Los Discos del Año 2019 de RockSesión

Es complicado ponerse a hacer listas así, porque siempre te queda la sensación de dejarte fuera gente que merece estar dentro. Así que, como siempre, ha de tomarse como una guía para acercarse a lo que no se conozca. O a darle otra oportunidad a un disco que no te llamó en la primera escucha. Tampoco ayuda el hecho de que por mis oídos pasen trabajos de cualquier género. También el hecho de que haya sido un año muy ajetreado me ha impedido escribir de todos los discos que hubiese querido, por eso hay algunos de los que no hay crítica completa. Pecata minuta. También excluyo como siempre EP’s (Lichis y Rubén Pozo, Sínkope, Onza, Los Acordes Rotos, Luter…) y directos (Josele Santiago, Piperrak, Los De Marras, Rosendo, Poncho K, Bunbury…). Entre las ausencias por diversos motivos, pero de los que recomiendo su escucha, os cito unos cuantos: Rocío Márquez, Kiko Veneno, los dos post-Raíz Nativa y Valira, el suma y sigue de The Buyakers, el nuevo camino de Vita Imana, los resurgimientos en solitario de Leo Jiménez y Jose Andrea, la vuelta al buen camino de Mägo de Oz o el disco a la altura de la leyenda de Obús. Por séptimo año, estos son los ochos oros, platas y bronces de RockSesión. Disparen al pianista.

Están ordenados alfabéticamente por medalla, no por escala de preferencia.

ORO

 

Belo – La Verdadera Historia De Todas Mis Mentiras

Es una norma no escrita. Siempre en mis discos del año hay alguno que entra en la la lista anual de medallas sin tener la crítica completa hecha. Una loable tradición, por otra parte. En enero tendréis la crítica completa de este estreno/reinvención en solitario del asturiano Belo, que después de cimentar una sobresaliente discografía con Los Susodichos, apunta a unos textos más personales si cabe y con algo menos de distorsión. Ello le da una mayor dosis de libertad en algunas formas melódicas y armónicas, que vienen a reforzar sus capacidades, puesto que sigue siendo capaz de hacer sangre colectiva desde la autocrítica más feroz y acusadora… y personal. Una forma de entender la música y la vida algo suicida, pero frontalmente creíble y abrumadora. El noble arte de mirar hacia dentro y mostrar las vísceras. Un oro con un profundo sabor a sangre.

 

 

Derby Motoreta’s Burrito Kachimba – DBMK

Este joven sexteto (Dandy Piranha a la voz, Bacca y Gringo a la guitarra, Papi Pachuli a la batería, Soni al bajo y Von Máscara al teclado y al sintetizador) no viene a hacer nada que no se haya hecho antes. Pero su frescura, sus bases pegadizas y gran nivel de ejecución ha despertado el aplauso casi unánime de quienes los escuchan y ha volado la cabeza a más de uno, especialmente los alejados de los géneros a los que referencian. En Derby Motoreta’s Burrito Kachimba se encuentran los ingredientes clásicos del denominado rock progresivo andaluz, manteniendo poesía y raigambre. A todo eso, se le suma cierto aire kinki suburbial y barrial. Unido a la psicodelia, especialmente rítmica, como un Los Brincos del siglo XXI, y ciertos toques de hard zeppeliano.

 

 

El Drogas – Solo Quiero Brujas En Esta Noche Sin Compañía

Hay que dejar claro que el disco, ante todo, nos trae la mejor pluma de El Drogas, que firma sus mejores letras independientemente del ropaje.  Rubrica un álbum valiente y atrevido, más allá del número de canciones y metraje, porque no entra en el disparo fácil ni en la concesión de cara a la galería y eso siempre incomoda a algunos. Es un disco que exige por cantidad de canciones y por calidad de matices en sonidos y textos, alejando la previsibilidad en casi todo el metraje. Y claro está que las 42 canciones no pueden estar al mismo nivel es algo de cajón, pero se ha puesto el listón a una altura difícilmente superable. Sobre todo para los oyentes que primen más el arte que el exabrupto y la escucha fácil que la que exige un cierto listón de atención y análisis.

 

 

Hora Zulú – La Voz del Amo

Es difícil catalogar en pocas palabras todo lo que es capaz de transmitir la banda tanto en lo musical, como en la expresividad de las líneas vocales y, cómo no, en los textos de su autor. Quien lo probó lo sabe y quien quiera entender que entienda. Dicho esto, y a modo de breve sinopsis, tiene el sonido mejorado del SSSSNNNN, también por los arreglos de teclados que se deslizan en unos cuantos temas, pero con una agresividad más cercana al segundo y tercer disco. Todo esto dicho con mucho temor y comillas, ya saben. No vaya a ser que los que nos copian digan luego que “vuelta a los orígenes” o algo así. La lírica vuelve a estar cuidada al extremo, con los denominadores comunes de las vueltas al latín y a las referencias cristianas (paganizadas, en este caso) y una importante dosis de desahogo y liberación de inquinas, manías y advertencias contra estupideces. Audite, malum lac, in summa.

 

 

Lagartija Nick – Los Cielos Cabizbajos

Intereses, banderas, fronteras, enemigos… Aunque las narraciones se trasladen a otros años, el mensaje es el mismo e igual de válido para el cementerio Mediterráneo o para el reproche de banderas y fronteras. El fallecimiento inesperado de Jesús Arias en esa maldita tarde en la que nunca apareció a comer por casa de sus padres ha dado alas a un Antonio, siempre devoto y orgulloso del impulso creativo de su hermano. Si en la anterior entrega ya se recogían muchas ideas esbozadas por Jesús, ahora todo ha sido mucho más intenso, meditado y cuidado al extremo. Cientos de notas, partituras, demos y apuntes para este Los Cielos Cabizbajos, autodefinido como “un poema sinfónico de Jesús Arias interpretado por Lagartija Nick”. Arreglos orquestales para una partitura de guerra y desolación. Ambientación a cielos grises, a dolor por la muerte impuesta. Obsesiones constantes en una obra conceptual.

 

 

Marea – El Azogue

Lo más inteligente es que no juegan a ser lo que no son, por seguir los pasos sinfónicos de sus maestros, Extremoduro. No hay revolución sonora, ni en las formas, ni en las estructuras, ni en la manera de desarrollar ni las canciones como concepto global, ni los textos. Desde ese punto de vista, El Azogue es un disco continuista y previsible, que no conformista y aburrido. Esos pies en el suelo lo dotan de credibilidad y, a buen seguro, es lo que mejor saben hacer. Marea remata un álbum en el que las sombras del devaneo estéril se pierden con la luz de lo más sincero y necesario. Diez temas que no pecan de ínfulas, pese al porte que confiere siempre el lenguaje poeta, que palian las heridas mortales de dentro y que supuran de fuera, marcan la línea vital y tocan el cuerno a rebato para el aquelarre de la comunión rockera, que se celebró en homilía en medio centenar de conciertos.

 

 

NoProcede – Morder y Esperar

Tras el feroz y primerizo No Quedan Valientes, la cosa se puso seria en Grisú y con Morder y Esperar llega el aldabonazo definitivo para un grupo en el que Javier Beltrán lleva dejándose la garganta, el alma y algo más para ponerlo donde sueña. Tras un nuevo proceso de remodelación, le acompañan en esta nueva muesca  Kike del C. Sanz a la guitarra (que ya estaba en el anterior) y los incorporados Fran Porras al bajo y Carlos Sánchez en la batería, que han participado de manera activa en el ropaje eléctrico y los arreglos de unas canciones que ya estaban hechas en su versión acústica. NoProcede ofrece diez vísceras que se mueven entre lo críptico y el aliento en la nariz de quien te habla de frente. Guitarras que entran y salen por fraseos y estribillos para darle una energía desbocada por momentos. Una base rítmica que gana peso y poso para darle un armazón de un dragón de Komodo que sucede (se come) al canario.

 

Segismundo Toxicómano – Sangre Fácil

Uno nunca puede escapar de lo que es. Y Segismundo Toxicómano es pasión. Es ganas de prender la mecha con melodías vocales adictivas. Con coros incendiarios, con guitarras que entran, cruzan y salen con una aparente sencillez pero con una furia que no hace prisioneros. Con una batería que cabalga infalible sobre las líneas de bajo certeras y precisas. Uno nunca puede escapar de lo que es. Y los Segis son el dedo en la llaga y el dardo en la diana. Con el punto de mira siempre apuntando a los órganos vitales y con la canción presta para azuzar emociones, sean de denuncia, de rabia, de incomprensión, de odio y de rebelión. Por eso, su vuelta a los escenarios no podía quedarse solamente en los conciertos. Segismundo Toxicómano publica su mejor disco hasta la fecha. Lo es en todos y cada uno de los elementos que consideremos: composición, estudio de grabación, productores, diseño gráfico, fotografía, edición, distribución, formatos…

 

PLATA

 

Coque Malla – ¿Revolución?

Coque Malla entra en el medio siglo. Lo hace sin atisbo de cansancio, renovado por su vuelta a la ciudad. Confiado por la buena aceptación que supuso el revolucionario El Último Hombre En La Tierra, que se ganó de forma meritoria aquella coletilla de ‘su disco más maduro’. El álbum ha nacido sin prisa y confirmando el excelente estado de forma. Con libertad plena para sonar discotequero, sinfónico o, incluso, rapear. Un trabajo del que se cita como influencia las sesiones de escucha de Daft Punk o Radiohead, aunque destacaría más su lado sinfónico y cuerdas. Donde aparece claro el referente de The Beatles y también de Supertramp o, incluso, Frank Sinatra y otros crooners. Para un tipo que tiene himnos generacionales en su época con Los Ronaldos y otra gran colección de puñales en el corazón en solitario, decir que prevemos que su próxima década va a ser la mejor es mucho decir, pero es que hace pensarlo.

 

 

Igor Paskual – La Pasión Según Igor Paskual

Confiesa que sabía que iba a tardar tres álbumes en alcanzar el sonido que iba persiguiendo junto a su mano derecha Carlos Stro y el resultado no puede darle más la razón. Jugando con su apellido y afrontando con pulsión de vida la muerte de una persona muy querida (Jéssica M. de La Paz) Igor –nos- resucita a través del Rock (mayúscula voluntaria), transmitiendo un mensaje vitalista y rabioso. Sin pelos en la lengua ni correcciones políticas. Como viene haciendo desde el primer día que se subió a un escenario. En cuanto a las formas, encontramos un álbum coherente en su multitud de registros. De la ampulosidad preciosista de ‘Inmortal’, al malditismo épico de ‘Waterloo’, al punk bilioso de ‘Ratas’ o a esa maravilla progresiva de nueve minutos de versión de ‘El Gavilán’ de Violeta Parra, que casi podría haber firmado King Crimson y que bien podría venderse como un disco, ella sola.

 

 

Leiva – Nuclear

Leiva ha ido ganándose una reputación o simpatía por viejos tótems del rocanrol y él, que ante todo es una persona con la cabeza bien amueblada, ha sabido ir aprendiendo de los fracasos, de los errores y también de los aciertos, para hacerse con una base sólida de incondicionales. Está claro que ni se le puede acusar de vivir de las rentas (4 discos en 7 años), ni de que no saber aprovechar sus oportunidades. Sea con Loquillo, Ariel Rot, Johnny Cifuentes (aunque aquello acabara mal) o Joaquín Sabina (y Benjamín Prado), con quien se hizo una uña más de su carne en Lo Niego Todo. Esa vampirización constructiva le lleva a firmar en Nuclear un disco que mira hacia dentro (a su manera) y mejora las letras con respecto a su antecesor. Un pequeño paso más dentro de una sinonimia. Y es que Nuclear trae todo lo que se espera de Leiva. La impostura vocal de los fraseos, los medios tempos, los estribillos y melodías pegadizas. Parece sencillo, pero él, en la facilidad, sigue reinando y haciéndose fuerte.

 

 

León Benavente – Vamos a Volvernos Locos

Tercer larga duración para el cuarteto León Benavente. El difícil disco que viene tras la explosión definitiva de público que supuso su anterior y espectacular gira (doy fe). Quizá sea por esa dosis extra de responsabilidad, la banda se recluyó del ruido para no traicionar la autenticidad que les ha encumbrado, con un sonido que combina tantas cosas que es imposible encasillarlo por más que lo intenten. Y solo hay que poner una dosis mínima de atención a sus canciones (sin prejuicios) para darse cuenta de ello. Si a su imponente ejecución, con César Verdú a la batería y percusiones, Luis Rodríguez a la guitarra y Eduardo Baos al bajo y sintetizadores, se le suma la gran capacidad lírica de Abraham Boba (voz, órgano, percusión…), el resultado es el que es. Que es una de los grupos más recomendables de toda esa escena en el saco sin fondo que se ha dado por llamar indie.

 

 

Loquillo – El Último Clásico

Lo siento para los que escuchan su nombre y su voz y les sube el exabrupto a la boca porque les puede la bilis a una opinión discordante y a un análisis más cabal. Loquillo ha sacado (y se la) un señor disco de rocanrol en El Último Clásico. Podemos tener nuestro orden de preferencia en la decena de temas pero todos, absolutamente todos, tienen un poder hímnico y aglutinador que casi parece un fin de fiesta constante. Como las largas tandas de bulerías tras un recital flamenco. El hecho de haber confiado las composiciones a tantos y variados escritores y músicos amigos hace que todos hayan optado por buscar la canción total, el tema congelado en el tiempo y simbólico de una forma de vivir el rocanrol. Aires épicos, sonidos que recuerdan al rock español de los sesenta, country rock, algo de raíz negra por la vía Motown, también mucho de New Jersey. Una explosión de vitalidad que para un tipo que, con la previsible larga gira de presentación del álbum,  se va a meter en los 60 años. Y, que ladren, que parece que hay cuerda para otra década más.

 

 

Quique González y Luis García Montero – Las Palabras Vividas

No es que tenga una variedad de registros infinita, pero sí que es cierto que una de las muchas características de la carrera discográfica de Quique González es la de no dar más de dos pasos en una misma dirección. Del rock eléctrico al carácter intimista, del abrazo al sonido americana y Nashville a la compendiosa naturaleza de su anterior entrega de estudio. Todo ello con la dificultad de mantener una seña de identidad propia, casi tangible. Quique González da una nuevo salto hacia delante uniendo fuerzas con el poeta y escritor Luis García Montero, tan vinculado por otra parte al mundo de la música. El madrileño pone las partituras y el granadino los textos. Sin instrucciones previas ni trabajos de corrección posteriores. Admirando el trabajo del otro y respetando su naturaleza. Bendito experimento creativo para dos artesanos de ambos oficios. No podía salir nada malo de ello. Las Palabras Vividas es un álbum de largo alcance y recovecos infinitos que tocar. De estancias ocultas entre el olor a madera de la música y el sabor que empaña los ojos por los versos.

 

 

Sandré – Ave Muñón

Ave Muñón son once descargas de velocidad, acidez y animalismo sin menor concesión al resuello. Es uno de los tres mejores discos de punk publicados este año en nuestra escena. Visceral, salvaje, con retranca, edulcorando la virulencia con las melodías de las voces femeninas que, eso sí, no rebajan por ello su energía. Los compartimentos estancos en los que se divide la música en nuestros días (aquí, resistiremos) me hacen intuir que, por temas de sonido o actitud, Sandré acabe entrando con mayor facilidad en los circuitos indies que en los del punk-rock al uso. Es decir, que veo más fácil que comparta cartel con El Columpio Asesino que con Gatillazo, pero os aseguro que la descarga vale la pena, para quienes gocen con la velocidad y lo cortante del género. No hay tregua, van a devorar al oyente en un auténtico atropello sónico que, lo peor de todo, engancha. De la portada, con en esos iconos que tanto recuerdan al libreto del ¿Cuándo Se Come Aquí? de Siniestro Total, ni hablamos.

 

 

Santero y Los Muchachos – Rioflorido

A principios del pasado mes de marzo veía la luz este Rioflorido, el segundo larga duración de la banda valenciana Santero y Los Muchachos, que guarda los principios fundacionales de su debut, pero yendo un paso más en la ambición que da la seguridad de que se está apreciando lo que se ofrece. Autodefinido como rock reposado, la escucha de Santero en general y de este Rioflorido en particular debe considerarse como una suerte de delicatesen para momentos elegidos. Las guitarras eléctricas tienen la distorsión justa, se juega con terrenos semi acústicos y desenchufados al completo, aparecen sutilmente metales, dobros, contrabajos, lap steel y percusiones orgánicas. Si a algún despistado le contamos que algunos de sus componentes han formado parte de bandas como La Pulquería y Obrint Pas, no nos creería. Pero es que la música es así de grande, por eso nos tiene locos.

 

BRONCE

 

091 – La Otra Vida

La banda granadina siempre ha sido un referente constante en esta casa, por las vinculaciones sanguíneas que tantas veces he comentado. Los conocí gracias a ese Último Concierto al que mi hermano le daba tantas vueltas y en 2016 me pude quitar la espina de verlos en directo gracias a la Maniobra de Resurrección. Resulta que esa gira dio pie a la decisión de los cinco ceros (José Ignacio Lapido, José Antonio García, Tacho González, Víctor Lapido y Jacinto Ríos) a seguir adelante, a permitirse el lujo de grabar un disco de canciones nuevas, 25 años después de su último Todo Lo Que Vendrá Después. 091 empiezan La Otra Vida, la que comenzaron con su triunfal reinterpretación de Lázaro. Con menos penurias y con las cosas más claras. Se lo han ganado a pulso. Y lo vuelven a demostrar una vez más. Coherencia, humor negro, guitarras furiosas, melodías pop y canciones sin la más mínima fisura ni borrón. Todo un ejemplo a seguir.

 

 

Avalanch – El Secreto

Primer disco de estudio de la banda en los últimos ocho años (de nuevas canciones). Eso es mucho tiempo como para decir que la espera ha valido la pena pero, sí que es cierto que el resultado final está lo bastante conseguido como para una vez más tener que reconocer a Alberto Rionda su imponente habilidad para crear rotundas canciones de power metal melódico, con tienes sinfónicos y combinando la épica con el tono romántico que siempre ha caracterizado a sus melodías y a sus vocalistas. Y es que Avalanch también tiene ‘el mérito’ de ser uno de los grupos que más ha tenido que renacer de sus cenizas y afrontar constantes cambios de alineación. Quién sabe, igual tanto movimiento ha servido siempre de estímulo, pero también uno puede cavilar qué hubiese sido de ellos con una mayor estabilidad. Sea como fuere, aplaudimos a rabiar el regreso a los sonidos que nos han hecho volar a lo largo de los años. Algo que ya retomó en Alquimia, pero que aquí se perfecciona.

 

 

Carolina Durante – Carolina Durante

Resulta curioso que pese a su exultante juventud, tanto como banda como de sus propios componentes, Carolina Durante deba pelear tanto para que sean las canciones y las guitarras las que se asocien a su nombre y no los rumores de la prensa rosa, la constante comparación enfrentada con Taburete o que si vienen a representar una vez más lo de niños pijos jugando a ser malos. Resulta curioso que siempre se mantenga beligerante un bastión reclamando la autenticidad del extrarradio a la hora de pegar guitarrazos o destilar ácida ironía nihilista y críticas al sistema. El disco pone un punto disruptivo en el lenguaje homogeneizado de su género o, más bien, la bolsa donde los encuadran. Como también lo hace, a su manera, León Benavente. Se ríen de su propia generación, contradictoria y caprichosa, con la misma mordacidad, que mezcla seso y locura, con la que otro grupo como Novedades Carminha pasa con genialidad de hacer punk a hacer ritmos verbeneros y bases urbanas. Y también dan donde duele.

 

 

Exceso – Rimas y Rock

Más tiempo del deseable ha pasado para que tengamos nuevo trabajo de Exceso. La banda catalana se erigió como uno de los más firmes candidatos al podio del rock tras dos sobresalientes álbumes  Niebla Y Hollín (2010) y Canciones del Segundo Origen (2012). Discos poderosos en las formas, con amplitud de registros a terrenos del rock a la querencia arrumbada, de poesía y una eléctrica manera de narrar las cosas. Pero el tiempo, como también ha ocurrido con los ocho de Marea, es relativo, y al final los siete años que han transcurrido hasta el lanzamiento de este Rimas y Rock se han pasado tan veloces como crueles. Puesto que en un mundo en el que los mp3, visualizaciones, tendencias y reproducciones fagocitan la importancia de la creación, la memoria se difumina mes a mes. En este tiempo, Ferrán Exceso ha seguido peleándose escenarios a base de muchos conciertos acústicos, lo que ha mantenido viva la llama y las ganas de volver a vibrar. Aquí nos trae de vuelta a una banda que viene con ganas de morder y de recuperar el tiempo perdido y su meritorio hueco.

 

 

Los Zigarros – Apaga La Radio

Sin prisa pero sin descanso, Los Zigarros suman y siguen en su camino por el rocanrol más clásico y genuino destinado a públicos mayoritarios. Y es meritorio que lo hagan sin perder un ápice de autenticidad y con cierta valentía y arrojo para endurecer ciertos sonidos, sacrificar las tonadas más bailables y aprehensibles por otros territorios de vieja escuela. Después de dos discos que se colaron ambos en las medallas de los Discos del Año de esta casa, negar que estos valencianos nos caen en gracia es absurdo. Pero claro, el status (con Quo y sin Quo) hay que mantenerlo con buenas canciones, buenos álbumes y buenos directos. Y de todo ello siguen en plena forma Álvaro y Ovidi Tormo, a las guitarras, con Adrián Ribes a las baquetas y Nacho Tamarit al bajo. Diez temas en poco más de media hora con Apaga La Radio que les coloca un peldaño por encima de su propia dinámica. Textos accesibles, guitarras que nunca decaen y unos compañeros de viaje de lo más solventes.

 

 

Malos Vicios – Grietas

Aunque Al Mal Tiempo… Mala Cara ya cayó en mis oídos en su momento, como la inmensa mayoría, me rendí a Malos Vicios, la banda de punk rock castellonense, con el disco Por Amor Al Arte. La Ventana Indiscreta me resultó buen disco, pero tras el directo perdí un tanto la pista al grupo. Tras esparcir en el tiempo otras entregas y EP’s, su regreso con El Fin de la Diplomacia tampoco me volvió loco (quizá demasiado panfletario para mi gusto). Los años han ido dotando de mayor grosor a la aguda voz de Víctor, que ha elevado considerablemente el nivel de las letras en esta entrega. A las guitarras y coros están Juanan y Juanjo, a los coros y bajo Tena y a la batería Lluís. Ellos son los que firman la producción, junto a Alberto Sales, que estuvo a los mandos en los estudios Rocketes de Castellón de la Plana. El sonido ya de por sí mejora a su antecesor. No está nada mal que tras 25 años y diez entregas, el nivel recupere la trayectoria ascendente.

 

 

Rulo y La Contrabanda – Basado En Hechos Reales

Cuarto disco de estudio para Raúl Gutiérrez, Rulo para el rock desde que se colgara una guitarra en plena adolescencia y que le cantara odas al alcohol y la madrugada en los tiempos de La Fuga, de donde hizo honor al nombre, escapando de ella. Nadie le ha regalado nada y se lo han querido poner un poco más difícil, por aquello de las personas que quieren que los discos sean como ellos quieren. Si Señales de Humo fue transición, Especies En Extinción fue una búsqueda más amplia y El Doble De Tu Mitad fue la concreción de sinergias, Basado En Hechos Reales es equilibrio. Con más de 25 años componiendo nadie le va a decir que es ahora cuando lo hace bien, pero sí que se me antoja un aprendizaje constante en el que ha cosechado la suficiente seguridad como para no caer en sus clichés. Y tampoco de alejarse para querer entrar en unas ligas que no son las suyas. Esa naturalidad, que siempre ha tenido pero que no siempre se ha transmitido igual, es lo que hace fuerte y notable su último trabajo.

 

 

The Dry Mouths – Lo-Fi Sounds For Hi-Fi People

Segundo álbum de los almerienses en 2019 que, a buen seguro, jamás podrá olvidar, ni como personas, ni como músicos, ni como banda. El pasado mes de febrero (el mismo febrero que yo también maldigo), un rebato súbito se llevaba por delante la vida de Andy Reyes, su bajista, quien dejó como legado, además de su propio gigante y buen recuerdo, dos discos grabados con sus compañeros de grupo, Christ O. Rodrigues (voz, guitarras, sintetizadores) y Josh Morales (batería y coros). El primero de ellos vio la luz apenas dos meses después, en abril, bajo el título de Memories From Pines Bridge. Un disco de preponderancia instrumental, que se ve completado ahora con Lo-Fi Sounds For Hi-Fi People, que combina cinco canciones con otros tres pasajes instrumentales. La música de The Dry Mouths siempre ha tocado fibras de difícil localización pero, sin lugar a dudas, estas dos últimas entregas tienen un aura indescriptible que refuerzan las emociones para una banda repleta de matices y capacidad para la trascendencia.

 

Historial de todas las ediciones editoriales:

Los Discos del Año 2018 de RockSesión
Los Discos del Año 2017 de RockSesión

Los Discos del Año 2016 de RockSesión
Los Discos del Año 2015 de RockSesión
Los Discos del Año 2014 de RockSesión
Los Discos del Año 2013 de RockSesión

 

Publicado el enero 5, 2020 en Actualidad, Discos del año y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

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