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El Drogas – Solo Quiero Brujas En Esta Noche Sin Compañía

 

Que Enrique Villarreal ‘El Drogas’ estaba hecho de otra pasta los sabemos los seguidores del rock y de su música desde que empezáramos a reconocer su inconfundible voz en los discos de Barricada y que viéramos su enjuta figura retorciéndose con el bajo. Primero con la larga melena, después con las rastas, las gafas y esa imagen tan señorial y caballera que genera el choque de las dos neuronas de las mentes más encorsetadas y cuadriculadas. Él era el gran responsable de los conciertos kilométricos de 40 canciones de la citada banda. También de ir cuidando cada vez más los proyectos, hasta derivar en el intenso trabajo de investigación y gran edición del imprescindible La Tierra Está Sorda, un disco que viene hoy muy ‘al pelo’. Tampoco como El Drogas se limitó a lo sencillo. Sacó un disco doblado en versión eléctrica y acústica. Después un directo de doble CD y doble DVD que recogía parte de una jornada mítica de cinco horas de directo en su Pamplona, ciudad que debería tener ya una avenida a su nombre, aunque él no quiera. Con este disco, se empezó a hablar de un triple CD (siempre tuvo querencia por el número 3, es una de las preguntas que me gustaría hacerle –si accede- cuando venga al Teatro Cervantes de Almería el próximo enero), pero… El Drogas rompió el molde al nacer. La cosa se fue calentando y se nos fueron a 42 canciones de una tacada. Una auténtica rareza en tiempo en los que ya funciona el single inmediato… si es que se escucha entero.

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091 – La Otra Vida

 

Es lo que tienen las giras de regreso que tanto critican los haters de cualquier cosa. Que, en muchas ocasiones, acaban despertando el gusanillo de los viejos tiempos, de querer seguir aprovechando las buenas sensaciones (si es que se producen) y prolongar en el tiempo esa vuelta a las andadas. Todo eso se reúne en 091. La banda granadina siempre ha sido un referente constante en esta casa, por las vinculaciones sanguíneas que tantas veces he comentado. Los conocí gracias a ese Último Concierto al que mi hermano le daba tantas vueltas y en 2016 me pude quitar la espina de verlos en directo gracias a la Maniobra de Resurrección. Demonios, qué gustazo. Y se lo han tenido callado. Porque resulta que esa gira dio pie a la decisión de los cinco ceros (José Ignacio Lapido, José Antonio García, Tacho González, Víctor Lapido y Jacinto Ríos) a seguir adelante, a permitirse el lujo de grabar un disco de canciones nuevas, 25 años después de su último Todo Lo Que Vendrá Después. Primero había sacar los comprometidos discos en solitario de José Ignacio y José Antonio… pero ya están aquí. 091 empiezan La Otra Vida, la que comenzaron con su triunfal reinterpretación de Lázaro. Con menos penurias y con las cosas más claras. Se lo han ganado a pulso. Y lo vuelven a demostrar una vez más. Coherencia, humor negro, guitarras furiosas, melodías pop y canciones sin la más mínima fisura ni borrón. Todo un ejemplo a seguir.

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Quique González y Luis García Montero – Las Palabras Vividas

 

No es que tenga una variedad de registros infinita, pero sí que es cierto que una de las muchas características de la carrera discográfica de Quique González es la de no dar más de dos pasos en una misma dirección. Miren la lista de su ya amplia y envidiable discografía… Del rock eléctrico al carácter intimista, del abrazo al sonido americana y Nashville a la compendiosa naturaleza de su anterior entrega de estudio (Me Mata Si Me Necesitas). Todo ello con la dificultad de mantener una seña de identidad propia, reconocible, casi tangible. Tras una exitosa y cuantiosa gira, que le ha recuperado incluso en el ámbito festivalero donde la música y los matices, curiosamente, no suele ser lo más importante, Quique González da una nuevo salto hacia delante uniendo fuerzas con el poeta y escritor Luis García Montero, tan vinculado por otra parte al mundo de la música. El madrileño pone las partituras y el granadino los textos. Sin instrucciones previas ni trabajos de corrección posteriores. Admirando el trabajo del otro y respetando su naturaleza. Bendito experimento creativo para dos artesanos de ambos oficios. No podía salir nada malo de ello. (No como con Lou Reed con Metallica, que se veía venir). Las Palabras Vividas es un álbum de largo alcance y recovecos infinitos que tocar. De estancias ocultas entre el olor a madera de la música y el sabor que empaña los ojos por los versos.

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Lagartija Nick – Los Cielos Cabizbajos

 

No ha habido que esperar demasiado para que Lagartija Nick regrese con nuestro trabajo discográfico tras Crimen, Sabotaje y Creación (2017). Atrás quedan los largos seis años de secano tras Zona de Conflicto (2011). Y la respuesta del porqué de esta inquietud tiene el nombre de un Arias bien definido: Jesús (ideólogo del Omega con Enrique Morente, ya saben). Su fallecimiento inesperado en esa maldita tarde en la que nunca apareció a comer por casa de sus padres ha dado alas a un Antonio Arias, siempre devoto y orgulloso del impulso creativo de su hermano. Si en la anterior entrega ya se recogían muchas ideas esbozadas por Jesús, como ese fantástico ‘Exilio/Adagio Súbito’, entre otras, pasando por las versiones de Qüasar ‘Europa, Europa’ y ‘Agonía, Agonía’, ahora todo ha sido mucho más intenso, meditado y cuidado al extremo. Cientos de notas, partituras, demos y apuntes para este Los Cielos Cabizbajos, autodefinido como “un poema sinfónico de Jesús Arias interpretado por Lagartija Nick”. Firma todas las letras y muchas de las composiciones musicales, apoyado la mayoría de las veces en José Ángel Arias y otras en David Montañés y el propio Antonio. Arreglos orquestales para una partitura de guerra y desolación. Ambientación a cielos grises, a dolor por la muerte impuesta. Obsesiones constantes en una obra conceptual que solo podía ejecutar Lagartija Nick.

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Rubén Pozo y Lichis – Mesa Para Dos

 

Aunque se conocían desde finales del pasado siglo, la cosa se puso seria el verano pasado. Primero ‘se cataron’ en escena. Fue bien. Se emprendió una gira mucho más duradera. Fue mejor. Había que dar continuidad en el tiempo al proyecto y qué mejor forma que el de plasmar esa complicidad manifiesta en un trabajo conjunto en este Mesa Para Dos, el título con el que se inició todo… Rubén Pozo y Lichis conocieron las mieles del éxito popular (entendamos que hay muchos tipos de éxito y nunca para todos tiene por qué ser el mismo) en sus respectivas formaciones anteriores. En ambos casos era para celebrarlo porque, por qué no decirlo, era una rareza en sí misma: música de calidad sonando en las radiofórmulas y en todos los bares de copas del país. Pero ser íntegro y hacer lo que uno cree es el camino más rápido hacia la soledad. Los dos iniciaron un difícil camino en solitario que perdió la atención del circuito y de los que hay que darle todo mascado. Uno porque no tenía ‘el glamour’ del partenaire. El otro por ser poco menos que un traidor y esquirol de la causa que tanto divertía. Pero las canciones seguían llegando en fantásticos trabajos en solitario. Dos nacidos catalanes con alma madrileña comparten mantel en el estudio y el resultado, empecemos por lo doloroso, es insultantemente corto.

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Lujuria – Somos Belial

 

Siete años ha tardado Lujuria en volver a ofrecer a sus seguidores un nuevo larga duración, si bien el tiempo sin tener material nuevo que echarse a los oídos no ha sido tanto, teniendo en cuanta las versiones o colaboraciones en las que se ha podido escuchar a Óscar Sancho o, incluso, el EP de cuatro temas Esta Noche Manda Mi Polla (que incluía dicho tema homónimo, ‘Mi Primer Condón’, ‘Ménage À Trois’ y ‘Mil Dudas Me Asaltan’). Eso sí, nada de aprovechamiento, ninguna de esas canciones, publicadas en 2015, han sido incluidas ‘como relleno’ en este Somos Belial. Dicho con el mayor de los cariños que le tengo a ambas bandas, reconocido públicamente, Lujuria vienen a ser los A Palo Seko del heavy metal. No terminan de sonar siempre bien, Óscar no es un virtuoso de la técnica vocal (aunque quizá sí lo sea si tenemos en cuenta que exprime al máximo sus justas facultades), quizá sus textos no son un ejemplo de creatividad literaria… pero tienen los corajes (por no utilizar el término en  cuestión) en su sitio, defendiendo con fe ciega lo que hacen, trasladando un mensaje claro de libertad desde hace 30 años y con una enconada defensa constante, no de su cabecera, sino del mundo del heavy metal y del rock independiente contra viento y marea. Por eso, el carisma suple cualquier carencia y por eso es una banda de las más queridas de la escena.

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Eveth – Puerta Áurea

 

Compartía hace unos días en twitter uno de esos miles de memes que uno se encuentra por redes sociales. Venía a explicar los varios de los distintos subgéneros del metal haciendo una comparativa en torno a la bestia. Decía, por ejemplo, que en el viking metal “mueres luchando contra la bestia para ir al Valhalla”, que en el speed metal “cabalgas sobre la bestia”, que en el folk metal “vives con la bestia en el bosque” o que en el death metal “tú eres la bestia”. Bien, en esa terminología sencilla pero clarificadora, encontramos la expresión máxima de las nuevas intenciones de Eveth, que sigue forjando y mejorando su propuesta en esta cuarte entrega, a base de canciones de heavy metal clásico y power metal melódico. Esto es, “aceptas que hay una bestia” y “vives para luchar contra la bestia”. Y eso es lo que esconde la Puerta Áurea, y solo un vistazo a los títulos lo dejan bien claro: ‘Los XII Caballeros’, ‘Por Convicción’, ‘Entre Las Sombras’, ‘Cruzado’, ‘Ker’, ‘Skål’ o ‘Guerreros de Odín’ (mucho de Valhalla en estas dos). No engañan a nadie, ofrecen lo que prometen y dan lo que quieren ofrecer. Riffs y ritmos clásicos, melodías vocales con grandes fraseos y estribillos explosivos. Eveth pelea para adelantar líneas en el frente del heavy metal y el objetivo está bien conseguido con un disco que apenas presenta fisuras.

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Dünedain – Memento Mori

 

Siempre he defendido que el heavy metal es uno de los géneros musicales, al menos en nuestro país, en los que más difícil es despuntar y, quizá por ello, donde más se percibe la inexperiencia, la falta de medios o, sencillamente, la falta de técnica o precisión en la ejecución. Lo es porque exige mucho más que un rock urbano donde cualquier voz es válida (ya dijo Molina aquello del “raca, raca”), que un punk donde prima el humor corrosivo, o el hardcore donde la velocidad también esconde las posibles carencias. En el heavy metal, con querencia también al power melódico, es mucho más complicado ‘salir del paso’. Las melodías vocales y sus armonías, los agudos, la combinación de riffs pegadizos con el equilibrio con los solos de guitarra, las bases rítmicas… Insisto, cuando una de las patas del banco flojea, es donde más se nota el escenario de cartón piedra. Por eso, si echamos un vistazo a los carteles de los últimos 15 años y también a los números, nos encontramos que la primera línea sigue siendo prácticamente la misma. Que es un mal endémico ese, sí, pero aquí se nota más. Desde hace ya más de una década siempre cité a Dünedain y Zenobia como las dos bandas que por sonido, por canciones, por hechuras, llamaban a esa puerta (aunque la puerta del metal hace años que cambió a Latinoamérica, donde se sigue manteniendo esa pasión). Y Memento Mori viene a confirmar esa creencia. No tenían nada que consolidar ni demostrar, pero a cada paso que dan es más evidente que ellos ya son Champions League.

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Nativa – Nativa

 

Cuando entrevisté a Pablo Sánchez para el tema de portada de la revista Rock Estatal, con motivo de la despedida de La Raíz, antes de su parón indefinido, le pregunté si ese parón significaba una retirada total de ‘la música y la creación’. Su respuesta ya dejó entrever cuál sería el futuro a medio plazo: ¿el parón descarta que, a partir de 2019, alguno de los componentes de La Raíz, si lo desea, pueda embarcarse en un proyecto musical en solitario o diferente?: “El parón no descarta nada. Es imposible que estos once componentes dejen de hacer ruido. Es imposible que dejemos la música, ya se ha convertido en nuestra vida y no podemos elegirlo. Desde la mañana a la noche muchos de nosotros tenemos ganas de hacer música, lo hemos hecho durante La Raíz y lo seguiremos haciendo, lo que no somos capaces de responder es hasta qué punto se convertirá eso en un proyecto al margen o seguirá canalizándose hacia la banda. Dejamos todas las puertas abiertas”. Y por esas puertas, el primero en aparecer fue el guitarrista Juan Zanza con Valira. Después supimos que Julio Maloa se embarcaba en Boikot. Y que Felipe Torres hacia lo propio en Fukushima. Los últimos en dar noticias son Nativa, que reúne a buena parte del conjunto original. Adri Baus (bajista), Xavi Banyuls (trombón), Edu Soldevilla (guitarra) y Sen-K y, de nuevo, Julio Maloa en las voces. Nos faltan todavía algunos, entre ellos los vocalistas ‘Pancho’ y Pablo Sánchez… Aunque del segundo pronto tendremos noticias. Por el momento, vamos con Nativa.

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Kaos Urbano – Suburbiales

 

Camino de los 25 años, los madrileños siguen en el campo de batalla que, para ellos, no es otro que las calles de las ciudades. Y cuanto más Suburbiales, mejor. Porque con Kaos Urbano no hay más verdad que aquella que les hizo nacer en 1995, recogiendo en una banda de amigos todas las inquietudes de una juventud de extrarradio oprimida y apresada. Lo que a buen seguro no podrían imaginar es que, pasadas dos décadas, serían una de las bandas referenciales del rock combativo. Ese que se riega con tragos de street punk y que patea los ritmos con cadencia del oi y la potencia del hardcore. Eso sí, igual que los grupos de rock poeta evolucionan con el paso de los años aminorando la velocidad y atemperando las formas en sus carreras solistas, en el caso de bandas como Kaos Urbano la evolución viene de la mano de una mayor ‘accesibilidad’ en el envoltorio. También ayuda la mejora del sonido, la democratización de los medios tecnológicos… y el aprendizaje. Lo que antes sonaba a rayos, a corteza, a rudo, ahora suena más empacado, pulcro, melódico. El eterno debate entre la autenticidad o la edulcoración. Algo bastante superado por una banda que nunca ha escondido su cierta inquietud por añadir nuevos sonidos, por buscar nuevas fórmulas, teniendo clara que su base y su público potencial quiere vitorear sus canciones con el puño en alto.

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