Nacho Cano – Un Mundo Separado Por El Mismo Dios (1994)

Que ya de niño intuyese que lo mío con la música no era normal tiene algo que ver discos como el que protagoniza la crítica remember de esta semana. Un Mundo Separado Por El Mismo Dios fue el primer disco en solitario de Nacho Cano, tras romperse el trío apenas dos años antes. Un dato del que yo no era consciente en ese momento y que me ha sorprendido al corroborarlo. Me parece demasiado cercano, más aún si tenemos en cuenta que este estreno fue compuesto ya desde octubre de 1992, hasta mayo de 1994, en Nueva York, donde los jamones son de York y no hay marcha, claro. Espero que si algo se os haya pegado de mí en todos estos años sea a no tener prejuicios musicales. Os animo a adentraros en un álbum tremendamente ambicioso y cuidado. De una complejidad más que interesante y una concepción musical que se ve y se siente. Desde el canto de una ballena herida al crepitar de una hoguera en el frío de la derrota, con gritos de Hitler, cantos judíos, cristianos, islámicos, filosofía hindú, guitarra española de la mano de Vicente Amigo, arreglos orquestales, el sonido real de un sanatorio mental… Una obra olvidada que es una enorme delicatesen. ¿Gustan?

El disco fue grabado entre Londres, Madrid y Amsterdam, lo que vino ayudar a esa carácter poliédrico que ya de por sí tienen las composiciones. Considero que no hay desperdicio alguno en el álbum. ‘El Patio’ es una bella suite aflamencada donde las voces y coros de Chonchi Heredia, Alicia Alemán, Katrice Barnés, Valerie Wilson y Mari Lee Cortés entran y salen con su sobrina Macarena y Mercedes Ferrer como principales cantando la canción del barquero. La guitarra de Vicente Amigo, un fuera de serie, deslumbra y arpegia entre arreglos de piano y batería certera de Ángel Celada (Serrat, El Último De La Fila, Revólver…). Creo recordar que fue el primer single del álbum e incluso tenía su videoclip grabado en aquellas recopilatorias de VHS, pero lo que hizo que me hiciera el disco un sábado por la mañana fue ‘El Profesor De Danza’. Me alucinaron las guitarras, de Nacho y Toni Carmona (Aute, Sabina, Serrat), al ritmo de una percusión constante, marcial, exigente, las indicaciones en francés (idioma también muy ligado a mi pasado familiar)… vamos, que lo tenía todo.

Pero en aquellos tiempos mágicos en los que se compraban discos tras escuchar dos canciones y uno no tenía acceso a saber cómo era el resto, me encontré con un universo de sensaciones. ‘El Waltz de los Locos’ es tan delicado como hermoso, tan doloroso como liberado. Con sonidos reales tomados de un sanatorio mental, “nadie sobra en esta orquesta”, dice la leyenda de un corte que crece y crece en intensidad y volumen con belleza y emoción. Para cerrar esta primera parte, en perspectiva, más accesible, llega ‘El País de los Cementos’. Juega con dos ambientes, en el primero la guitarra española es bella, pero el polvo gris de la civilización y el hormigón nos traen un bajo y batería maquinales, industriales. Pese a todo, lo armónico parece imponerse.

Tras un interludio de piano de ‘El Patio’, llega el corte que da título al álbum. Un complejo collage donde se sucede una grabación árabe en Túnez, coros cristianos de la visita del Papa a Sevilla, el coro de una sinagoga de Park Avenue, grabaciones hindús y también de Hitler y nazis. Una sucesión de atmósferas que concluye precisamente con la alegría de los cánticos de O.V. Raganathan y Kailasanathan. El romanticismo de la paz tras un recorrido de cruenta crueldad en su parte central. También es honda en el sentimiento ‘El Dolor del Agua’, que contiene cantos de ballena reales, mientras se relata la caza hostil y el arpón que tiñe el agua de rojo con un realismo que duele. “Último adiós entre madre e hija”, ilustra el libreto.

‘El Piano, El Violín y La Guitarra’ es una hermosa composición donde los tres instrumentos se baten en duelo en primera instancia para terminar danzando todos con la misma melodía y con la enérgica entrada de la percusión y los coros, como apuntaba muy cuidados en todo el metraje. Tras el interludio de una versión reprise de ‘El Profesor de Danza’, llegarán los doce minutos de ‘La Batalla’, tiempo más que suficiente para reproducir una multitud de imágenes con una amplia gama de sonidos. Quizá peque de demasiado excesiva, pero no desmerece el conjunto.

Llegando al final ‘Vaikuntha’ se inicia con cantos de monjes brahmanes del templo de Ganesh en Queens y es un ejercicio de felicidad guiada por Krishna. Las dos piezas de piano y orquesta de ‘La Batalla’ nos evocan el fragmento más destacado de la composición, cierre de la versión española del álbum. La versión internacional, que es la que está en Spotify, incluye la parte final (la alegre) de ‘Un Mundo Separado Por El Mismo Dios’ con refuerzo orquestal.

Después llegarían nuevos discos, guiados más por el pop al uso, como el ‘Vivimos Siempre Juntos’ y otros temas por el estilo, pero aquí, Nacho Cano, echó el resto y nos dio un álbum tan rotundo como imperecedero.

 

Lista de temas – tracklist:

  1. El Patio
  2. El Profesor De Danza
  3. El Waltz De Los Locos
  4. El País De Los Cementos
  5. El Patio (piano)
  6. Un Mundo Separado Por El Mismo Dios
  7. El Dolor Del Agua
  8. El Piano, El Violín y La Guitarra
  9. El Profesor de Danza (versión)
  10. La Batalla
  11. Vaikuntha
  12. La Batalla (piano)
  13. La Batalla (orquestal)
  14. Un Mundo Separado Por El Mismo Dios (final)

 

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Publicado el octubre 13, 2017 en Críticas Remember y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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