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Guardafuegos – Lo Que Tenga Que Ser

Como ya sabéis, en RockSesión no solo fijamos los ojos y, en este caso, los oídos a lo que podríamos denominar ‘equipos de la Superliga’, por traer el símil de actualidad, sino que sabemos que la grandeza de nuestro rock, de la música en general, viene determinada por todas esas bandas que, sin grandes delirios de grandeza, ensayan con la misma ilusión o más del que se sabe que va a estar en casi todos los festivales, que va a vender discos contados por miles y cuyos videoclips y reproducciones se computan por cifras mareantes. He de confesar que me gusta. Y les suelo dedicar el mismo tiempo y atención de escucha. Es lo justo, es lo cabal, es lo necesario y lo más honesto. Aunque sea consciente de que ese tiempo ‘invertido’ (el mismo, escaso siempre y buscado con calzador entre el resto de tareas) no se traduce en el mismo número de visitas, clicks, lecturas… Pero, insisto, no todo se mide en cosas cuantificables. O, al menos, no es mi mundo ese. Por eso, más allá del análisis de las obligadas referencias que todos esperáis, me gusta dejar esa puerta abierta a esos grupos con encanto, como es el caso que nos ocupa hoy con los tarraconenses Guardafuegos. Debutaron en 2016 con un EP homónimo y dos años después publicaron Mientras Todo Cambia. Ahora llega Lo Que Tenga Que Ser.

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Los De Marras – Peligro Esperanza





Que la música cumple una finalidad determinada es algo tan intrínseco al concepto del arte en sí mismo como un aprendizaje que uno incorpora a la escucha de los discos a poco que se toma el asunto medianamente en serio. Los hay que optan por la búsqueda de la melodía y canción perfecta y lo más cercano posible al canon de belleza platónico. Los hay que buscan hacerla lo más estruendosa posible para que su mensaje contestatario lleva su dosis plástica de rabia. Los hay que buscan rondarle a su enamorada musa ficticia con los más arrebatados versos de amor y desamor, de engaño y desengaño, hasta el fin de los tiempos. Hay quien, en una henchida capacidad trascendental busca trascender a su propio tiempo con obras que persiguen la atemporalidad del genio inalcanzable. Los hay que buscan el verso perfecto a sabiendas de que nunca van a logarlo. Los hay que encuentran emociones universales a partir de experiencias individuales. Tantos ejemplos. Las canciones, siempre las canciones como latido. En esa infinita casuística, el caso de Los De Marras jamás podrá engañar a nadie. Escuchar a Los De Marras es coger un corazón, meterlo en el reproductor y darle al play. Todo lo que escucharemos será pura transparencia. El mayor o menor grado de visceralidad, la mayor o menor cantidad de poética vendrá determinado más por el estado de ánimo en el que fueron escritas las canciones que en un intento impostado de nada. Con ellos no hay ni trampa ni cartón. Eso es así desde su nacimiento y el público ha sabido verlo en una última década de escalada progresiva. Peligro Esperanza bebe del mismo caldo que todos sus discos. Si Surrealismo era hijo de la crisis inmobiliaria y Reamanecer era el primero nacido de las mieles del éxito, Peligro Esperanza lo es del crack covídico. Y, frente a eso, lucha almada con sello Los De Marras: superación, energía, valor, mirada social, caer para emerger y respeto a los que no están. Si toda música tiene una finalidad, la de Los De Marras es contagiar vida, por muy jodida que sea en ocasiones.

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Crim – 10 Anys Per Veure Una Bona Merda

Estamos habituados a ver a las bandas y artistas una y mil formas de celebrar ‘las cifras importantes’. Desde la respetable decisión de no hacer nada (no hagáis caso, el 99% de estos casos es porque se les ha pasado la fecha), pasando por giras conmemorativas en las que se interpreta un repertorio especial (opción descartables en estas covídicas fechas que se resisten a irse a tomar viento de una vez por todas), álbumes recopilatorios con o sin material inédito (de aquellos tiempos en los que se vendían discos, unas cosas redondas que se mete en un reproductor), la combinada de estas dos o lo que viene a ser un directo conmemorativo (casi siempre con invitados, así te aseguras el lleno de la sala o recinto y un glamour que luego ayuda a vender más discos), hay grupos que optan por sacar un disco de canciones inéditas (por aquello de demostrar que no se vive del pasado ni de la nostalgia y que la llama sigue encendida para doblar la cantidad de años alcanzados en cada caso), los hay que se marcan un divertimento de hacerse un disco de versiones, recuperar rarezas… En fin, lo que viene siendo una panoplia casi tan grande y amplia como la carta de colores de una tienda de pintura. En el caso de los tarraconenses Crim podemos decir que se han marcado una vía mixta pero infrecuente en sí misma. Acostumbrados a cantar en catalán, el grupo ha cogido diez temas de su discografía y lo han regrabado en inglés dos veces. En un cedé con ellos solos y en el otro con una decena de bandas invitadas, muchas de ellas internacionales, como The Toy Dolls, Bad Co. Project, Sven Sucker, Violets, Angelus Apatrida, Lion’s Law, The Movement, Deadyard, The Good The Band and The Zugly, The Gundown, Serpent, La Inquisición o The Baboon Show. Y también con un concierto en streaming gratuito donde el repertorio fue elegido por votación popular de entre toda su discografía. Lo importante es seguir, sin duda. Felicidades.

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Eva Ryjlen – Onírica

En esa memoria musical que uno se va haciendo con el paso de los años en esto de los rocanroles, Eva Ryjlen la llevo siguiendo por un motivo tan aleatorio como inolvidable. La noticia del lanzamiento del tercer disco de su anterior banda, Idealipsticks, fue la primera publicación que realicé cuando cogí los mandos de la redacción de la página web de Rock Estatal, allá por febrero de 2013. Aquel dúo, en el que se acompañaba de Jave Ryjlen, venía de publicar Radio Days en 2009 y Sins & Songs en 2010 y, el caso en cuestión, lanzaba Humanimal en aquel momento. Dos años después, en 2015, llegaría Surreal as Reality, mientras que la despedida del grupo tendría lugar en 2017, con un concierto final en su Guadalajara natal en el mes de septiembre. Dicen que para poder crear arte contemporáneo hay que conocer primero las bases canónicas y clásicas. Algo así ocurre con la carrera de Eva, puesto que si en el grupo se viajaba por el rock and roll, el garaje, el blues rock, el punk blues o el glam, con una evolución cada vez más contemporánea y libre, en 2018 empezó un camino en solitario todavía más libre para el que, además, decidió pasarse al castellano con su debut en Violencia Posmoderna. Dos años después de aquel lanzamiento, Eva pensaba que se había acabado la inspiración y las ganas de preparar nuevo material, hasta que, en pleno confinamiento, comenzó a despachar letras y melodías a una velocidad inusual, vaciándose por dentro y reflejando en las canciones un catálogo de seres y estares de lo más variado y completo, casi quizá como todos esos altibajos que la situación desconocida provocaba. Y es que no hay nada mejor que agarrarse a la música cuando el resto del mundo te da la espalda o se derrumba.

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Motxila 21 – Ama Lurra. Madre Tierra

En Navarra se respira tanto el rocanrol que hasta la Asociación Síndrome de Down de Navarra tiene entre sus principales herramientas inclusivas una banda llamada Motxila 21. Un nombre que os sonará desde hace un tiempo (realmente es un proyecto nacido en 2005 y que renueva su estructura con el paso del tiempo) porque referentes como Kutxi Romero de Marea o El Drogas han colaborado en con ellos (también El Piñas, Ara Malikian, Fermín Muguruza, Jesús Cifuentes, Fito Cabrales…) y, a través de Enrique, también aparecieron en Un País Para Escucharlo en la visita que Ariel Rot hizo a la región. Lo cierto es que dicha banda, formada por una quincena de chicos y chicas síndrome de down. Y evito el ‘con’ porque hay que recordar que el síndrome no es una enfermedad, sino una alteración genética del cromosoma 21 y, de ahí, el número que aparece en la cabecera de la banda. Guitarras, voces, batería, bajo, sección de saxos… La música con todo su carácter inclusivo ha vuelto a hacer de las suyas para el nuevo álbum de Motxila 21, que viene a suceder al EP No Somos Distintos. Y como la experiencia es la mejor manera de sentir el dolor de la discriminación y la importancia de inculcar buenos valores, Ama Lurra está lleno de canciones que cantan por el respeto al medioambiente, a la integración, al amor, al compromiso social y al feminismo. Un disco que tiene la nobleza de la ausencia de segundas intenciones y que es en sí mismo un puro ejercicio de celebración y alegría. Con ese espíritu, nos unimos al canto de Motxila 21 y su Madre Tierra.

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Mon Laferte – Seis

Aunque desde que abrimos las puertas de RockSesión la cantante y artista chilena ha publicado otros cuatros discos de estudio previos: Tornasol en 2013, Mon Laferte, vol. 1 en 2015, La Trenza en 2017 y Norma en 2018, además del directo Sola Con Mis Monstruos en 2020, no ha sido hasta entrar en Seis, su nueva referencia discográfica, cuando decidí que ya era hora de que entrara por la puerta grande en esta casa. Aunque entre 2012 y 2014 tuvo dos escarceos con el heavy metal (Abaddon y Mystica Girls), la conocí con el álbum de 2015, después de ‘tropezar’ con ella en YouTube. Un disco en que recordaba el estilo de la música que escucha su abuela (de hecho ‘El Cristal’ está dedicada a ella) y de rocambolesca historia para su grabación, puesto que tuvo que andar con enganches de electricidad y con ayuda de sus amigos. Una revisión latina de la canción pasional, con alma de rock, con mucho de soul y swing y una actitud desbordante y cantinera que encontró en ‘Tu Falta De Querer’ su explosión más certera llegando al metal de ventas en México (donde reside) y Chile (país de origen). Fue a partir de ahí cuando llegarían las grandes inversiones posteriores, las colaboraciones de Juanes (‘Amárrame’) o Enrique Bunbury (‘Mi Buen Amor’) y las cifras milenarias se multiplicaron, también alcanzando Perú, Ecuador y Colombia. En su entrega pretérita se lanzó a un álbum conceptual, narrando las fases del amor… desde el ‘Ronroneo’ inicial, desbordante de sensualidad, hasta la decisión de la ruptura de ‘Funeral’ y el adiós de ‘Si Alguna Vez’. Todo ello con la visceralidad y entrega marca de la casa. Así, ahora nos llega Seis, un disco que no se presenta como temático o conceptual per se, pero que bien podría serlo: el simbolismo poderoso de la mujer con una fina capa de ironía que se desliza también en cierta crítica al neoliberalismo y una forma de amar y cantar tan intensa que traspasa la piel. Sin duda es ya la mejor artista femenina de toda Latinoamérica en nuestros días.

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Zoo – Llepolies

Cuatro años han tenido que pasar para contar con el tercer larga duración de los valencianos Zoo, si bien por el camino han ofrecido algún que otro single, incursión al castellano incluido, o un disco y deuvedé en directo. La banda de Gandía publica su nueva colección de Golosinas, que eso significa Llepolies, donde demuestran que la pujante energía de los comienzos se ha transformado en una mayor dosis de sabiduría, de meditación, de trabajo de los temas que los ha multiplicado en arreglos, melodías y armonías vocales para ofrecer esa expresión tan manida de las hojas de promo o de las críticas que es ‘su disco más maduro’. La excepción confirma la regla, aquí sí es cierto. Quizá porque las circunstancias también habían obligado a ello. Porque si ya la banda se lo tomó con calma de inicio, puesto que comenzaron a trabajar ideas y canciones cinco meses después de concluir su anterior gira, el parón pandémico frenó el proceso algo más, lo que ha servido para ese reposo ya premeditado y, también, para trabajar con más calma en esta aventura por la autogestión global de la edición, fabricación de vinilos, merchandising y todos los aspectos relacionados con el grupo. Como resultado, una colección de canciones que, como esbozaba, parecen rechazar el golpeo inmediato y efectista, urgente, de los primeros dos discos (y eso que a Raval ya le llovimos flores y lo incluimos en nuestras medallas a disco del año en aquel 2017), para ahondar con profundidad en sus propios registros. Electrónica, sí; espíritu combativo del rock, sí; melodías mediterráneas y latinas, sí; pero también manejo de dinámicas con un mayor sentido de la musicalidad y del arte, redondeando así una propuesta sólida y de, pese a todo lo dicho, fácil escucha.

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Travis Birds – La Costa de los Mosquitos

Es posible que ya la conozcas con gran probabilidad de que sea por alguno de estos motivos. El primero, que te prendaras de su single ‘Coyotes’, elegida como cabecera de la serie El Embarcadero. El segundo, que lo fliparas con la forma de interpretar la continuación de ‘19 Días y 500 Noches’ en el tema escrito por Benjamín Prado, ‘19 Días y 500 Noches Después’, para el disco de homenaje a Joaquín Sabina, Ni Tan Joven Ni Tan Viejo. O que, más reciente, la hayas visto pasar por La Resistencia de David Broncano hace tres semanas. Y si no, me sentiré satisfecho si tengo el honor de que sea a través de estas líneas. Porque si lo haces con la misma atención, dedicación y seriedad con la que los niños juegan es muy posible que no seas la misma persona al terminar de escuchar el segundo disco de Travis Birds, La Costa de los Mosquitos, publicado a través de Calaverita Records (de quien ya elogiamos aquí su apuesta por Tanxugueiras, Balkan Paradise Orchestra o Cromática Pistona). Porque igual que nadie se baña dos veces en el mismo río, como decía Heráclito de Efeso, la propuesta artística, narrativa y musical, delicada y pasional, que ofrece la cantautora madrileña es tan inmensa y bella que sobrecoge en cada uno de sus pliegues vocales y arreglos musicales minimalistas, hechos con un inmenso buen gusto, basados en esa premisa de contención que es el menos es más. Alma de desencanto rockero tamizado de folclore y modernidad. Términos que se han vinculado con frecuencia en los últimos tiempos pero que en Travis Birds encuentra la paz sin artificios, el arte sin la urgencia comercial. Un viaje tan salvaje como sereno, tan interno como desbordante, aumentando todavía más las positivas sensaciones de su debut en Año X (2016).

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TNT Band – Compañero

¿Os acordáis? Os intento resumir. TNT Band es esa banda gallega de la que os conté hace un par de años, con la crítica de su debut, Parte Colectivo, que lanzaron con apenas 16 años. Dos años antes, cuando el cuarteto tenía 14 años de media, el padre de uno de ellos me escribió porque les hacía ilusión que les diera unas cuantas opiniones sobre su maqueta. Bien. El tiempo pasó y aquellos adolescentes se estrenaron con un disco que se movía entre el clasicismo de AC/DC y con vertiente española entre la sabiduría de Platero y Tú y el descaro de los Tequila más gamberros. En aquel texto, firmado el 30 de enero de 2019, además de contar la historia que ahora os he resumido, lo despedía, a modo de nuevo acicate y deseo personal, diciendo que nos veíamos con el segundo disco. Y aquí está (aunque Correos haya tenido a bien hacerme entrega de él 14 días después de su franqueo desde Vilagarcía de Arousa). Con una estrenada mayoría de edad, Iñaki Fernández, Carlos Galbán, Manu Esperón y Sergio Di Natale dan un paso adelante con Compañero, titulado así en honor al Rocky, casi un quinto integrante de la banda porque, tal y como detallan en los agradecimientos, ha estado con el grupo desde el primer ensayo y vivió toda la composición y maquetación de este álbum. No deja de ser un pequeño detalle más, transmitido también en los textos del debut y de esta segunda entrega, de que TNT Band todavía respira una sana transparencia que le lleva a dedicarle el disco a una mascota, cantar contra el bullying, rendir honor a Federico García Lorca, a los enfermos de Alzheimer, a la diversidad sexual y por una vida con más ilusiones que lastres. Bienvenidos de nuevo, esta es vuestra casa.

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Adiós Caballos – Otoño

Corría el año 2005 o 2006 (no lo recuerdo con exactitud) cuando en el canal de televisión en el que trabajaba entro uno de tantos operadores de cámara que hacían sus prácticas unos meses, saliendo como uno más con los redactores de turno. Uno de ellos resultó ser baterista de una banda llamada At Least y por las conversaciones que teníamos en el coche de aquí para allá cuando me lo asignaban, me acabó regalando un cedé de la banda. Una demo en la que se notaba una marcada influencia grunge y nirvanera que no iba del todo conmigo pero que, por aquello de hacer patria, llegué a ver incluso en directo alguna que otra vez (no sé si por la sala El Rockero o por la Génesis, la memoria no me da para tanto). El caso es que dicha banda decide echar la persiana allá por el año de 2010. Que aquella demo acabaría siendo elegida como la mejor aquel año por Mondo Sonoro. Algo así como unos siete años más tarde, como si de la maldición de un gato o un espejo roto se tratara, tres de aquellos integrantes (curiosamente, el operador de cámara ya no) vuelven a reunirse a tomar café, a recordar viejos tiempos, a hablar de música, a compartir nuevos gustos, discos… y, finalmente, volver a retomar los trastos con la acertada decisión de pasarse al castellano (si ya es difícil la escena local, creo que lo es más si cabe cuando hay una especial cerrazón con el idioma) y dar una vuelta de tuerca a la distorsión y la estructura formal de las canciones con Adiós Caballos. Aunque el poso de los noventa sigue presente, hay una suerte de evolución hacia un post hardcore estiloso y un screamo contemporáneo que lleva al límite sensorial las angustiosas letras de la banda que apuntan aquí su segundo EP, por cierto editado también en casete con el primero (Llora) por la otra cara.

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