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#Mis10de Depeche Mode

 

Siempre habían rondado por casa de mis padres, con la vertiente internacional de mi hermano mayor, que sé que los ha tenido siempre en alta estima. Pero no fue hasta mi primer año en Madrid cuando recuerdo con claridad que ‘me explotaron’ en los oídos escuchándolos en el discman (sí, amigos y amigas, ese artefacto donde se metían cedés y que tan bien me vino en los largos viajes de autobús a casa). Hoy es inviable, impensable y casi ignoto esa manera de ‘atender’ a cosas que no ‘comprendemos’ a la primera. Consumo rápido, no vaya a perderme el siguiente estímulo y a quedarme fuera de onda. El caso es que en un tiempo en el que el rock y el metal se me empezaba a consolidar como auténtica opción preferente, Depeche Mode ‘me confirmó’ que la electrónica no tiene nada de malo usado con seso, que va más allá del consumo rápido. Ya lo sabía, por Jean Michel Jarre o los apunkados Prodigy o Chemical, también por Kraftwerk, y otros muchos. Pero, de esas cosas sin explicación, fue el momento y el lugar adecuado. Las letras llevadas a un extremo que se alejan de lo acomodado, el desafío de melodías arrogantes, de las que te cogen de las solapas de la chaqueta y te zarandean hasta que se han metido en tu memoria. Como el Alien. Su influencia es tal que hasta gente ‘dura’ como Manson o Rammstein nunca han escondido su devoción por ellos. Tampoco el house. Hoy viajamos a diciembre de 2012 (día de Navidad, por cierto), para reeditar #Mis10de Depeche Mode. Salud.

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