Entrevista a Juan Puchades: “son varias generaciones de periodistas musicales formados desde el prejuicio y el sectarismo”

56 Juan PuchadesLuchador incansable y ante todo amante de su trabajo, Juan Puchades es fundador de Efe Eme, revista que nació a finales del 98 y que fue un referente del periodismo musical hasta que dejó de publicarse en papel en 2007. La web ha seguido viva todos estos años pero, recientemente, la cabecera ha vuelto a la tinta impresa en un formato distinto. ‘Cuadernos Efe Eme nace con espíritu de convertirse en un Jot Down de la música. Artículos críticos, reportajes profundos y analíticos, entrevistas extensas (más de 20 páginas con Bunbury en su estreno…). A la venta solo en la web de Efe Eme, a un precio de 18 euros. Una apuesta que puede parecer una locura, pero que se ha meditado durante dos años. Hablamos con él del proyecto, pero también de periodismo y de música.

‘Cuadernos Efe Eme’ se estrena como una publicación, profunda y reflexiva, de más de 200 páginas, periodicidad trimestral. Una nueva apuesta por el papel después de la despedida en 2007. ¿Por qué considerabais que era el momento de la vuelta a la tinta impresa?

Primero porque en los últimos tiempos teníamos la sensación de que internet nos obliga a ofrecer determinados contenidos y, además, de una forma muy concreta. Habíamos perdido los artículos largos, reflexivos e historicistas, porque no le veíamos sentido en la red, es un formato que cobra sentido en papel. Hace un par de años comenzamos a darle vueltas a una publicación en la que pudiéramos ir por ese camino, y al final ha tomado forma como “Cuadernos Efe Eme”, volcada hacia la historia. Además, no nos engañemos, era una forma de lograr una nueva fuente de ingresos que siga permitiendo que Efe Eme, el puntocom, sea gratuito.

 

Como bien se reconoce en la presentación del número “no es un proyecto mayoritario”. Con los hábitos actuales de lectura, ¿es más una locura romántica o una convencida apuesta de viabilidad?

Convencida apuesta de viabilidad. Vale, eso lo digo hoy, con el número uno ya rodado, pero es que no me creo lo de la imagen romántica, y tampoco me gusta fomentarla, o la de la locura. No, esto parte de un proceso muy meditado durante, mínimo, dos años. Y es necesario para sostener el puntocom, que los medios en internet subsisten como buenamente pueden. Hay inventarse proyectos para salir adelante, otra cosas es que esos proyectos te apasionen y te emocionen, como es el caso de “Cuadernos Efe Eme”.

 

Desde que Internet comenzó a popularizarse allá por principios de la década pasada, se empezaba a decir, de los diarios, que pasarían a ser textos más reflexivos. Todos aspiraban a ser una especie de dominical de profundidad, y a análisis críticos tipo New York Times. Eso aún no ha llegado. ¿Por qué sin embargo sí lo ha hecho a revistas culturales tipo ‘Jot Down’ o políticas como ‘Mongolia’ y ahora con vosotros en la música?

Eso mismo me pregunto, ¿por qué los diarios no lo han hecho? Lo que estamos haciendo los medios pequeños y especializados es evidente, combinar diferentes modelos de periodismo en distintos soportes que se retroalimenten. Y tratamos de adaptarnos a cada uno de ellos.

 

56 cuadernos-16-09-14-aRepasamos los nombres propios de este primer ‘Cuaderno’. Entrevista de 28 páginas a Enrique Bunbury, trayectorias de M-Clan o Rolling Stones, clásicos respetados como Simon & Garfunkel, Burning, Patti Smith, Solomon Burke o The Smiths y su influencia… Pero también hay una excelsa labor de ‘rescate del olvido’ (rock cubano, Chris Whitley, Los Íberos, el movimiento yeyé francés). ¿Es difícil compaginar la cobertura de personajes actuales con miradas atrás o desconocidas a la hora de jerarquizar?

Esa es la gracia, diseñar una publicación que cubre diferentes estilos y épocas y que en la lectura final tengan sentido y no chirríen en exceso. En realidad, paginar el número uno fue difícil y se nos ocurrieron diversas ideas, alguna un tanto peregrina, lo reconozco, al final fue decisivo Diego A. Manrique, que sugirió la forma de hacerlo. También hay que tener en cuenta que aunque sugiero algunos contenidos, a los colaboradores de “Cuadernos” les pido que propongan temas, y temas que les diviertan, que les apetezca mucho escribir sobre ellos, mi idea es que la gente que colabora se lo pase bien, disfrute y además cobre por ello. Conforme van entrando las propuestas, voy valorándolas en función de su atractivo y tratando de armar un número que no se escore demasiado hacia un lugar concreto, que haya diversidad de contenidos, estilos y periodos históricos. En realidad, en “Cuadernos Efe Eme” va a tener cabida casi cualquier tema, siempre con esa idea de buscar la historia, el análisis y la reflexión.

 

¿La línea a seguir será esa o aún podemos encontrarnos alguna sorpresa en la recámara?

Las revistas se construyen sobre la marcha, su espíritu es necesariamente permeable. Dicho lo cual, en principio no habrá demasiadas sorpresas, solo que me parece que el número uno se orientó en exceso hacia el rock y dejamos de lado otras músicas, que poco a poco se irán incorporando, espero que de manera natural. Últimamente me obsesiona esa idea que tienen algunos de que el rock debe ser la religión dominante, sobre todo porque para entender el rock hay que comprender otros géneros musicales que transitan los artistas rock, infinitamente más abiertos de oídos que los propios aficionados, que tienden al inmovilismo y a la tribu. Aparte de que me interesa mucho la música popular, sin distingos y sin etiquetas. Limitarse al rock es como comer todos los días el mismo plato, y no, hay músicas maravillosas en cualquier género, del jazz al bolero pasando por el pop, la canción romántica, el country, la salsa, el reggae, la canción de autor o el folk de cualquier lugar y, por supuesto, también en la clásica.

 

Normalmente, y es una opinión, considero que los periodistas musicales somos algo así como enfermos con una pasión tan desbordante por lo suyo que pensamos que los demás lo viven con tamaña pasión y muchas veces nos encontramos un ‘pasotismo’ generalizado que puede llegar a decepcionarnos. No sé si compartes la opinión, en cualquier caso, ¿en qué momento la profundización a la hora de escribir de un movimiento, discografía o artista pasa a ser frikismo?

El frikismo es inherente a este oficio. De hecho solo puedes dedicarte a él desde la pasión y la afición. No creo que uno pueda despertarse un día y decidir que quiere ser periodista musical si esa pasión no existe previamente. Por ello, es un trabajo de largo recorrido, en el que tienes que estar formándote continuamente, escuchando discos y leyendo (y no solo revistas musicales, por cierto). Supongo que no somos más frikis que los periodistas deportivos, o yendo a un polo opuesto, que los abogados hablando y pensando en sus cosas. Desde luego conviene asumir pronto que nuestra pasión y forma de vida no es compartida por la mayor parte de la sociedad. Pero tampoco pasa nada.

 

Por contenido, redacción y presentación, ¿hay también una cierta vocación pedagógica detrás de ‘Cuadernos’?

Supongo que es algo consustancial al propio concepto historicista de la publicación. Si pretendes contar historias y desentrañar discos, imagino que estás haciendo una labor pedagógica, aunque solo sea la de compartir argumentos y reflexiones que pueden ayudar a pensar.

 

56 118464_NpAdvHoverEl primer número salía el 17 de septiembre. Después de un mes y medio, podemos aventurar un primer balance. ¿Qué tal ha funcionado? ¿Ha cubierto expectativas?

Ha funcionado por encima de nuestras previsiones, teniendo en cuenta, eso sí, que es un proyecto minoritario. El reto es conseguir que el número dos se mantengan en unas cifras de venta similares. Si fuera así, la continuidad estaría garantizada. Pero somos muy precavidos y cautelosos, así que “Cuadernos Efe Eme” vivirá o morirá en función de que haya compradores. Cada número será una aventura que dependerá de los resultados comerciales del anterior.

 

Si el proyecto, ojalá, sale adelante con éxito, ¿volveremos a tener junto al cuaderno algún CD como los de antaño con Efe Eme? Sea tipo banda sonora del número o de rarezas, como aquellos.

No creo, o desde luego por ahora no hemos pensado nada similar. En este caso la propia edición en formato de libro gordote me parece que ya es todo un aliciente.

 

¿Se puede anticipar ya algo del siguiente número?

Prefiero no hacerlo. Vamos a tratar que los contenidos de cada número sean una sorpresa hasta el último momento.

 

 

Periodismo y música.

Me apetece ampliar un poco el espectro de la entrevista hablando de la profesión y sobre la materia de la que hablamos. Es decir, periodismo y música. ¿El periodismo está casi muerto por el mal ejercicio de sus profesionales o por razones exógenas?

Exógenas y endógenas, diría. El periodismo musical siempre se ha movido alrededor de géneros concretos, siempre ha sido excluyente, propenso al sectarismo, y eso ha provocado el rechazo del posible lector masivo. Y, a su vez, ha contribuido a que el lector natural del medio, el que, digámoslo así, es de “tu palo” o de tu cuerda, no acepte movimientos o giros en otras direcciones. Al final el medio queda atrapado: tu lector solo acepta sonidos a los que está predispuesto y el grueso del público nunca se acercará al medio cerrando la posibilidad de que conozca otros sonidos, que unos y otros fluyan con naturalidad. Es una situación de locos que, por ejemplo, no se ha dado en la crítica cinematográfica, incluso la literaria es más aperturista que la musical. Es bastante dramático, porque ya son varias generaciones de periodistas musicales formados desde el prejuicio y el sectarismo, en la adhesión inquebrantable a un género o escena. Es un fenómeno que comenzó en los años ochenta y dura hasta hoy. Por otro lado, no sé si, en general, hay mal ejercicio de los profesionales del periodismo musical, lo que sí sé es que leo entrevistas chapuceras, que parecen fotocopias unas de otras, críticas de discos ramplonas, datos que apestan a Wikipedia, seguidismo de ciertas tendencias, cerrazón mental, e insisto en ello, muchos prejuicios. A veces bostezo leyendo algunas cosas y acabo por abandonar la lectura. Por otro lado, los medios generalistas nunca han sabido muy bien cómo aproximarse a la música.

 

Vosotros en la presentación desterráis, pero en cierta forma el sectarismo está presente en la propia selección de qué entra o qué no en los contenidos. Quizá con las revistas editadas en papel ocurre menos, pero en algunos medios digitales es casi militante. ¿Es la única forma de diferenciación ante el exceso de oferta? ¿Dónde están los límites?

El drama de los medios digitales es que conoces perfectamente el número de lecturas de cada entrada, y eso, si no eres un demente, te obliga a seguir una ruta que marcan tus propios lectores. Pero también parece obligatorio forzar la atención hacia otros lugares. A Efe Eme se le considera un medio esencialmente vinculado con el rock clásico y el rock español, y es cierto que esos pueden ser los ejes principales sobre los que pivota, pero también atendemos el indie, la canción de autor o las llamadas otras músicas. A veces creo que es un error funcionar con el gran angular, pero a la vez entiendo que es una obligación, aunque determinados contenidos provoquen rechazo de algunos lectores habituales y sepas que no asumir la especialización y la militancia te hace pagar un peaje. Pero, oye, lo pagas con gusto. En todo caso, parece que la especialización es lo más razonable, pero nadie dijo que tuviéramos que ser razonables.

 

También tenemos por otro lado el clientelismo, es decir, adornar críticas en torno a una gira o disco no tan afortunados de un artista ‘amigo’. ¿Acto de lealtad o un peaje empresarial?

Como director de Efe Eme jamás le he dicho a nadie: “pon bien este disco o este concierto”, pero tampoco lo contrario: “destrózalo”. La libertad es completa, y puedes preguntarle a quien quieras. Hace años pudo haber problemas con críticas negativas con algún anunciante, y en tiempos más recientes lo ha habido con algún artista, llegando a las amenazas. Pero es algo que asumo, va en el sueldo. Con esto, lo que quiero explicar es que desde la “empresa” no se pide lealtad para con artistas amigos. Entre otras razones porque las empresas no tienen amigos, los amigos los tienen los seres humanos. Además, en estos momentos la dependencia de las inversiones publicitarias de las discográficas es prácticamente nula, y dadas las tarifas tan pírricas que se manejan si pierdes un anunciante por una mala crítica tampoco vas a llorar. Personalmente, tengo pocos amigos artistas, he tenido dos, uno murió hace poco, el otro está vivo y no es en absoluto de relumbrón, sí tengo conocidos a los que aprecio o con los que mantengo relaciones cordiales y esporádicas como consecuencia de nuestras profesiones. Si uno quiere dedicarse a esto, lo mejor que puede hacer es no tener amigos músicos, y si los tiene, que puede suceder, por supuesto, lo más recomendable es no hablar ni de ellos ni de su obra, ni para mal ni para bien, de ese modo evitará caer en el elogio gratuito o en la tan temida condescendencia. Cuando escribo algo, es porque lo pienso.

 

El mercado musical, como tantas cosas, cambió con Internet y la ‘democratización’ de los medios técnicos para poder realizar grabaciones y ponerlas en circulación. Antes solo sacaba disco quien tenía un sello detrás. ¿Hasta qué punto el lado perverso de algo, a priori, beneficioso, ha cambiado las reglas del juego para todos?

Ahora graba mucha más gente, y por el lado que nos toca, resulta bastante más complicado para el periodista llegar a todo o a una mínima parte, asunto que en muchas ocasiones ni se plantea el que lanza un álbum autoeditado con toda su ilusión. El mercado español es mínimo y la masificación ha provocado el caos. Pero, en líneas generales, a quien mejor le va es a los solistas o grupos que lograron grabar antes de la gran hecatombe: aunque luego hayan pasado a la autoedición han mantenido un cierto estatus. Esa es la realidad.

 

¿La sobreoferta ha hecho que el status del músico a día de hoy sea menor?

No creo que tenga que ver con la sobreoferta, más bien con la escasa venta de discos, con la falta de emisoras de radio que apoyen (que siguen siendo las que generan éxitos) y con la crisis galopante. En todo caso, lo de estatus a mí me importa poco, prefiero la obra a la posición del creador.

 

Entiendo que algo así ocurre también en el periodismo musical. En España hay una ‘corte’, y permíteme expresarlo así, de ‘vacas sagradas’ que, muchos de ellos respaldados por un grupo empresarial, se reparten un trozo de pastel, otros que viven de su innegable papel destacado en la liberalización cultural de principios de la democracia pero el olor a anticuado empieza a ser evidente… ¿Consideras que nuestra profesión, la de periodista musical, es oligárquica, que funciona aún aquello de ‘la casta’, que dice aquel? (Y de la que, para bien o para mal, tú estarías en ella, objetivamente).

Hace unos meses me acusaron de pertenecer al establishment musical y ahora a la casta. Sigo siendo el mismo pringado de siempre, pero parece que mi imagen pública va por libre… La verdad es que el paisaje que pintas responde a una imagen muy distorsionada de la realidad. No sé quienes son esos periodistas respaldados por un grupo empresarial. No conozco a ninguno, solo conozco periodistas que viven permanentemente en el alambre, trabajen para el medio que sea. El periodista musical suele ser un bicho raro en las redacciones de los medios.

Respecto a los periodistas de principios de la democracia, me parece que en el periodismo musical quedan pocos en activo, no más de tres o cuatro, y van por libre, la mayoría viró hacia sectores mejor remunerados. Pero no detecto en ellos olor a anticuado, mantienen una lucidez abrumadora, es gente que comenzó muy joven y que todavía está en edad laboral, ¿hay que pedirles que se inmolen o por el contrario debemos agradecer que hayan permanecido en este oficio, dignificándolo, y tenemos que tratar de aprender de ellos, auténticos maestros? Desde luego me quedo con la segunda opción, yo intento aprender de sus enseñanzas, de su conocimiento, de sus vivencias. Los periodistas de aquel periodo, gente de una generosidad extraordinaria con todos los que hemos venido detrás, me parece que son nuestro patrimonio cultural, nuestros referentes, les debemos respeto y debemos festejar que todavía podamos disfrutarlos en activo mientras transmiten su sabiduría. No sé si en Estados Unidos se pide la jubilación de alguien tan esencial como Greil Marcus, a quien se considera un referente en medio planeta, en España mismo. Claro, que quizá si fuera español no se le tendría el menor respeto y se le correría a gorrazos acusándole de viejo, engreído, palizas y de escribir raro.

No desvirtuemos el término casta ni lo empleemos a capricho ni frivolicemos con él, por favor, o acabará por perder su sentido y le estaremos haciendo enorme favor a la verdadera casta. Comprendo que puede haber una cierta sensación de desasosiego al comprobar la imposibilidad de vivir del periodismo musical y las dificultades para acceder a colaborar en medios. Sin embargo, en medios generalistas observo la presencia de periodistas musicales que rondan la treintena, lo que confirma que la renovación está ahí, y diría que es constante. Asunto distinto es que los aspirantes a periodista musical sean más numerosos que nunca mientras que los medios especializados son, más o menos, los mismos desde hace una década, mientras los generalistas no pueden absorber la brutal demanda de empleos.

El pastel al que te refieres, es muy pequeño, de hecho temo que no haya ni pastel. Por la parte que me toca, solo trabajo en Efe Eme y colaboro en “Babelia” (El País) cada tanto, y únicamente escribiendo críticas de discos. Soy socio de la empresa editora de Efe Eme, que es una pequeña empresa que cuando en el pasado ha tenido que solicitar créditos he avalado yo mismo con mi casa. Una empresa que ahora, para subsistir, ha tenido que crear una revista en papel y una tienda. No creo que ese sea, precisamente, el retrato de la casta. Además, los principales medios musicales, por lo menos los escritos, responden a perfiles empresariales similares al de Efe Eme, si exceptuamos a Rolling Stone, que sí pertenece a un gran grupo de comunicación. Por otro lado, por la propia diversidad y especialización de esos mismos medios, según donde miremos observaremos diferentes equipos de trabajo, con lo que la idea de la oligarquía tampoco tiene sentido: en este negocio hay muchísimas cabezas visibles. Por lo que respecta a Efe Eme, siempre hemos incorporado a nuevos periodistas, es verdad que con cuentagotas, porque si buscas calidad en el “producto” final, tienes que invertir tiempo en esas nuevas incorporaciones, ayudando a mejorar sus textos, dirigiéndoles, sugiriendo. Pero muchos nombres hoy consolidados dieron sus primeros pasos profesionales aquí. El problema es que no puedes abrir la puerta de par en par, por responsabilidad, pero también por economía.

Personalmente entiendo que puede haber gente que esté harta de leerme, pero hasta la jubilación me quedan dieciséis o dieciocho años, qué hago, ¿me suicido? ¿Cambio de oficio? Sin pretender compararme, pero, ¿debemos pedir la desaparición de Bob Dylan o Neil Young porque son muy mayores e impiden la aparición de nuevos artistas? ¿Pertenecen Dylan y Young a la casta? Es verdad que el punk lo entendió así, pero el punk no tardó en acabar engullido por el sistema. En todo caso, no tengo la menor relación con el poder, no trapicheo con dinero, no tengo cuentas en Suiza, no manejo tarjetas black, me levanto todas las mañanas a las 7 y trabajo como un cabrón todo el día hasta la noche, y son muchos los fines de semana que no me queda otra que seguir currando, si eso es pertenecer a la casta o al establishment, me descojono de la risa. Más que casta, los que nos dedicamos a esto somos caspa. Y acabo de darte un excelente titular. Insisto en la imagen distorsionada, a la mayoría, y pienso en nombres muy conocidos, no nos queda otra que trabajar sin descanso para llegar a fin de mes. Y te aseguro que en el garaje no tenemos un Jaguar que no sabemos cómo ha llegado ahí y por Navidad nadie nos regala un jamón, es más, probablemente la Navidad nos pille trabajando. La conclusión es que si quieres pertenecer a la casta o ganar un pastizal, te has equivocado de profesión. Los sueños de grandeza no son compatibles con el periodismo musical.

 

¿Consideras que la crisis en la música ha mejorado la creatividad, que ha puesto las pilas a más de uno? ¿Es decir, vivimos un buen momento para la música?

Qué complicado es responder a esto. A ver, por un lado siguen saliendo discos estupendos que confirman la buena salud creativa, pero en las nuevas oleadas de bandas españolas es muy agotadora esa tendencia a echar mano de la fotocopia de la fotocopia de Coldplay o Radiohead, un fenómeno que vivo con cierto pavor cuando compruebo lo bien recibidas que son esas fotocopias. Si echáramos la vista atrás, comprobaríamos que de los años sesenta hacia aquí nunca jamás se ha dado tal uniformidad sonora en el pop rock español, consecuencia del modelo que impuso el indie desde los años noventa y que últimamente, en una de sus mutaciones, se ha masificado hasta la náusea. La variedad aporta riqueza musical y me temo que se está perdiendo en pos de fórmulas relativamente exitosas que se repiten hasta el extremo.

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¿Quién consideras que tiene mayor criterio musical, el tipo que tiene 5.000 canciones (no hablamos de discos enteros, por supuesto) en su reproductor de bolsillo descargadas de forma ilegal o quien tiene la edición especial en vinilo de tres grupos de culto, pero no conoce nada más allá de los 90?

No creo que el criterio se gestione en función de la cantidad de canciones o discos que se posean. En todo caso, ya no importa la cantidad de discos o canciones que atesores, porque Spotify o Deezer te permiten acceder a prácticamente todo lo que necesites. Lo importante es escuchar música, conocer la historia de la música popular, entender la evolución y de dónde procede cada cosa, eso acabará por formarte el gusto, que tal vez sea más importante que el criterio.

 

¿Y es posible escribir para los dos en el mismo lenguaje? ¿Es posible reconciliar a una generación que vive de la selección temporal con quien tiene el concepto indivisible de un disco como unidad?

Los artistas siguen trabajando mayoritariamente el álbum que agrupa una colección de canciones, así que escribimos esencialmente sobre discos completos. Para el buscador de canciones tienes que trabajar de otro modo, con playlists y similares, pero tampoco creo que detrás de ese perfil de consumidor haya un gran lector de prensa musical.

 

La última, ¿el indie nos destruirá a todos o pasará como el rock progresivo, los sintetizadores de los 80 y el grunge de los 90?

Esto es peor, porque no se acaba nunca, así que aboguemos por el apocalipsis: ¡el indie nos destruirá a todos!

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Publicado el noviembre 10, 2014 en Actualidad y etiquetado en , , , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. Se agradece leer entrevistas en las que la gente dice lo que piensa de verdad (o al menos eso parece).

  1. Pingback: Lo más leído de 2014 en RockSesión | RockSesion

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