estreno que nos ocupa (he estado debatiéndome dos días si escribía de Contratiempo o Maldito) fue tal que se hablaba de más de 100.000 descargas. Y, claro, luego estaba el manido recurso de decir ‘la maqueta molaba más’. Algo parecido le pasó a Desakato. Sin olvidarnos de la pseudo domesticación de Estopa.

Este primer disco fue producido y grabado por la propia banda y mezclado y masterizado por Eduardo Ruiz Joya en Ancaduardo estudio … Por lo que mucho del típico DIY seguía en el ADN del grupo. Por entonces formado por Marcos Molina (composición, voz y guitarra), Jorge Correa (batería), Miguel Ángel Santos (guitarra solista) –los tres siguen al pie del cañón, y Aldo Jaenes al bajo, que después sería reemplazado por Alberto Curtido.

El álbum es generoso en metraje, casi 70 minutos, y eso que hasta se guardaron un par de temas de las maquetas que después incluirían en Maldito. Se abre la sesión con ‘Arrancamos’, un instrumental en el que no es difícil encontrar similitudes de base rítmica con el ‘Are You Gonna Be My Girl’ de Jet, aunque más tamizado de querencia bluesera, que va y viene a lo largo de las canciones en distintos grados de notoriedad. Como algún que otro esbozo de Led Zeppelin.

Si el fraseo y estribillo de ‘Mírame Desnudo’ ya es lo bastante poderoso como para hacer de la canción algo memorable, a ello se suma una kilométrica coda veloz que aumenta la cantidad de versos y la eleva a categoría de imprescindible. ‘Con Dos Copas De Más’ es una de las señaladas con respecto a su versión maquetera, aunque no hay color en el trabajo de melodías. En cualquier caso, la emoción de un texto donde la ausencia mortal dibuja una constante sobre la que volver en repetidas canciones y el desarrollo instrumental posterior evidencian de la misma forma las grandes hechuras del combo. Un punto menos distorsionado para ‘Gritando En Silencio’, un tema cuyo texto siempre me recordó al ‘Ahora Que’ de Sabina y, por si fuera poco, también se deslizan unos ‘ojos de gata’. El crescendo final recuerda a la estructura del segundo corte.

En ‘Cuentos de Desgarro’ nos llega el primero de los tres cameos, los tres sevillanos, por cierto, Fernando Madina de Reincidentes. Un tema de rock urgente que le sienta como un guante y que mantiene con fuerza la pulsión del conjunto. Un corte veloz pero que también deja espacio a solos contemporizados. ‘Hijos de la Madrugá’ muestra otra de las facetas que también han mantenido en el tiempo: la defensa del rock, la unidad como grupo y las ganas de desbarre. “No cambio nada de lo vivido con estos tres golfos de noches sin sentido y soledad”. En las formas, destaca por su novedad, el protagonismo  a solas de la línea de bajo.

Las dos partes de ‘Rutinas En Las Venas’ (aunque no compartí nunca aquello de dividir una canción) representan otro cénit compositivo (¿otro? Claro, es que estamos hablando de una de las mejores bandas de rock del país). Primero con cadencia y sonoridad de percusión más arrumbada –colaboración de Albertucho incluida- después con la entrada más eléctrica. En medio, unos arreglos de guitarra que siempre me recordaron a ‘Stairway To Heaven’. Excelente preludio para ‘A La Luz De Una Sonrisa’, el tema más celebrado de la banda con ese 22 de abril convertido en símbolo para sus seguidores.

‘Blues del Espejo’ es el primero de los dos canónicos ejercicios que se marcan en este álbum. De hecho este tema en cuestión tiene todo lo necesario: una historia de amor de mal desarrollo, unos teclados que aumentan el desgarro y el ansia de matar el reflejo de lo queda. En el caso de ‘Metido En Un Blues’ aparece Iratxo, lo que hace que las formas sean más festivas. Los metales ayudan a ello, por supuesto, dándole mucho más swing. Entre ambos se sitúan ‘Flores De Cartón’, donde se recupera el rocanrol furibunda de inmediatez notable, aunque con un punto de oscuridad en la base rítmica. Mientras que en ‘Vuelve a Por Mí’ el guiño se lo lleva de manera explícita la Calle Melancolía de Sabina con en estructura más ligera y armonizada.

Llegando al final, ‘Mereció La Pena’ es una trasatlántico de más de nueve minutos con aspiración de canto generacional, además de por la letra, por la melodía principal presentado incluso con armónica (que eso siempre parece más sesudo). Aprecio y desprecio por lo que fuimos y somos, la vida que se puede frente a la que se debe. Otra muesca más de la compleja forma de componer y escribir del señor Molina. Como ‘bonus track’ llega ‘Polvo’, un tema acústico y percusionado que se presenta como un nuevo canto de esperanza.

El único ‘pero’ que se le puede poner a Gritando En Silencio es que, contando que se les conocía ya antes de 2009, solo nos hayan dado tres discos en más de diez años.

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. Arrancamos
  2. Mírame Desnudo
  3. Dos Copas De Más
  4. Gritando En Silencio
  5. Cuentos De Desgarro
  6. Hijos De La Madrugá
  7. Rutina En Las Venas (parte 1)
  8. Rutina En Las Venas (parte 2)
  9. A La Luz De Una Sonrisa
  10. Blues Del Espejo
  11. Flores De Cartón
  12. Vuelve a Por Mí
  13. Metido En Un Blues
  14. Mereció La Pena
  15. Polvo

 

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Publicado el abril 6, 2018 en Críticas Remember y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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