David Varona & Los Perros Románticos – Rosebud (2015)

Aunque si pusiéramos en el año 2011 no erraríamos el tiro. Con una banda que toma su nombre de un libro de poemas de Roberto Bolaño, con el nombre de un disco que hace referencia a la ‘mística misteriosa’ palabra final de ‘Ciudadano Kane’ y con versos de Ángel González en uno de los temas, este fue el debut y, hasta la fecha, único disco, de David Varona. Uno de esos rockeros de autor que, sin ser tocados por la varita mágica de la suerte, van cayendo con los quehaceres de las obligaciones, impidiendo un desarrollo artístico que se antojaba de lo más interesante. Rosebud es una colección de canciones intensas y con cierto aura opresiva, con arropes musicales de rock polvoriento y concreción apesadumbrada, a medio camino entre los Tom (Petty y Waits), con escarceos por la lírica latina y castiza de Andrés (Calamaro) o Enrique (Bunbury). Un disco denso, tan opaco y compacto que casi parece incorruptible al tiempo. No es poco para los tiempos que corren.

Quizá tenga mucho que ver en la detención artística el que Varona, apellido que rebosa ya de por sí galones de autenticidad por la vía Sabina, montara con su hermano el bar El Backstage, club para amantes del rock’n’roll en pleno centro de Madrid que, demonios, abrió sus puertas bastante después de que yo me largara de allí. Un local que sigue apostando por los conciertos de autores personales, de esos que no salen en las playlists genéricas de Spotify, ni tienen ese don de red divino para ganar adeptos con covers desde YouTube. Eso sí que es mantenerse fiel a unos principios se esté en un lado o al otro del escenario.

Este álbum, por tanto, es fruto del empeño de David Varona para grabarlo y de su círculo más cercano para que, años después, decidiera por fin editarlo. Todo realizado de manera semi artesanal con el toque especial de mezcla y mastering de Isaac Rico (Havalina, Dinero, Sexy Zebras, Carlos Chaouen, Rozalén, Lepunk, Pereza, Deluxe, Nudozurdo, Rufus T Firefly….), que otorga un resultado final bastante solvente.

Los pasajes sonoros ofrecen la aridez del estilo ‘americana’, entre carreteras secundarias y necesidad de soledad (y comprensión y convivencia ante dicha necesidad). Buen ejemplo de estas sensaciones son ‘Espantado’ y ‘Un Tipo Normal’. La primera con un country ágil repleto de desengaño y desencuentro. “Espantado de haberme conocido, de saberme en el camino equivocado”. La segunda aligera la tensión emocional gracias a la luminosidad de los metales, pero el mensaje pica de la misma manera, “si seguir viviendo sigue siendo mi mejor hazaña (…) no me pidas que te cambie por mi libertad”.

La conexión clara con Bunbury nos viene por el Hellville de Luxe (aunque también habrá cabaret), álbum que consolidaría como su banda a Los Santos Inocentes, en temas como ‘Diente de León’ o ‘Pájaro En Mano’. Acordes sostenidos entre acordes de slides y melodías oscuras el primero, con enérgica rabia y musculosos arreglos de guitarra en la segunda. ‘Verdades a Medias’ es uno de los cortes más adictivos, especialmente por la melodía vocal y también por esa fotografía capturada de camino al otro lado del silencio. “Iremos juntos al infierno de la mano, con nuestro mejor traje y una copa entre los labios, para que nadie diga que no hay clase en la otra vida (…) Los perros también caen de pie”.

El referido cabaret ambulante coge la rítmica en ‘A Golpes Se Aprende’, si bien la mezcla de la voz nos recuerda en el fraseo al Urrutia más turbio. No se hace imprescindible, pero en el conjunto sirve para darle dinámica al álbum. ‘Imperios Ardiendo’ es una virulenta composición de más de siete minutos donde cada golpeo de compás parece aumentar nuestra fuerza de gravedad. Una densa huida hacia la incredulidad que deviene en una previsible coda de explosión de  distorsión liberadora final. En ‘Mano De Hierro’ destaca la incorporación de unas sutiles teclas al final del estribillo y la querencia latina que nos evoca al pre-Salmón del citado Calamaro.

‘Clavo Ardiendo’ explota la querencia Lepunk, sumándole la tesitura crápula al rollo de swing y cabaret. “Esta vida de canalla se merece una medalla”. ‘Castillos de Arena’ se presenta como un medio tiempo que pierde matices en la distorsión, sacrificando su natural desarrollo acústico a costa de una intensidad vocal de tintes blues. El cierre llega con la fronteriza ‘El Anzuelo’, cierre lógico a un trabajo tan hermético como gratificante.

 

“Yo no soy más que el resultado, el fruto,

lo que queda, podrido, entre los restos;

esto que veis aquí,

tan sólo esto:

un escombro tenaz, que se resiste

a su ruina, que lucha contra el viento,

que avanza por caminos que no llevan

a ningún sitio. El éxito

de todos los fracasos. La enloquecida

fuerza del desaliento…”.

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. Espantado
  2. Un Tipo Normal
  3. Diente de León
  4. Pájaro En Mano
  5. Verdades a Medias
  6. A Golpes Se Aprende
  7. Imperios Ardiendo
  8. Mano De Hierro
  9. Clavo Ardiendo
  10. Castillos de Arena
  11. El Anzuelo

 

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Publicado el julio 6, 2018 en Críticas Remember y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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