Vuelo 505 – No Hay Historias de Fracaso

Menos de treinta meses han tardado los riojanos Vuelo 505 en regresar con un nuevo pasaje para surcar sus cielos de rock elegante, distorsión medida y guitarras acústicas muy presentes. La propuesta musical de la banda para esta segunda entrega no varía demasiado en las formas principales con respecto a su hermano mayor, Turbulencias, pero sí que ofrece algunas novedades, como la reducción del metraje en las canciones, lo que le da una sensación más directa. También hay menos coqueteo con otros estilos, como lo había en el anterior con rumbas y otras estructuras. El blues y el rock de formas ligeras sigue siendo el hilo conductor principal, con una presencia mucho mayor de las influencias de gente como Dire Straits o Eric Clapton. Un disco de esos que generan un universo propio en el que parece que la atemporalidad preside su escucha. Una resultona segunda escala para una banda que sigue haciendo surco al volar, una vez más de la mano del creciente sello discográfico El Dromedario Records.

Rubén Fernández-Soto en la voz, guitarra eléctrica, acústica y coros; David de la Fuente en guitarras eléctrica y española; Chema García ‘Lagartija’ al bajo; Iván Fernández ‘Butch’ en la batería, con Kolibrí Díaz como ingeniero de sonido, mezclas y mastering, puesto que ha sido grabado en los Estudios R5 de Navarra, durante los meses de agosto y septiembre del pasado año, excepto el piano y hammond de Fredi Peláez que vuelve a colaborar con la banda como hiciera en Turbulencias, registrados en estudios Pottoko de Beasáin, forman el equipo base que ha gestado este No Hay Historias de Fracaso.

Que también tiene mucho (quizá por eso la reducción de metraje) de golpeo forjado en directo, pues no olvidemos que la gira pasada rozó las 50 fechas (Vigo, Bilbao, Pamplona, Santander, Madrid, Barcelona, Cádiz, Valladolid, Vitoria, Zaragoza, Guadalajara, León o Gijón) y teloneando al mismísimo Robe.

Decía más arriba lo de la atemporalidad porque la trayectoria que dibuja el viaje de Vuelo 505 nos recuerda a un género (sin nombre) que está prácticamente extinguido. Esa suerte de pop-rock (pero de verdad) de calidad (de verdad) que podrían representar hace veinte años gente como Tam Tam Go, La Guardia o La Trampa y la vía más fresca de Fito & Fitipaldis. Aires melancólicos en textos generosos en todas y cada una de las diez piezas y un bonus track.

El disco se abre con ‘Me Asustan Las Despedidas’, un inicio de progresiva expectación gracias a su marcado tempo rítmico y un estribillo que conquista desde la primera escucha, así como el solo y break posterior, sutiles, meridianos. En ‘Las Cosas Que No Pueden Ser’ nos encontramos un divertido y nocturno rock de aderezos de hammond, historias de bares tras noches de conciertos. Entre Cabrales y Knopler se inicia ‘Desaprender Lo Aprendido’, una cadenciosa y rítmica pieza, con estribillo más enérgico, que completa un inicio tan variado como coherente.

En ‘Una Casa En Ruinas’ nos llega la colaboración estelar y, por qué no, sorprendente de Pau Donés, el alma viva de Jarabe de Palo, que le da un punto rasgado que contrasta con las formas vocales limpias de Rubén. El último estribillo, cantado a dos voces es uno de los puntos álgidos del álbum. ‘La Ley del Escaparate’ evoca alguna querencia sureña-country, reforzada por el piano que juguetea sobre el punto socarrón de la cantinela principal, mientras que en ‘Fuera de la Pecera’ se hace lo propio con una mezcla sutil entre Fogerty y lo latino.

Un punto canalla que es más explícito en ‘Con El Viento a Favor’, donde las referencias aéreas hacen honor al nombre de la banda. Aquí (no olvidemos que el grupo toma su nombre de una canción de The Rolling Stones), los influjos tiran por ahí en lo internacional, vía Burning en lo nacional. ‘Las Arrugas De Mi Voz’ refuerza el armazón de rock por la rama bluesera, con arreglos delicados pero notorios de guitarra en cada uno de los remates de los versos y un solo estiloso en la parte central. Continuista en la sonoridad, ‘La Farmacia de Chelsea’ suena con la urgencia de un rock clásico que, precisamente, tiene mucho de uno de los artistas citados, Chuck Berry. Y es que los mejores ya sentaron las bases de este invento.

‘Un Rastro de Migas’, como Hansel y Gretel, tira de épica acústica y con preciosismo de acordeón, para una más arriesgada interpretación vocal. Una composición que, pese a no contener distorsión, se antoja como la más compleja de toda la lista y, por tanto, más rica en matices. El álbum concluye con la ya avanzada en el mes de diciembre, ‘Frío En Los Pies’, donde colaboran músicos de confianza como los Marea, Kolibrí Díaz, productor, y Alén Ayerdi, el jefe del sello, además del Ciclonautas Javier ‘Txo’ Pintor. Otro tema acústico que en su melodía vocal nos puede recordar a gente como Dr. Sapo y que va creciendo poco a poco con el bajo, percusión y guitarra de los invitados de lujo.

Así, Vuelo 505 combina frescura con parámetros clásicos. Una propuesta tan honesta como específica que, no siempre pasa, está hecha de manera concienzuda.

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. Me Asustan Las Despedidas
  2. Las Cosas Que No Pueden Ser
  3. Desaprender Lo Aprendido
  4. Una Casa En Ruinas (con Pau Donés, de Jarabe de Palo)
  5. La Ley del Escaparate
  6. Fuera de la Pecera
  7. Con El Viento a Favor
  8. Las Arrugas De Mi Voz
  9. En La Farmacia de Chelsea
  10. Un Rastro de Migas
  11. Frío En Los Pies (bonus track, con Kolibrí Díaz, Alén Ayerdi y Javier Pintor ‘Txo’)

 

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Publicado el mayo 30, 2018 en Críticas Discos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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