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Rubén Pozo – Vampiro

Trabajando este disco me venía constantemente, a modo de titular, uno de los versos del segundo movimiento de Mayéutica, de Robe, ‘Mierda de Filosofía’, ese que dice: “volver a lo primario”. Quizá sean las palabras que mejor definen la nueva entrega del madrileño Rubén Pozo, que viene con su cuarto disco en solitario, quinto si contabilizamos el Mesa Para Dos con Lichis. Y traigo lo de primario porque así lo evoca la escucha de este álbum de diez temas en los que Rubén confiesa haber querido reducir todo (hasta el tiempo dedicado en la composición) para que las canciones reflejen de la manera más fidedigna posible el estado de ánimo en el que fueron concebidas. Sin importar que muchos versos puedan ser mejorables o que algunas canciones se sustenten en todo su metraje en apenas tres acordes sencillos (que no fáciles). Así, el trabajo de producción apuntado por José Nortes en Habrá Que Vivir, que naturalizó el punto científico – artificial de Nigel Walker en En Marcha, gana todavía más enteros en esta entrega, haciendo que, pese a ser un disco predominantemente acústico, no caiga en los clichés del género y se deslizan varias eléctricas en algunas canciones e incluso un saxo en otro de los cortes. Para completar la sensación normalizada, en el disco encontraremos a su hijo Leo tocando la batería en otro tema y contando con una amiga no profesional (Ana Diego) para hacer los coros. Como guinda, un enfoque reflexivo dual (para dentro y hacia fuera) en letras muy certeras de Pozo en, sin lugar a dudas, un disco cantado mejor que nunca. No parece extraño que, dicho todo esto, se acumulen por ahí comentarios  en el mundo digital asegurando que es su mejor trabajo.

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