Tino Casal – Lágrimas De Cocodrilo (1987)

A veces tengo planificadas tres o cuatro semanas consecutivas, pero ya saben los más fieles del lugar que la elección de la crítica remember de los viernes tiene un punto azaroso bastante acusado. Es el caso de esta semana. La idea de traer a Tino Casal a la sección lleva rondándome desde el primer día (ya le dediqué un #Mis10de en twitter e incluía su Etiqueta Negra de 1983 en aquello de ‘un fav, un disco, tres canciones’) pero ha sido hoy cuando se ha concretado su presencia. Mera apetencia sobre todo, pero que viene motivada por escribir ayer de Manolo García que, como Tino, aúna a su faceta musical una gran producción pictórica y escultórica y, también, por una de las peticiones de tuitcríticas para este viernes, los alemanes Mono Inc, que a su metal y rock gótico añaden teclados y tintes electrónicos que me han hecho azuzar las ganas para elegir a este asturiano que perdió la vida en un accidente de tráfico, como otros grandes genios de la música de nuestro país… Jeanette, Jesús de la Rosa de Triana, Cecilia, Eduardo Benavente, Bruno Lomas, Manolo Caracol, Nino Bravo… Tantos. Tino Casal fue un artista total con una visión atrevida, completa y avanzada de lo que es la música y su tratamiento. Como en el caso de Camilo Sesto, el mundo heavy siempre le ha rendido pleitesía. Por ejemplo, Fortu habla maravillas de él, como productor de los primeros discos de Obús (también lo dejó por escrito en su autobiográfico Mil Demonios), también Leo Jiménez ha reivindicado su legado más allá de la versión que hizo Stravaganzza de ‘Eloise’ y también otros ilustres asturianos como el vocalista Víctor García (Warcry, Adventus, ex- Avalanch) o Igor Paskual no han dudado en recordar su figura con cariño y respeto. Era obligado que tuviera su lugar de honor en esta sección a apenas 6 días de lo que sería su 71º cumpleaños.

Tino Casal comenzó su carrera artística a los trece años. Un periodo de preadolescencia donde formó parte de Los Zafiros Negros desde los 13 años y después, con 16, con Los Archiduques, con quienes grabó varios singles de pop-rock y donde permaneció hasta los 21 años. No se tomaba muy en serio lo de la música y decidió irse a Londres para cultivar y perfeccionarse en pintura y escultura. Fue en 1977, muerto el dictador, cuando regresa al calor de una oferta para convertirse en una especie nuevo cantante melódico. Esto es, una especie de sucedáneo de los citados Nino Bravo o, por tesitura, de Camilo Sesto. Básicamente, un intento de la industria por replicar aquello que es rentable. Nada nuevo bajo el sol.

Aquello, como es lógico, no sale bien y vuelve a la pintura hasta que en 1980 EMI decide apostar por él sin obligarle en demasía a circunscribirse a unos patrones predeterminados. Con esa sensación de libertad, Tino despacha un Neocasal en 1981 que, si bien no revienta en ventas, sí que será una base sólida para su primer puñetazo en la mesa con Etiqueta Negra en 1983. Un más discreto Hielo Rojo (1984), sumado a su cabezonería por seguir actuando pese a tener la pierna al borde de la amputación (de hecho tuvo que ir en silla de ruedas durante varios meses y de ahí que el bastón no fuese solo un mero recurso estético), retrasa el lanzamiento de Lágrimas de Cocodrilo. Un disco donde Tino termina de coger las riendas, apostando por una imagen global y completa, como estilista, decorador, mimando al extremo cada detalle. Después todavía lanzaría su Histeria final, en 1990, hasta que el 22 de septiembre de 1991 tiene un accidente cerca del Puente de los Franceses, en Madrid, cuando iba de copiloto en plena salida nocturna.

En este Lágrimas de Cocodrilo contó con la producción de Julián Ruiz, las programaciones corren a cargo de Jesús N. Gómez, que también ejerce de ingeniero y autor de las percusiones, Manel Santisteban y Javier Losada, que también firma los teclados.

El disco se abre con ese magnífico ‘Eloise’. Una canción que popularizó en los sesenta Barry Rayn y que le compuso su hermano Paul. Curiosamente, en 1986 un año antes de la publicación del álbum de Casal, The Damned realizaría su propia versión. Un grupo punk que, sin embargo, adoptó una estética barroca justo en aquellos años y que seguro no le fue ajena a Tino. Sin duda, la de Tino es la más rotunda de todas. Tardo casi dos semanas en quedar satisfecho con las voces y contó con una orquesta filarmónica dirigida por Andrew Powell y grabada en los estudios de Abbey Road.

Además de la impresionante combinación de electrónica y arreglos sinfónicos, ‘Eloise’ enamora con ese break lírico central que borda con un gusto exquisito. La coda, como buena composición clásica, es un crescendo explosivo que termina de redondear la pieza.

Es cierto que, con los oídos de hoy, la producción general del álbum tiene una sonoridad algo caduca pero, pese a todo, es incapaz de ocultar la grandeza de su autor. ‘Noche De Perros’ es vocalmente descomunal con un intercambio natural de agudos y falsetes en el estribillo que es hipnótico, pero es de las canciones que más acusa lo dicho. Con más acierto aguantan ‘Santa Inquisición’, pese a la sobredosis de teclados. La ligera distorsión y algunos arreglos, como también los de ‘Degeneración’, nos pueden recordar ligeramente a Phil Collins y, por extensión, a su etapa en Génesis. Ambos fueron elegidos como tercer y cuarto single del álbum. También aguanta bien el tiempo la sobriedad de ‘Ángel Exterminador’.

El otro tema que se llevó, junto con ‘Eloise’, la mayoría de elogios del público fue ‘Oro Negro’. Enésimo ejemplo de su capacidad como letrista, también inhabitual para el género entonces… y ahora para este tipo de música. La canción fue elegida sintonía de la Vuelta Ciclista a España de 1990 en unos tiempos en los que eso era mucho decir, intentando repetir el éxito de ‘Pánico En El Edén’, seis años antes.

Fantasmas’ da continuidad al sonido disco, pero su limpieza y su estribillo, menos estridente, le confiere un tono más serio que es más patente en la notable ‘El Volcán’, en el que los arreglos tienen una clara influencia sinfónica, reforzada por una base más grave que, hoy, hace que nos suene más elegante. Llegando al tramo final, ‘La Piel Del Diablo’ siempre ha sido de mis preferidos, sobre todo por la magnífica melodía principal que se va y viene entre los estribillos. El tema que da título al disco, ‘Lágrimas De Cocodrilo’, cierra la decena como un ‘outro’ semi instrumental y efectista.

Especular qué hubiera sido de la carrera de un tipo tan osado y valiente como Tino Casal es jugar a ser adivinos, pero es casi incuestionable que nos hubiese seguido sorprendido con nuevos giros, nuevos looks y, más allá de eso, con más canciones y discos que, sin duda, se hubieran beneficiado de la ‘democratización’ de la tecnología en los estudios de grabación y las nuevas tendencias a la hora de producir.

Después de conseguir la creación de una estatua que recuerde su figura, ahora sus seguidores y familiares intentan que Asturias tenga un museo dedicado a su figura. Son malos tiempos para la lírica, que cantaba aquel, pero quizá sea posible.

Ya estaba en el respeto de RockSesión, pero ahora ya está plasmado de manera más explícita. Bienvenido, Tino.

Lista de canciones – tracklist:

  1. Eloise
  2. Noche De Perros
  3. Santa Inquisición
  4. Ángel Exterminador
  5. Degeneración
  6. Oro Negro
  7. Fantasmas
  8. El Volcán
  9. La Piel Del Diablo
  10. Lágrimas De Cocodrilo
  11. Eloise (versión maxi)

Publicado el febrero 5, 2021 en Críticas Remember y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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