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Quique González – Sur En El Valle

Siempre en movimiento pero siempre con los pies en el suelo, Quique González ha dotado a su carrera musical de una coherencia y línea clara sin que por ello signifique que se acomode en el continuismo o lo estático. Dentro de la aparente sencillez de los aspectos formales, cada uno de sus discos representa un paso más desde el tablero, como una reina que se puede mover en todas direcciones, pero de casilla en casilla, como un peón. Y es en ese equilibrio, entre la grandeza y la humildad, donde encontramos a la música del madrileño. Si se arropaba de una banda de rock más ‘al uso’ con Los Detectives en Me Mata Si Me Necesitas y sacaba su lado más lírico con ese poeta de alma rockera que es Luis García Montero en Las Palabras Vividas, para la siguiente entrega Quique confía la producción precisamente a un nuevo compañero de vivencias y experiencias. Toni Brunet, uno de los coproductores del anterior álbum, es quien comanda en este caso los mandos. Nuevas texturas dentro de una propuesta reconocible… Banda grabando a la vez, voz en primer plano, importancia del respiro, especialmente notable en las baterías, canciones que casi parecen esbozadas en su estructura, sin que por ello puedan camuflar el inmenso trabajo que hay detrás de ellas. Quique y los suyos vuelven a hacer un ejercicio de templanza, en el pleno sentido de la virtud platónica, que junto al coraje de buscar el verso idóneo y la sabiduría que da el no tener la necesidad de correr completan la totalidad concupiscible del alma. Y eso, como si fuera fácil, es lo que nos da cada disco de Quique. La esencia de un timbre imposible y personalísimo. La nostalgia en el punto de no retorno. El dolor congelado en su punto más bello. Al decimotercer álbum, lo vuelve a conseguir.

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Capitán Cobarde – Camino De Vuelta

Es incorrecto hablar del regreso de alguien que jamás se ha ido, pero sí que tiene mucho de reencuentro con el pasado el nuevo disco de Capitán Cobarde, que tiene desde el título una declaración de intenciones con eso de Camino De Vuelta. Tras un arrasador debut de rock poeta y callejero como Albertucho en Que Se Callen Los Profetas allá por 2004, llegaría dos años más tarde ese tratado de rock y rumba llamado Lunas De Mala Lengua, el toque más urbanita y anglosajón de Amasijo De Porrazos en 2008 y la semilla de la primera transmutación, en 2010, con Palabras Del Capitán Cobarde. Ese disco sembró una planta de la que nacería Alegría!, su paso sin ambages al folk de banjo, palillo y sombrero. El cambio fue tal que, como los grupos de radio fórmula que acaban detestando el éxito que les hizo populares, apostó por cambiar su nombre, por hacer una falla entre el presente y el pasado tomando su nombre definitivo como Capitán Cobarde. Bajo ese nombre llegaría un disco en directo en 2015 que intentaba terminar de dejar las cosas claras y un posterior Carretera Vieja en 2017 que ahondaba en esa línea. Pero no hay nada mejor que saber convivir con todas las caras de uno mismo y, en ese tránsito, desde hace un par de años, Alberto Romero empezó a encontrar un equilibrio sincero y natural entre todas sus capacidades artísticas y musicales. Emprendió un proceso de Camino De Vuelta, que vino cimentando single a single (hasta seis) en estos dos últimos años y que ahora se reúnen en este disco homónimo. Más allá de su mayor o menor popularidad, Alberto siempre fue uno de los grandes. Creo que muy por encima de varios de sus compañeros de generación. Por eso, que ahora ‘encuentre su propia paz’ con todas sus facetas es una satisfacción para todos los que hemos vibrado con su cancionero del pasado.

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Isabel Marco – Sin Domesticar

Suma y sigue la joven Isabel Marco en una carrera en solitario que, por el momento, no tiene visos de haber alcanzado techo. Tras foguear el rock más combativo y aguerrido con Insolenzia, aportando riffs y la parte más melódica, en 2018 comenzó un camino personal e individual en el que, bien rodeada, ha despachado ya tres discos y varios singles y proyectos alternativos (como el de grabar la misma canción en aragonés, asturiano, catalán, euskera, gallego y español). Una velocidad vertiginosa para poco más de cuatro años en los que también ha afianzado su directo tanto en la versión acústica (más intensa en los meses post confinamiento) como en la eléctrica, donde se acompaña de Los Rockanrolas, una banda que cuenta con músicos que han acompañado en momentos puntuales a gente como Leiva, Sidecars, Iván Ferreiro o La Sonrisa de Julia. Todo ello sin renunciar a su compromiso indeleble con las personas y con el territorio. Maestra y psicopedagoga, su conciencia social también lleva mucho de reivindicativo, no desde el panfleto, sino desde la acción, convirtiéndose también en un símbolo de lo que viene a llamarse ‘la España vaciada’ desde su origen en un pueblo turolense o sus residencias en pequeños pueblos de Zaragoza y Asturias. La modestia sincera de las primeras canciones y primeras grabaciones han dado paso en esta tercera entrega a un disco más luminoso y poderoso en melodías, arreglos y también actitud. Sin Domesticar es un bello ejercicio de rock de hechuras amables, coqueteando aquí y allá con terrenos algo más anglosajones y en otros con más canción de autor al uso. Salvando las distancias de cada caso, Isabel Marco continúa avanzando y ganando terreno para ser una de las voces femeninas más destacadas del rock de su generación, como en su día pudieron serlo Aurora Beltrán o Mercedes Ferrer.

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Razkin – Norte

En el primer trimestre del año pasado veía la luz el disco epónimo de Pedro Fernández Razkin. Venía a ser una manera más (también hubo libros y conferencias de por medio) de aprovechar el tiempo en barbecho que se había dado La Fuga. Poco después llegó la pandemia, el confinamiento y sus efectos posteriores, que vinieron a alargar y afianzar ese camino en solitario, con conciertos acústicos en pequeño formato (alguno de ellos abriendo para Kutxi Romero) y, también, para seguir escribiendo canciones y canciones que fueron incorporándose y completando el repertorio… y también dejando clara la necesidad de que debían ser editadas en un segundo trabajo. Hete aquí que, conflicto habitual en el mundo de la música, ese crecimiento de la carrera en solitario se antoja bastante incompatible con la banda con la que llevaba doce años trabajando. Renuncia voluntaria o empujón hacia la puerta, La Fuga vuelve a quedarse sin vocalista como ya les pasara con Rulo (aquello de “ya no sé en qué esquina de la foto salir”) y Razkin sube varios peldaños de la escalera con un álbum que, con sus similitudes, se presenta mucho más diferente de su hermano mayor. Y es que aunque se comparta el mismo estudio y productor (esto es, el archiconocido Javi San Martín y Estudios Sonido XXI), el resultado es mucho más potente que el primero. Si en el debut se tiraba por un formato más íntimo, de acústicas, blues y baladas más folk, digamos punto cercano a lo cantautor, en este Norte hay una voluntaria intención de sonar a solista de banda de rock. Que parece lo mismo, pero no lo es. Así, Norte ofrece un amplio catálogo sónico que va del rock melódico hasta la cierta querencia pop, del punto cantinero hasta el tango canónico, el indie y hasta una versión del mito Camarón de la Isla y su simbólica La Leyenda del Tiempo (con Kutxi, nada menos). Y el resultado global no es nada malo.

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Fito Mansilla – La Memoria Incendiaria

Entre la lista de cosas y causas pendientes se encontraba, además de varios discos lanzados justo al comienzo del verano (Benito Kamelas, Sôber, Javi Robles…) este tercer elepé de Fito Mansilla. Cierto, el álbum se publicó hace aproximadamente un par de años y medio pero entró en la lista de futuribles en el concierto de Robe en Rivas Vaciamadrid, ya que uno de esos fieles seguidores que ya tiene esta casa me avisó porque quería hacerme entrega de un obsequio. Dicho presente fue el disco que nos ocupa, La Memoria Incendiaria, tercer trabajo de estudio de este cantautor rockero que cuenta en su haber con tres epés (Lugares Perdidos, Nómadas y La Tormenta) y otros dos discos anteriores (Días Dorados y Pulsiones). Con el subtítulo de “Diario de un viaje inacabado”, este trabajo fue incluso editado por Warner Music que, lamentablemente, no apostó después por una correcta promoción que le permitiera llegar más lejos. Para este álbum Mansilla contó con colaboración de postín de artistas más o menos cercanos en la propuesta, como son Jorge Marazu, Marwan y Rebeca Jiménez. Además, hay que destacar que a los metales y arreglos de cuerdas que pueblan algunas canciones, Fito contó con la participación de Mara Barros en los coros y de Gino Pavone (habitual durante bastante tiempo en las grabaciones de Extremoduro) en las percusiones. Pese a todo, como decía, la promoción fue bastante escasa si bien Fito ha seguido pateándose decenas de escenarios de bar donde sigue emocionando con sus canciones. Tarde, pero no está de más dedicar unas palabras a artistas que, sin grandes focos, son capaces de compartir sus sueños en forma de buenas y honestas canciones.

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Pedro Pastor – Vueltas

Sin ser premeditado (tenía varias opciones tanto para ayer como para hoy, pues tanto es lo pendiente acumulado), ha querido el azar que esa definición de voz atemporal empleada para mi tocayo Javi Robles en Los Mariachis También Lloran sea aplicable del mismo modo para el madrileño Pedro Pastor. Cerca de cumplir tan solo 27 años, Pedro nos presenta ya su cuarto disco (quinto si contamos el compartido con Suso Sudón), donde vuelve a hacer música con su poesía y viceversa, viajando, como es habitual, por sonidos de todo el mundo, especialmente por el folclore y distintos géneros latinoamericanos, pero también con ritmos africanos (la interconexión es natural, claro) o incluso algún que otro deje flamenco. Vueltas refrenda que Pedro está tocado por la varita mágica del talento. Genético o no (su padres es el conocido Luis Pastor y uno de sus tíos es Pedro Guerra, con quien –por fin- colabora en este disco) escucharle es entrar en un mundo propio gracias a una voz llena afinada al extremo y de una belleza meliflua, que endulza y alegra, sabiendo sacarle partido con unos arreglos y unas canciones con las que se funde en esa simbiosis perfecta que a veces se da entre el autor y su obra. Pedro vuelve a manejarse de nuevo entre la amabilidad y sinceridad de quien mira a los ojos de su público con las contradicciones, con ciertos aires contemporáneos por con un respeto absoluto a las narrativas clásicas de la canción de autor y de los géneros que toca. Nada suena impostado, ni en el disco ni al verlo en directo, como ya conté hace unos meses, en un concierto donde precisamente ya avanzó dos de las canciones de este álbum. Ayer me decían en público que ojalá todo el mundo que te encuentras en el camino en esto de la música fuese la mitad de noble. Sin duda que Pedro Pastor está también en ese bando.

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Javi Robles – Los Mariachis También Lloran

Viene siendo tendencia desde hace varios años el que las bandas lancen temas sueltos, sin pertenecer a ningún disco, ni pasado ni futuro. Singles digitales que llevan aparejados su propia campaña, su propio avance, fecha de lanzamiento, pre-reserva, videoclip… Todo ello como respuesta a las nuevas formas de consumo que parece tender a que el álbum, como concepto completo, es algo con fecha de caducidad. Como si la exigencia de tener que escuchar diez o doce canciones seguidas del mismo artista o banda, incluso a veces teniendo un eje argumental común (¡!) o un sentido completo más allá de la suma de individualidades fuese algo intolerable para los nuevos ritmos. La vida en un reel de instagram. Esta nueva forma de promoción y publicación musical complica un tanto la vida al crítico… Puesto que escribir un análisis de una sola canción hace que no haya perspectiva de conjunto, ni comparativa… Es como hacer una crítica de una película a través de una sola escena. Se puede, pero falla el conjunto, el sentido, el todo. Javi Robles (a quienes los más leídos en esta casa o documentados en esto de los rocanroles recordarán por ser el vocalista de Cero A La Izquierda, banda de la que mucho y bien hemos escrito y apostado en esta casa antes de su disolución silente) viene jugando en esos terrenos. De hecho, confieso que he perdido la cuenta, lleva una veintena de canciones publicadas en este formato. Todas con videoclip artesanal, incluido. Este epé, titulado Los Mariachis También Lloran viene a agrupar cuatro de ellas y, con ello, a nosotros nos vale de coartada para traerlo al escaparate.

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Sôber – Elegía

Como apuntaba hace unos días, combinamos en este inicio de curso los discos de inminente salida con los que se nos quedaron pendientes antes del verano. Elegía, de Sôber, entra dentro de los del segundo tipo y, claro está, no podíamos dejar pasar echar unas líneas a una de las bandas a las que más cariño tenemos en esta casa, por aquello de todo lo que nos hicieron sentir a lo largo del tiempo. Aunque, más allá de esa condición puramente subjetiva, el álbum se lo ha ganado a pulso porque no exagero si os confieso que a mí me parece su mejor y más completo disco de las últimas dos décadas, desde Reddo, que ya ha llovido. Está claro que por el camino hay canciones excepcionales, pero la rotundez que presenta el cuarteto en esta Elegía está muy por encima de sus hermanos mayores anteriores. ¿Los motivos? Con nombras a las canciones sería más que suficiente pero sí que podemos concluir como denominador común que los arreglos orquestales suenan muy frescos y naturalizados, reforzando más que nunca su épica (entiendo que gracias a su anterior gira, que derivó en la publicación del deuvedé en directo La Sinfonía Del Paradÿsso), también que el sonido se ha ‘ensuciado’ de forma deliberada (la perfección en la producción de Sôber siempre le ha conferido una cierta textura de frialdad) y, finalmente, la búsqueda y hallazgo de fraseos contundentes, melodías atrayentes y estribillos que emocionan con historias que tocan la fibra más que nunca. Al final consiguen llegar a cotas de antaño, precisamente buscando no parecerse a lo anterior. Y confieso que me alegra sobremanera este ‘resurgimiento’ (que también es cierto que se venía apuntando de manera progresiva) porque, como decía, es una de las bandas que me ha acompañado en momentos de crecimiento personal. Y eso jamás se olvida.

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Benito Kamelas – Resiliencia

Ya se han apaciguado las aguas pero resulta paradigmático recordar el revuelo que se originó cuando Robe anunció en la rueda de prensa de presentación de su gira ‘Ahora Es El Momento’ que iba a cantar canciones de Extremoduro. A la postre, nombre de una banda asociada siempre a su nombre propio y figura. Digo esto porque el de Benito Kamelas es otro de esos casos en los que, al final, es el compositor principal, el letrista, el corazón de la banda quien decide qué, cómo y cuándo. Y él decidió seguir adelante pero manteniendo el nombre del grupo, pese a todo. Y es que cuando el Covid era algo que se veía por la tele desde China y se antojaba tan lejano que nos creíamos invencibles, Quini Ruano se quedaba sin todo el grupo que tan bien le había acompañado en los últimos años. Uno a uno, Ismael Vivó, David Marín, Isidro Ramírez y Vicente Tormo anunciaban su salida. Hubo algunos conciertos de despedida de la formación original y, en la práctica, Quini culminó la búsqueda de sus cuatro nuevos compañeros en las puertas del confinamiento severo de los meses de marzo, abril y mayo. Solo le dio tiempo a trabajar un par de nuevas canciones. En esa situación, el gigante corazón de Quini se mantuvo en pie, pese a todo, por amor a un grupo al que le ha dedicado ya 23 años. A distancia comenzaron a dar forma al resto de temas que acabarían formando Resiliencia, su disco más complicado, pero también el más empecinado en existir. Con esa fuerza de voluntad, Benito recupera las formas más veloces de los primeros tiempos, con ganas de demostrar que la energía sigue intacta. Hacía años que alguien me decía que eran como una eterna promesa de un equipo de fútbol, que nunca termina a convertirse en estrella. Bueno, ya lo cantaba el citado Robe en ‘Sucede’. Quien conoce a los Benito sabe de qué hablo.

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Fito & Fitipaldis – Cada Vez Cadáver

Bonita libertad la que te lleva a poder decidir el momento de sacar un disco, sin presiones del mundo exterior, ni agobios imperiosos por la necesidad. Una condición muy difícil de conseguir para buena parte de los artistas, más en unos tiempos en los que la venta de discos no es la de hace quince o veinte años, más todavía en el mundo del rock y que Fito se ha ganado a pulso con contrastados méritos a lo largo de su carrera. Siete años (uno más de lo que debería haber sido) han pasado desde que el pequeño gran artista bilbaíno publicara Huyendo Conmigo De Mí. Una espera que se ha hecho bastante más corta si tenemos en cuenta que a mitad del camino salió publicada esa excelente caja conmemorativa llamada Fitografía y que, con ella, la gira 20 años, 20 ciudades, con guinda final en el Royal Albert Hall de Londres. Cada Vez Cadáver viene a ser el Fito reconocible de siempre, ofreciendo una colección de canciones que nos suenan familiares desde la primera escucha, aunque no sea hasta varias escuchas cuando empiecen a quedarse en la memoria los estribillos, fraseos y puentes. No por ello significa que sea un álbum continuista porque a la séptima entrega desde el estudio con los Fitipaldis se le nota más nerviosa, más tensa y chispeante, quizá auspiciada por esa gira de fuertes emociones y sobre todo, por la forma de mezclar y grabar la voz, más cruda y natural. No está su habitual instrumental pero sí que está el sabor a blues y rock con olor a madera, a las melodías de riffs doblados o intrincados, acompañados del habitual saxo, las frases repletas de retruécanos y giros contrarios con las palabras y los sentidos y también la versión de rigor, en este caso Jorge Drexler, que entra a formar parte de la nómina de álbumes anteriores, con Los Secretos, Leño, Los Rebeldes, Extremoduro, La Cabra Mecánica, Krahe y sus propios Platero y Tú.

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