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Sôber – Elegía

Como apuntaba hace unos días, combinamos en este inicio de curso los discos de inminente salida con los que se nos quedaron pendientes antes del verano. Elegía, de Sôber, entra dentro de los del segundo tipo y, claro está, no podíamos dejar pasar echar unas líneas a una de las bandas a las que más cariño tenemos en esta casa, por aquello de todo lo que nos hicieron sentir a lo largo del tiempo. Aunque, más allá de esa condición puramente subjetiva, el álbum se lo ha ganado a pulso porque no exagero si os confieso que a mí me parece su mejor y más completo disco de las últimas dos décadas, desde Reddo, que ya ha llovido. Está claro que por el camino hay canciones excepcionales, pero la rotundez que presenta el cuarteto en esta Elegía está muy por encima de sus hermanos mayores anteriores. ¿Los motivos? Con nombras a las canciones sería más que suficiente pero sí que podemos concluir como denominador común que los arreglos orquestales suenan muy frescos y naturalizados, reforzando más que nunca su épica (entiendo que gracias a su anterior gira, que derivó en la publicación del deuvedé en directo La Sinfonía Del Paradÿsso), también que el sonido se ha ‘ensuciado’ de forma deliberada (la perfección en la producción de Sôber siempre le ha conferido una cierta textura de frialdad) y, finalmente, la búsqueda y hallazgo de fraseos contundentes, melodías atrayentes y estribillos que emocionan con historias que tocan la fibra más que nunca. Al final consiguen llegar a cotas de antaño, precisamente buscando no parecerse a lo anterior. Y confieso que me alegra sobremanera este ‘resurgimiento’ (que también es cierto que se venía apuntando de manera progresiva) porque, como decía, es una de las bandas que me ha acompañado en momentos de crecimiento personal. Y eso jamás se olvida.

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Benito Kamelas – Resiliencia

Ya se han apaciguado las aguas pero resulta paradigmático recordar el revuelo que se originó cuando Robe anunció en la rueda de prensa de presentación de su gira ‘Ahora Es El Momento’ que iba a cantar canciones de Extremoduro. A la postre, nombre de una banda asociada siempre a su nombre propio y figura. Digo esto porque el de Benito Kamelas es otro de esos casos en los que, al final, es el compositor principal, el letrista, el corazón de la banda quien decide qué, cómo y cuándo. Y él decidió seguir adelante pero manteniendo el nombre del grupo, pese a todo. Y es que cuando el Covid era algo que se veía por la tele desde China y se antojaba tan lejano que nos creíamos invencibles, Quini Ruano se quedaba sin todo el grupo que tan bien le había acompañado en los últimos años. Uno a uno, Ismael Vivó, David Marín, Isidro Ramírez y Vicente Tormo anunciaban su salida. Hubo algunos conciertos de despedida de la formación original y, en la práctica, Quini culminó la búsqueda de sus cuatro nuevos compañeros en las puertas del confinamiento severo de los meses de marzo, abril y mayo. Solo le dio tiempo a trabajar un par de nuevas canciones. En esa situación, el gigante corazón de Quini se mantuvo en pie, pese a todo, por amor a un grupo al que le ha dedicado ya 23 años. A distancia comenzaron a dar forma al resto de temas que acabarían formando Resiliencia, su disco más complicado, pero también el más empecinado en existir. Con esa fuerza de voluntad, Benito recupera las formas más veloces de los primeros tiempos, con ganas de demostrar que la energía sigue intacta. Hacía años que alguien me decía que eran como una eterna promesa de un equipo de fútbol, que nunca termina a convertirse en estrella. Bueno, ya lo cantaba el citado Robe en ‘Sucede’. Quien conoce a los Benito sabe de qué hablo.

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Fito & Fitipaldis – Cada Vez Cadáver

Bonita libertad la que te lleva a poder decidir el momento de sacar un disco, sin presiones del mundo exterior, ni agobios imperiosos por la necesidad. Una condición muy difícil de conseguir para buena parte de los artistas, más en unos tiempos en los que la venta de discos no es la de hace quince o veinte años, más todavía en el mundo del rock y que Fito se ha ganado a pulso con contrastados méritos a lo largo de su carrera. Siete años (uno más de lo que debería haber sido) han pasado desde que el pequeño gran artista bilbaíno publicara Huyendo Conmigo De Mí. Una espera que se ha hecho bastante más corta si tenemos en cuenta que a mitad del camino salió publicada esa excelente caja conmemorativa llamada Fitografía y que, con ella, la gira 20 años, 20 ciudades, con guinda final en el Royal Albert Hall de Londres. Cada Vez Cadáver viene a ser el Fito reconocible de siempre, ofreciendo una colección de canciones que nos suenan familiares desde la primera escucha, aunque no sea hasta varias escuchas cuando empiecen a quedarse en la memoria los estribillos, fraseos y puentes. No por ello significa que sea un álbum continuista porque a la séptima entrega desde el estudio con los Fitipaldis se le nota más nerviosa, más tensa y chispeante, quizá auspiciada por esa gira de fuertes emociones y sobre todo, por la forma de mezclar y grabar la voz, más cruda y natural. No está su habitual instrumental pero sí que está el sabor a blues y rock con olor a madera, a las melodías de riffs doblados o intrincados, acompañados del habitual saxo, las frases repletas de retruécanos y giros contrarios con las palabras y los sentidos y también la versión de rigor, en este caso Jorge Drexler, que entra a formar parte de la nómina de álbumes anteriores, con Los Secretos, Leño, Los Rebeldes, Extremoduro, La Cabra Mecánica, Krahe y sus propios Platero y Tú.

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Rat-Zinger – X Años De Sangre y Moscas

De celebración en celebración, en este tránsito de junio a julio. Si ayer le echaba unas líneas al directo por el vigésimo aniversario de Non Servium hoy toca, como avancé, el décimo de esa apisonadora llamada Rat-Zinger. Un grupo que quien los ha visto en directo lo sabe de sobra. Con la intensidad de una locomotora rítmica que permite el brillo, por momentos y según el caso, de alguna estrofa incendiaria o algún adorno adictivo de guitarra. Y no hay fisuras en ellos por más que se le busque, porque pese a la velocidad y al toque agresivo generalizado, a veces más punk, otras más metal, otras más lúgubre y otras más hardcore, la sensación de verlos en la distancia corta es que su grado de concentración es mucho y su sonido, aunque bruto, está muy cuidado. Y es que lo de que ensayar es de cobardes es una mentira… o propio de quien no se toma su trabajo en serio. Ellos lo dejan claro en los comentarios con los que despiden este imprescindible DVD en directo, que se edita además con versión en audio y en doble vinilo. Un lujazo de lo más recomendable. Algo menos de una hora y media donde no hay concesiones al descanso, quizá solo una a la bajada de bpm en todo el metraje. Tampoco faltan los invitados de bandas bastante cercanas al espíritu y filosofía de la banda. Ni un repertorio que se va a las 27 canciones con una facilidad y una agilidad de quien parece ser una fábrica de rabia, éxitos, contagio de ritmo y de sangre borboteando por las venas. Un perfecto cierre a una década de, por más que digan, más aplausos y reconocimiento que trabas. O así lo vemos desde fuera. Porque Rat-Zinger no hay más que uno y sí, te los puedes encontrar por las calles más oscuras.

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Non Servium – 20 Años De Magia y Destrucción

Aunque está claro que lo más importante y necesario de estudio es la cantidad de vidas que se ha llevado por delante, en lo que al objeto que aquí nos ocupa se refiere, que es la música, lo de la pandemia ha provocado tantos trastoques en los planes de las bandas que la casuística es casi infinita. Que si giras aplazadas, finales que se han visto acelerados, despedidas que no se han podido realizar, lanzamientos de discos atrasados (cuando no, directamente, cancelados hasta nuevo aviso) y un largo etcétera. Los aniversarios también se han visto, a su manera, alterados. Por ejemplo, Angelus Apatrida esperaba una gran gira y de la virtud hicieron una oportunidad sacando un gran disco. Los hay que lo grabaron en directo en su momento y ha tardado algo más de la cuenta en salir, como es el caso de los bilbaínos Rat-Zinger con su décimo de los que escribiré mañana (si hay suerte y ganas tras la segunda ración de Pfizer) y de los madrileños Non Servium con este 20 Años De Magia y Destrucción y un repertorio muy similar al que llevaban en festivales y salas aquel año, con su intro de la tarantela de ‘Malditos Bastardos’ como intro (a la que, por cierto, yo le tengo metida encima la locución del discurso de Chaplin en ‘El Gran Dictador’, totalmente bombástico). De Non Servium poco se puede decir que no sepamos ya. No hacen prisioneros. Van a la yugular con la lija rozando fuerte. Y, por eso, este disco es la celebración y recordar de manera vívida todas las sensaciones que, por el momento, todavía se perciben muy alejadas.

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Johnny Burning – Hagámoslo

Seguimos la semana con palabras mayores de nuestra escena. Si ayer tocó hablar del nuevo disco de Miguel Ríos, hoy vamos con una petición reciente que me llegó por Twitter cuando, eso sí, lo tenía ya en la bandeja de salida para traéroslo. Si hay nombres propios que de manera inequívoca nos llevan a sonidos, eso es lo que pasa cuando pronunciamos el de Johnny Cifuentes… Rock and roll. Parece extraño, cuanto menos, que el tótem referencial de Burning (una vez desaparecidos para pena de nuestra música, Toño Martín y Pepe Risi, ambos un 9 de mayo, del 91 el primero, del 97 el segundo) apueste por emprender un camino ‘en solitario’, bajo su nombre mixto. Sobre todo cuando su mano derecha para este camino es Nico Álvarez que, entre otras bandas recomendables como Garaje Jack o La Frontera) fue el guitarrista de Burning desde 2014, con una gira que acabaría dando como resultado ese imprescindible disco doble y deuvedé en directo, homenaje a 40 años y grabado un 9 de mayo –de 2015-, Vivo y Salvaje. Burning se fue oficialmente en 2019, este disco estaba pensado lanzarlo un año después y a solas. ¿El motivo? Tener una pequeña ilusión que le diera sentido a todo. Podría haber seguido bajo la histórica cabecera pero, a los 65, mientras Rosendo enfilaba el camino de la jubilación oficial, Johnny quería volver a empezar de nuevo, aunque sea para hacer lo mismo. Rock desde la barra de un bar castizo, los Stones tamizados de macarrería patría. Pura actitud genuina que suma y sigue y que celebra un disco de diez temas generosos en metraje y sobrados de maestría.

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Miguel Ríos – Un Largo Tiempo

El próximo lunes, Miguel Ríos cumplirá 77 años (que celebrará con un concierto solidario en streaming, a beneficio de Mensajeros de la Paz y al fondo asistencial de la AIE (Sociedad de Artistas, Intérpretes o Ejecutantes)). Cuando por fin pude verle en directo por primera vez fue, nada menos, que con la gira del disco 60 mp3, con el que venía a celebrar sus seis primeras décadas de vida. El caso es que su intención era retirarse de los escenarios poco después, en 2010, con la gira ‘Bye Bye Ríos’, pero ya saben: “los viejos rockeros nunca mueren”. Primero fue una canción por allí, una colaboración por allá con motivo de actos solidarios, unos cuantos conciertos sinfónicos… Y, claro, te lías y te lías y acabas de nuevo publicando un nuevo disco y saliendo de gira, incluso con la que cae. Ya podría tomarle ejemplo el bueno de Rosendo Mercado, tan unido a la figura de Ríos con aquella gira histórica. Tiempo al tiempo. Vuelve Miguel Ríos y, además de agradecerle el hecho per se, hay que reconocer que lo ha hecho de la mejor manera posible. Con un disco que no busca el efectismo, sino que busca la serenidad, tesitura y textura que confiere tal señorial edad. Un disco eminentemente acústico, con un descomunal The Black Betty Trío, capitaneado por Jose Nortes y con Edu Ortega y Luis Prado como lugartenientes. Pero que el comentario tampoco lleve a engaño.

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Chica Sobresalto – Sinapsis

Un cuchillo no es malo por el simple hecho de ser un cuchillo, al igual que el paso por un programa de televisión como Operación Triunfo no tiene por qué serlo si tampoco desvirtúa el concepto que tú misma tienes de la música y de lo que quieres hacer con tus canciones. Con ese espíritu y esa premisa clara como marco conceptual, Maialen Gurbindo viene a ser de lo mejor que ha pasado en esta tercera vida del formato después de las primeras camadas de Televisión Española y una prescindible segunda etapa en Telecinco. Y quizá lo sea por algo tan sencillo como que ella ‘usó’ a OT y no al contrario, que es lo que suele suceder. Eso no sentó bien a ‘los hombres de traje gris’ de los grandes sellos y le hicieron ‘pagar’ su independencia con una más que extraña eliminación a las puertas de la final (habiendo sido una de las favoritas durante todo el concurso), por no querer abandonar al sello que le dio la primera gran oportunidad (ya saben, El Dromedario Records, Alén Ayerdi, el concurso y la publicación de un excelente disco de debut llamado Sobresalto allá por 2017). Pero el beneficio ya se había producido. La forma de entender las canciones, la música y, por ende, la vida, ya había calado en un público mucho mayor del que ya se había ganado por derecho propio con su primer disco, con conciertos acústicos a las doce del mediodía bajo un gran sol de agosto, teloneando con apenas su guitarra y su dulce voz en grandes escenarios que esperaban la tormenta de distorsión… y de todo había salido victoriosa, capa y uniforme de super heroína en ristre. Con más confianza, con más medios, más segura (o no), Sinapsis es la confirmación de sencillez y la calidad de Chica Sobresalto.

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Ciclonautas – Camping del Hastío

Se presentaron en sociedad en 2014, en un tiempo en el que Marea dormía el sueño justo de los que necesitan reposar para volver más fuertes. Haciendo honor a la segunda parte de su nombre, mostraron con su debut (el disco doble ¿Qué Tal?) una facilidad inmensa para navegar entre la crudeza del stoner y la sobriedad más árida, junto al calor de la influencia del folclore argento más enraizado y un rock de alto voltaje, de los que provocan, como su primer compuesto indica, un ciclón de intensidad, viento, oleaje y tormenta. Con una gira donde se granjeó los locales y las salas de la vieja escuela, salpimentado con algún que otro festival, Ciclonautas editaría su segundo disco veinte meses después bajo el nombre de Bienvenidos Los Muertos. Un disco mucho más ampuloso y grandilocuente, más ‘americano’ si se me permite, pero igualmente pastoso y candente, de los que empastan en la escucha y afianzando una autenticidad y un sonido que casi ninguna banda es capaz de realizar en nuestro país. No es extraño. Sumen denominaciones de origen tan densas como la escuela navarra del rock, el poderío letrístico y la tradición casi psicoanalítica del imaginario argentino, la contundencia pulcra de la distorsión, afilada al máximo guiada por la brújula del rock sin apellido y la clase de una base rítmica descomunal desde el bajo y dibujando melodías y matices desde la batería. Con esas armas, llega ahora Camping Del Hastío para dar un paso más, sin parecerse ni al debut ni a su sucesor, pero igualmente identificable a su autoría. Una colección de 11 singles que no buscan serlo, porque no es su envite. Ellos juegan al órdago de la atemporalidad.

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Mamá Ladilla – Exhuma y Sigue

Cuando un cómico o monologuista nos cae en gracia (nunca mejor dicho) caemos en el error de empezar a verle tantas veces que, al final, el cartón piedra se hace patente y nos puede acabar resultando predecible y previsible y no hay nada que haga menos gracia que sabernos el final antes de escuchar el principio. Es una jodienda, si lo piensan, pero es algún pero tenía que tener estar tocado con la divina barita de la capacidad para hacer reír. A no ser que seas como Chiquito y el final no sirva para nada y lo importante sea el trayecto. El caso es que en el caso de los grupos que hacen del humor un arte… ¿se les exige más que a uno ‘convencional’? A fin de cuentas, todos conocemos a autores, bandas, escritores e, incluso, algún crítico musical (ejem) que parece llevar escribiendo la misma canción, el mismo disco, la misma novela o ensayo, o la misma crítica con pequeñas variaciones y no pasa nada. Sin embargo, a los del saco divertido, le pedimos constantemente chistes y ocurrencias máximas que nos evadan del este vil y cruel mundo por unos minutejos, cuanto menos, igualando su máxima cota y malla conocida. Como es lógico, esto jamás puede ser así porque ni siquiera el oyente es el mismo hoy, que ayer, menos todavía que hace años. Evolucionar adquiere otra dimensión y cada nuevo artefacto sonoro de este marco conceptual debe ser tomado con una cierta perspectiva, como el icono amarillo ese de una ceja levantada y la mano en la barbilla (o parte inferior del círculo, mejor dicho). El caso es que Mamá Ladilla, con Juan Abarca al frente, ajeno o no a todo este cacao, se ha marcado otro disco de estudio, titulado Exhuma y Sigue con que el nutre de doce nuevas coplas su henchido repertorio que ya supera el centenar de temas. No es poco.

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