‘El Intérprete’, de Asier Etxeandia

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Anoche comprendí el porqué de ese reguero de fans ‘conversos’ a la religión de ‘El Intérprete’ que uno se puede encontrar a través de las redes sociales, comentarios en vídeos, allá por donde Asier Etxeandia se sube en un escenario para dar salida a su mundo interior, el de la infancia, pero el que vive aún dentro de él y, lo que es más importante, el que le hace seguir siendo tal y como es. Como se muestra en este espectáculo que anoche, 7 de noviembre, llegó al Auditorio Maestro Padilla de Almería, dentro de las actividades organizadas por el Área de Cultura de la localidad. Traigo esta crónica aquí porque, entre el teatro y el cabaret, la representación de ‘El Intérprete’ es puro rocanrol, pura actitud, transgresión desde la inocencia de un niño raro e inadaptado, que al final acaba maravillando con su mundo ‘no tan diferente’. Si “la gente normal se podría morir”, que canta Extremoduro, ‘El Intérprete’ será eterno.

El componente catártico de ‘El Intérprete’ es el verdadero secreto de un espectáculo hipnótico. “Seguiré cantando solo, para no estar solo”. Esa frase, repetida por Asier Etxeandia varias veces durante la obra, encierra la fragilidad de un niño de nueve años, verdadero protagonista de la obra. Durante casi dos horas y media, el actor bilbaíno realizó un imponente despliegue físico e interpretativo, casi extenuante, con el que entre canción y canción, presentó su mundo libre e imaginario. Un mundo refugio, donde el público era sus amigos invisibles y el teatro una ensoñación dentro de su habitación.

De esta forma, Etxeandia demostró que es un artista global, sin barreras. Con un derroche vocal como cantante, pero también interpretativo, tanto en momentos dramáticos como en los hilarantes, todo ello con una expresión corporal que fue desde la inocencia más pura a la lascivia más incontrolada, a la militancia atea más visceral, las puyas fueron numerosas, o al descontrol animal.

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Y eso que el inicio fue bastante sobrio y no parecía presagiar la tormenta que vendría más adelante, con canciones como ‘El Cantante’ de Héctor Lavoe, ‘Puro Teatro’ de La Lupe, o ‘Luz de Luna’ de Chavela Vargas, donde vino el primer recuerdo a su madre. Y es que la obra ‘El Intérprete’ es una auténtica confidencia por parte de Asier, que desgrana los puntos clave de su infancia, en la que se sentía inadaptado, por el solo hecho de ser creativo, de querer “actuar, cantar, interpretar, soñar y amar”. Rechazo porque no era como los demás dicen que hay que ser. Su transformación en hombre lobo sobre el escenario fue sobrecogedora, como lo fue la explicación buscada de por qué los niños le pegaban y se reían de él, “la gente pega, juzga y ridiculiza cuando sienten miedo, me tenían miedo”. Una enseñanza inocente extrapolable al mundo adulto. Como también lo fue su coito contra el suelo en contraposición de su delicado ‘Volver’ de Carlos Gardel.

141108 El Interprete4Poco a poco la noche entró en calor y a partir del cabaretero recuerdo a su ‘Bilbao’ y su incendiaria ‘Tú Te Me Dejas Querer’, con coreografía incluida, y el ‘Psycho Killer’ de Talking Heads, el Maestro Padilla se sumergió en una espiral de desenfreno y alegría desmesurada. Paseos sobre las butacas, botella de tequila pasando de mano en mano entre el público… “En este Auditorio está permitido bailar”, y tanto. Pero aún quedaban momentos de tensión, como un imborrable y tenso monólogo, entre el síndrome de abstinencia y locura, sobre el ‘antiamorol’, un poderoso fármaco contra la libertad y el placer, que finalmente tiraría por los suelos antes de confesar que le gustaría cantarle a su padre su balada favorita, ‘I’ll Never Fall In Love Again’ de Tom Jones. Los sueños confesos de un niño.

Acompañado en todo momento por un elenco de músicos cómplices, Tao Gutiérrez a la percusión y electrónica, Guillermo González al piano y Enrico Bárbaro al contrabajo, Exteandia se reservó para el final una juguetona conversación ficticia entre dios y diablo, preludio de la dulce y decadente ‘Walk On The Wild Side’ de Lou Reed, el descaro lascivo de ‘Por Qué A Mí Me Cuesta Tanto’ de Fangoria, ‘Like a Virgin’ de Madonna o Camilo Sesto. Para finalmente cerrar con su faceta más rockera con ‘Me and Bobby McGee’ de Janis Joplin, ‘Rock and Roll Suicide’ de David Bowie, presentada con cartulinas a lo Dylan en ‘Subterranean Homesick Blues’ , y el delirio final con ‘Sympathy For The Devil’ de The Rolling Stones.

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Ayer Etxeandia hizo fácil algo tan difícil como transportar a todo un Auditorio al mundo de los sueños, al mundo imaginario, que traza la verdadera realidad. Los golpes en la puerta de su padre, “se conoce que es muy tarde y estamos haciendo demasiado ruido”, pusieron fin a una actuación soberbia, no sin antes hacer un guiño al ‘Gracias Por Venir’ de Lina Morgan.

Parafraseando a Los Rodríguez, brindo hasta la cirrosis por los niños raros como este. Aquellos que pintan serpientes que se han comido un elefante y no sombreros.

(FOTOS: Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería y propias)

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Publicado el noviembre 8, 2014 en Crónicas Conciertos y etiquetado en , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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