Avalanch – El Secreto

Aunque es posible que haya habido que esperar un poco más que lo inicialmente previsto cuando se anuncio el regreso de Avalanch, por fin tenemos entre manos el primer disco de estudio de la banda en los últimos ocho años. Eso es mucho tiempo como para decir que la espera ha valido la pena pero, sí que es cierto que el resultado final está lo bastante conseguido como para una vez más tener que reconocer a Alberto Rionda su imponente habilidad para crear rotundas canciones de power metal melódico, con tienes sinfónicos y combinando la épica con el tono romántico que siempre ha caracterizado a sus melodías y a sus vocalistas. Y es que Avalanch también tiene ‘el mérito’ de ser uno de los grupos que más ha tenido que renacer de sus cenizas y afrontar constantes cambios de alineación. Quién sabe, igual tanto movimiento ha servido siempre de estímulo, pero también uno puede cavilar qué hubiese sido de ellos con una mayor estabilidad. Sea como fuere, aplaudimos a rabiar el regreso a los sonidos que nos han hecho volar a lo largo de los años. Algo que ya retomó en Alquimia, pero que ahora perfecciona en este El Secreto.

Hace unos días, con la crítica remember de Sherpa, hablaba del carácter cainita en el que nos regocijamos con frecuencia. Sin embargo, los hay que afrontamos las escisiones sabiendo escuchar y valorar a las dos partes, sin ánimo de enfrentamientos. En los años de ‘conflicto’ entre Avalanch y Warcry, disfruté con ambos sin reparo alguno, con el giro estilístico de Avalanch y con el power machacón de Víctor y los suyos. Y escribo esto para explicar que el hecho de que El Ladrón De Sueños y Malefic Time: Apocalypse no me convencieran (uno por discreto, el otro por irreconocible) no tiene nada que ver con la citada polarización, sino porque, sencillamente, me parecía que no estaban a la altura de Los Poetas Han Muerto, El Hijo Pródigo o Muerte y Vida.

Sea por un contagio o por la degradación de la convivencia, llegó el parón indefinido de 2012, después Alquimia y otros proyectos varios de todos… y muchas (una vez más) acusaciones, declaraciones cruzadas y comunicados, tan propios de la salsa rosa y poco de la música (ahora llevan una semana ahora vendiéndonos el tema Evaristo vs Robe). Pero tan grande en sus hechuras como negada en la esperanza de vivir sin sobresaltos, la cabecera también sufrió cambios desde que volviera con la gira aniversario de El Ángel Caído hasta hoy. Así, de tumbo en tumbo, el esperadísimo regreso al estudio de Avalanch se ha firmado finalmente con Alberto Rionda (guitarra), Dirk Schlächter (bajo), Isra Ramos (voz), Jorge Salán (guitarra), Manu Ramil (teclados) y Mike Terrana (batería).  Una suerte de dream team profesionalizado al que deseamos la mayor de las continuidades.

Dicho esto, Rionda capitanea un disco que viene a recoger de alguna manera todos ‘los palos’ (salvo los matices duros de black metal que se deslizaba en los estertores de la fase de Ramón Lage) en los que se ha movido en su carrera. Estamos ante álbum que representa un equilibrio casi perfecto. Power metal melódico sin caer en tópicos ni excesos barroco-bombásticos, épica sin caer en la caballeriza, romanticismo sin caer en el melodrama, conceptualidad sin caer en el exceso novelado, virtuosismo en algunos solos sin abrumar, melodías de teclados que no capitalizan, devaneos progresivos sin ser una coctelera polifónica.

Y claro, si juntas el talento compositivo de un Alberto Rionda muy acertado, con un compañero de guitarra como Jorge Salán, el bajista de Gamma Ray, el tecladista de la fase ascendente de Warcry, un baterista curtido en bandas como Axel Rudi Pell, Rage, Tarja Turnen o Masterplan, con ayuda en la producción de Roland Grapow (Halloween o Masterplan), os podréis imaginar que al sonido y a la ejecución no se le puede poner mácula alguna.

Con estos mimbres, Rionda nos deja una historia de búsqueda interior que da tumbos entre la mentira y la verdad, la vida y la muerte, el sueño y la realidad, alma y cuerpo, razón y corazón, todo rodeado de una fina mitología griega, pero sin circunscribirse a tiempos pretéritos, sino presentes e interiores.

‘El Oráculo’ abre la lista presentando algunos elementos comunes en lo argumental (el alma vieja) y en lo musical. Unos teclados, insisto, que me parecen integrados con una maestría abrumadora. Los coros del estribillo y la manera de entorna de Isra Ramos hacen el resto. ‘Demiurgus’ arrolla con la belleza de su sencilla pero efectiva melodía de teclados de ascendencia oriental. La velocidad aumenta de manera considerable en el puente y Alberto nos regala una nueva referencia clave: el uso constante de la palabra Lucero. Y es que Rionda dice haberse fijado en todos sus discos… habrá más referencias a otras canciones.

‘El Caduceo’ es otro tema excepcional. La entrada recuerda a los Queen más líricos para, a continuación, explotar un tempo pesado que recogerá velas con un estribillo melódico y hermoso con su tinteneo de teclados. Una canción total que casi se va a los siete minutos, firmando el más largo de la decena. ‘Katarsis’ tiene un arranque que nos puede recordar a ‘Demiurgus’. Pero no es ese su principal referente. Las similitudes con en el fraseo con ‘Los Poetas Han Muerto’ son tan sutiles como bellas. Incluso el texto parece conectar con aquella. (“Jamás renunciare a saber quién soy, aunque solo sea silencio. Quizás siempre estuve muerto”). También la muerte, como premonición, llega en ‘El Peregrino’, un corte en su linealidad, destaca por su estribillo hilvanado y por el gran solo antes de su última aparición.

La segunda parte del disco arranca con ‘Alma Vieja’, una canción que se inspira en el ‘Adagio’ del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo, popularizada a las cuerdas por Paco de Lucía. Esta revisión va más allá de la intro, encajando también el texto con emoción y respeto. Una balada creciente que explota de manera previsible en un éxtasis distorsionado final. Jugando con los textos y las autorreferencias, Alberto Rionda repite título con ‘La Flor En El Hielo’, sin que la canción sea la de su Alquimia… aunque se complemente, y con ‘El Alquimista’, un corte con numerosos cambios de ritmo y melodías, por momentos más heavy clásico y base de hard rock.

Llegando al final de la historia y el viaje de búsqueda, ‘Decepción’ está cantada con la mezcla perfecta de fragilidad y sobriedad que da el momento en el que se es consciente de una realidad ignota hasta el momento. “Ya sé que todo es mentira. Mi fe era solo una ilusión. Un error (…).Por mi gran error te pido perdón sincero. Ya nada puedo hacer por mí”, como un juego cruel.  El cierre lo pone ‘Luna Nueva’, que todavía nos regala referencias a poetas, a las ruinas del edén, incluso a la llama eterna “por siempre arderá”. Una despedida de power metal que nos abre, como siempre, un pequeño halo de luz en las tinieblas.

Los mejores ingredientes de Avalanch han vuelto. Bienvenidos a casa.

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. El Oráculo
  2. Demiurgus
  3. El Caduceo
  4. Katarsis
  5. El Peregrino
  6. Alma Vieja
  7. La Flor En El Hielo
  8. El Alquimista
  9. Decepción
  10. Luna Nueva

 

Publicado el abril 1, 2019 en Críticas Discos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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