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Antonio Flores – Cosas Mías (1994)

Antes incluso de conocer la canción ‘Mártires del Rock’, siempre he tenido una especial inquina o rechazo a quienes convierten en moda y genios a los artistas al hilo de su muerte, más si cabe cuando hay detrás un suicidio. El ejemplo máximo es el de Nirvana, que no me hacía demasiada gracia en su momento (aunque les salvaba muchas cosas) pero se convirtió en rechazo tras el balazo de Kurt Cobain. En la lista hay muchos más. Quizá sea porque los accidentes mortales (Jesús de la Rosa) han robado tanto talento al arte que me parece ‘injusto’ que otros precipiten su final. Hablo desde el punto de vista artístico, que ya en las enfermedades personales que empujan a ello, habría que analizar caso a caso. El tema es que, no tanto por la muerte precipitada con barbitúricos y alcohol ingeridos con ese fin por el dolor de ausencia de la muerte de su madre, dos semanas antes, a Antonio Flores le cogí una de esas tirrias irracionales por el tema de ‘la moda’. Parece que tuvo que morirse para que le valoraran como merecía. Las cosas, en vida, por favor. El hijo mediano de Lola Flores y El Pescaílla encontró el éxito demasiado tarde, cuando su vida interior estaba rota y sentenciada. El caso es que con el paso de los años limpié mis oídos de prejuicios y, hoy, que se cumple justo un mes que perdí a mi padre, le entiendo más que nunca.

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