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Lunavieja – Lunavieja

Llevaba un tiempo sin dar estopa de la buena y esta semana se me ha cruzado por la escucha de novedades pendientes el debut de esta banda malagueña, que no por ello de músicos noveles, llamada Lunavieja, que viene con una propuesta que no es que derroche originalidad en su concepto, pero sí que conquista con la precisión y accesibilidad de una ejecución tan sombría. Cogiendo como preceptos todos los arquetipos básicos de la brujería, los aquelarres, las tradiciones oscuras, la botánica, el folclore y las narraciones antiguas con recitados solemnes y algún que otro alarido y hoguera por el camino, Lunavieja presenta una suerte invocación – introducción inicial y siete cortes en los que la melodía de guitarra y la base rítmica te lleva con bastante seguridad por tramos que, partiendo del doom, se mueven entre la psicodelia, el stoner o, sencillamente, un metal denso y opresivo. Por si fuera poco, a su alineación de power trío (bajo, guitarra y batería) sumaron a un cuarto elemento que se sumó para aportar teatralidad en las voces y, además, también se encarga de sintes llenos de penumbra y más atmósfera. Cuelguen de sus altavoces un poco de estramonio y beleño, o tómenla en infusión, que se sabe cómo se entra en el bosque simbólico y bestiario de Lunavieja pero otra cosa es encontrar la salida entre tanta turbiedad, surrealismo y mística. El pasadizo ya está abierto. Play.

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Sexy Zebras – Calle Liberación

Cuando uno nace en el corazón del barrio de Hortaleza, donde nació Luis Aragonés, Porretas, Radio Enlace o la bodega Cobela, donde Robe iba a llevar su primera maqueta de Extremoduro hace más de treinta años, donde se podían recorrer otros bares como Cendejas, Templo Rock o el viejo Quinto Pino, donde estaban los locales de ensayo Papi por donde desfilaron, entre otros, Leño y Obús, y están los estudios Oasis, pues es normal que si te da por hacer un grupo la cosa salga bien de autenticidad y ganas de marcha y distorsión. Es lo que ocurrió hace 17 años con Sexy Zebras que, por más que intentarán rebozar su música de algunos clichés más modernos que les ha llevado a ser incluidos en festivales de corte ‘indie’, han llevado siempre dentro un poco de ese toque urbano más cazallero y visceral que también les ha hecho estar presentes otro par de años, por ejemplo, en Viña Rock. (Pocos grupos me vienen a la cabeza que en el mismo año hayan tocado las dos ‘vertientes’ carteleras, DMBK es quizá el ejemplo más cercano en el tiempo). El trío, que sigue contando con sus fundadores Gabriel Montes (bajo y voz) y José Javier Luna a la guitarra, y que incorporó al hermano del segundo, Jesús, tras la salida del baterista Samuel Torío, toma la calle del barrio para reencontrarse con muchos de sus elementos iniciales para sumar a su descaro una buena dosis de sinceridad y visceralidad más personal que impostada. La crudeza de títulos provocadores da paso a la apertura más sincera y nos ofrece un disco de rock, puro y crudo, con mucha distorsión, bases contundentes y una paleta de sonidos todavía más genuina que en la de álbumes anteriores. A morder.

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Diego Vasallo – Caemos Como Cae Un Ángel

Aunque la popularidad tiene el ominoso poder de oscurecer y, por tanto, hacer invisible todo aquello que no está situado en el foco de atención, hay artistas que siempre han estado ahí, que siempre están, que no desfallecen. En esa travesía en el desierto hay quienes optan por esas ‘justificadas’ vueltas al pasado, promociones extramusicales, intentos de adaptar sus creaciones a las nuevas tendencias… Y hay otras personas que hacen caso a su pulsión vital y, lejos de pretender sacrificar su integridad o necesidad expresiva, siguen contra viento y marea, contra el silencio que los medios de comunicación somos capaces de ejecutar (algunos de manera consciente, otros porque no nos da el tiempo para escribir de todos los que nos gustaría). Diego Vasallo se encuentra entre los segundos. Desde que las mieles del éxitos y los discos de oro llegaran con Duncan Dhu, siguió su senda con la banda Cabaret Pop y, poco después, con su nombre en solitario. Una senda que podríamos definir de irregular, quizá por esa necesidad de búsqueda, como lo es cualquier trayectoria vital, por otra parte, y que viene cimentando con honestidad disco a disco y de manera especialmente visceral desde las últimas tres entregas, quizá desde la última década. Si Canciones En  Ruinas en 2010 ya anticipaba la entrada en una incipiente madurez, con Baladas Para Un Autorretrato en 2016 piso fuerte en su entrada en un rock oscuro, crudo, tenso, adusto en las formas y cruento en los textos. De manera indisimulada el árido Las Rutas Desiertas de 2020 fue otro soplo de arena en los ojos de sus oyentes. Era otro trueno más en la noche para seguir abriendo la grieta de una circunspección, de una falla que quiebra en poesía, voz y música, que alerta, como un Tom Waits nuestro, que Caemos Como Cae Un Ángel. Magistral disco.

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Santero y Los Muchachos – Royal Cantina

Como tantas bandas, los hermanos Escrivá, Miguel Ángel y Josemán, también tuvieron que ir adaptando sus planes sobre la marcha a la par que se iban desarrollando los acontecimientos y las incidencias de la pandemia. Con un excepcional Rioflorido como segundo trabajo discográfico, el grupo demostró en eléctrico todas sus capacidades melódicas y armónicas en su propuesta musical que podemos situar entre finales de los años cincuenta y principio de los setenta, pero que no por ello está exento de variedad, como ya ocurriera en su anterior entrega. Por el viaje tendremos el denominador común de country rock que no se achanta si tiene que tamizarse con aderezos de bolero, blues, ranchera y hasta algún arreglo celta… Ahora vienen con este disco doble, no por duración sino por concepto, en el que ofrecen su lado ‘continuista’ en la propuesta por la distorsión justa y el buen gusto en Royal y el lado más crudo, acústico y menos procesado de Cantina. Parece lógico que el grupo opte por mostrar sus dos caras y no rechace ninguna de ellas si tenemos en cuenta que el año pasado, dadas las circunstancias, decidieron apostar por un formato reducido y desenchufado para sus conciertos. De ese espíritu nos llevan a Cantina, canciones de bar… Pero es que Royal viene a ser lo mismo porque hay músicas e historias que salen por igual del corazón que de la confesión con un buen amigo en una barra. El mayor logro de esta doble concepción es que funcionan bien por separado pero, a la vez, podríamos intercalar los temas con total aleatoriedad que el resultado seguiría siendo igual de coherente. Siguen envidando a grandes, los Santero.

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Al Dual – Reel To Reel

Cuando un género o estilo musical te golpea de pleno en el corazón poco importa de dónde provenga el mismo o dónde hayas nacido tú. El caso de Al Dual (Alfonso José Martínez Martínez) es un paradigmático ejemplo de ello. El murciano es un referente mundial en lo que viene siendo mantener vivos los cánones de los primeros años de la música americana, desde el rockabilly, al country, al blues o al jazz, haciendo de ellos una mezcolanza con todos los sonidos primigenios del rock clásico. Tal es así que en su haber figuran varios prestigiosos galardones del género, siendo el primer artista europeo en conseguir ser elegido Mejor Solista Masculino Internacional en los Ameripolitan Music Awards, que se celebran en la ciudad de Nashville desde 1959, es elegido como miembro de la Segunda Generación de Artistas del Salón de la Fama del Rockabilly, fundado por Bob Timmers y además es artista oficial de la reconocida marca especializada en estas lides, Gretsch Guitars. Pese a todas estas credenciales, casi que tiene más mercado y conciertos en Estados Unidos que en España, donde comienza a querer hacerse un hueco haciendo que su inicial música instrumental pase a ser cantada, con el mismo estilo y clasicismo que todo lo que transmite con su guitarra que, por cierto, aprendió a tocar de forma autodidacta hasta que un día decidió coger las maletas y acudir a la cuna de la música que le apasiona. Tras varias grabaciones, incluso con el gustazo de grabar un EP en los míticos The Sun Records, Reel To Reel es su nuevo álbum completo, publicado el pasado viernes, 25 de marzo. Son diez temas donde despliega el abanico de sonidos con una presteza y autenticidad sin mácula.

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Reciclaje – Mágico

Aunque llevo ya más de diez años haciendo peticiones de tuitcríticas remember en Twitter los viernes, ha sido en los dos últimos cuando ya no era necesario que fuesen discos antiguos, con el objeto de que todo lo mucho y bueno o lo que está por descubrir recién publicado tenga también su espacio, ya que no puedo dedicarle crítica completa a todos los álbumes que quisiera. De esta forma, mucha de esas peticiones de los seguidores se ha convertido en un paso previo a aparecer en el escaparate de RockSesión como crítica completa. Recientemente pasó así con el último trabajo del autor asturiano Pablo Und Destruktion y, ahora, ha pasado con esta banda canario – peninsular llamada Reciclaje y que lleva ya casi diez años intentando hacerse un hueco en el rock and roll más clásico, de ese que tira tanto de influencias clásicas del genero como de su lado más popero. Rock, a secas, estiloso y que bebe de tantísimas fuentes reconocibles que creo que por ahí va un poco el nombre de la banda: asume, digiere y recicla pasajes sonoros que van de Burning y los Stones a Los Zigarros o Pereza, de Los Ronaldos a M-Clan, de Los Rodríguez a Buenas Noches Rose, de Sidecars a AC/DC. Solo con ver que la producción de su tercer disco corre a cargo del habitual de Loquillo en los últimos tiempos, Josu García, que entre las colaboraciones figuran Rubén Pozo y Javier Andreu de La Frontera, de quien escribimos la crítica remember del pasado viernes, no por casualidad, situamos el corte de una banda que tiene todos los ingredientes para lograr algo más de repercusión y reconocimiento. Tras Antes De Que Llegue, publicado en 2015, y Ven, Ven, publicado en 2017, llega ahora este tercer asalto, Mágico.

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Bauer – La Salvación

Tener que cubrir la programación de actividades culturales de mi ciudad y los conciertos de Cooltural Fest (los dos últimos años con sendos ciclos de más de treinta eventos cada uno) ha acelerado el ir descubriendo con frecuencia nuevas bandas a las que ir siguiendo la pista. Una actitud incorporada ya de por sí, pero que viene facilitada en este caso por ‘el proceso inverso’: verlos en directo y después esperar su siguiente lanzamiento. A los malagueños Bauer, capitaneados por dos hermanos de madre alemana (es de su segundo apellido de donde toman el nombre de la banda), Gabriel y Lucas Bauer, encargados de voz y bajo y teclado y coros, respectivamente, con Abel Asensio en guitarras y coros y Fernando Gallardo en baterías y percusiones, les vi en agosto del pasado año en una de las líneas de actuación del ciclo de conciertos de Cooltural Go!, denominada Ruta Gastromusical y que viene a ser una actuación ‘callejera’ en un punto en el que hay numerosos bares alrededor, además de incluir una degustación de cortesía. Pese a lo adaptado del formato, más íntimo y orgánico, Bauer me convenció y tomé buena nota de que estaban cerca de publicar su nuevo trabajo discográfico, el tercero, que finalmente ha visto la luz hace hoy casi cuatro semanas exactas. Un álbum que, dadas las circunstancias pandémicas, ha sido más repensado y meditado que nunca y que nos ofrece a un grupo muy seguro de sus posibilidades, abierto a matices intimistas y delicados como a estruendosos y enérgicos, con nombres como Mumford & Sons, Ben Howard, Kings of Leon o Bon Iver, foráneos, y Morgan, Fábula, L.A., Shinova o Bunbury / Héroes como ejemplos a seguir. La Salvación son trece cortes sin fisuras, emocionales y versátiles, que se aleja de modas, con una no pretendida sensación de atemporalidad.

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Los Punsetes – España Necesita Conocer

No es nada habitual que escriba de discos recopilatorios al uso pero en el caso de hoy haré una excepción por numerosos motivos. El principal es que, entre unas cosas y otras, en estos diez años no había traído nunca a la web a Los Punsetes (el quinteto está formado por Manuel Sánchez y Jorge García a las guitarras, Ariadna Paniagua a la voz, Chema González a la batería y Luis Fernández al bajo), una banda que me parece de lo mejorcito que podría encuadrarse bajo la etiqueta del ‘indie’, pero para mí, como numerosísimos casos ya explicados en su momento, son mucho más que eso. Sobre todo porque su humor corrosivo, su actitud en escena y la contundencia de muchas de sus canciones me hacen considerarlos más en ‘ese otro tipo de punk’ que no precisa del exabrupto ni la denuncia al sistema ni el abanderamiento de todas las ideas progresistas que uno pueda encontrar en el manual. Estuve cerca de traer ¡Viva!, de 2017 en su momento, pero la acumulación de álbumes pendientes hizo que me fuera imposible y se me hacía pronto traer a las críticas remember de los viernes el LPIV de 2014. Así que si ellos, con diecisiete años de trayectoria, han aprovechado su reciente entrada en el sello Sonido Muchacho (del bajista, Luis Fernández y donde están entre otros Carolina Durante y Airbag y los también notables Cariño, Depresión Sonora, Mujeres, Hinds, Kokoscha o La Plata) para reunir parte de sus mejores canciones en una compilación de lo más aprovechada y aprovechable (23 temas en 70 minutos), nosotros los servimos en el escaparate de esta semana para disfrute generalizado, con portada del amigo Joaquín Reyes de regalo, que ya les había hecho la de LP2.

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Despistaos – Ilusionismo

Después de escribir ayer de un álbum, en principio, tan fuera de la línea editorial como el Motomami de Rosalía, ¿cómo podría darle continuidad a la salida de tiesto o a la puesta de los nervios de los más puristas? ¿Qué tal trayendo a una de las bandas más acusadas de haberse ‘vendido’ dentro de nuestro rock? Un término que, por otra parte, siempre me recuerda a aquel tema homónimo de Evaristo que decía: “Nunca serás un vendido, tú nunca te venderás. Es porque a ti, ‘so cretino’, nadie te quiere comprar”. Pues sí, Despistaos ‘cometió’ la terrible falta de salirse de ‘lo establecido’ y hacer que su rocanrol inicial, entre lo poético, lo etílico y lo urbano, se abrazara primero a baladas melódicas, después a algunos matices country y, finalmente, melodías y arreglos más pop y edulcorados que sirvieron para hacerles ganar popularidad (y, con ello, bastante más dinero) pero perder puntos en la autenticidad que reglan los cánones de la integridad. Visto con perspectiva, el cambio fue gradual y coherente (¿acaso hay algo más coherente y honesto que acabar cantando aquello con lo que una banda se sienta más cómoda?) y tras un parón de seis años tras Las Cosas En Su Sitio y su regreso en 2019 con Estamos Enteros, han ‘sobrevivido’ a la pandemia, con más tiempo para escribir y dar forma a esta décima entrega, titulada Ilusionismo, donde quizá naturalizan más todas sus influencias y empacan más las formas al haberse grabado con toda la banda tocando a la vez y no por fases, para dar un resultado no tan crudo como el del debut, pero bastante disfrutable para los oídos más abiertos a terrenos más suaves.

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Rosalía – Motomami

Prometo que después de ‘desahogarme’ en su día con la crítica kilométrica de El Mal Querer en noviembre de 2018 e, incluso, con la de C Tangana de marzo de 2021, no tenía pensado volver a salirme tanto de guion en la línea, ya de por sí amplísima, de RockSesión. Al final, tras consultarlo con una encuesta no vinculante en Twitter este pasado fin de semana (en la que las dos opciones del ‘sí’ ganaron a las dos opciones del no por un 56,5 % – 43,5%) me lanzo a escribir unas líneas sobre el tercer larga duración de Rosalía tras el citado El Mal Querer y Los Ángeles, de 2017. Convertidas las redes sociales en una amplia barra de bar en la que todo el mundo suelta su granito de arena sobre cualquier tema sin preguntarse antes si va a aportar algo constructivo al asunto –no hablo ya siquiera de respeto, educación o conocimiento en la materia-, como bien sabréis y habréis podido leer cada vez que se ha compartido alguna novedad, un fragmento o un nuevo tema del disco, hasta su lanzamiento definitivo el pasado viernes, todo lo que hace Rosalía (convertida, objetivamente, en una estrella internacional admirada en todo el mundo con tan solo 28 años) parece venir aparejado a una especie de manteo público donde parece que quien hace la gracia más ofensiva es el que gana. Llamadme defensor de causas perdidas (algún amigo ya me lo decía desde hace muchos años) pero a mí esas cosas me siguen enervando porque es sano, lógico y respetable que no todo tenga que gustarte a algo por imposición promocional o por seguir la corriente del agua, pero de ahí a las faltas de respeto y a echar por tierra el trabajo de casi tres años de una artista que dice pasar 14 horas en el estudio hasta dejar cada arreglo como quiere y que cuando tiene que preparar una coreografía se pasa 4 o 5 horas bailando durante un mes y medio, pues qué quieren que les diga, prefiero a una persona que se esfuerza en ‘crear’ justo eso en ‘lo que cree’, que quien, con la excusa del no me gusta, ofende y ridiculiza.

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