Sidecars – Ruido De Fondo

Si una de las consecuencias colaterales de la pandemia es que ha supuesto un frenazo brusco a los planes más inmediatos del personal, en el caso de Sidecars ha venido a caerles en el momento más inoportuno de su carrera. La banda liderada por Juancho (voz y guitarra) y bien escoltado, como siempre, por sus dos compañeros fundadores, Gerbass al bajo y Ruly a la batería estaba en su punto más dulce de su trayectoria en cuanto al reconocimiento popular. Si el disco homónimo de su debut y Cremalleras les sirvió para granjearse ciudades y pequeños escenarios y aforos y Fuego Cruzado les supuso un salto de calidad y amplitud de miras, refrendado por el atrevido directo de Contra Las Cuerdas, Cuestión De Gravedad les llevó a dar el salto definitivo a la primera línea, con una gira kilométrica de dos años, tocando en ciudades por las que no pasaban desde hacía años y en recinto que cuadruplicaban o quintuplicaban el escenario de la ocasión anterior. También, con ello, se despertó la atención del mundo latinoamericano… y, así las cosas, su sexto álbum debía ser el de la eclosión definitiva. En el que disfrutar de tanto trabajo en el local de ensayo desde los tiempos ensoñados de instituto. A este Ruido De Fondo, le cogió el primer confinamiento primaveral en plena campaña de lanzamiento, con la agenda privada llenándose de fechas reservadas… Recoger el esfuerzo de lo sembrado. Pese a todo, la banda siguió adelante y lo publicó en septiembre. Un mes de por sí complicado para los lanzamientos de discos (más todavía en 2020) y una gira congelada y a expensas de evolución. He tardado demasiado en meterle mano. Tanto es así que no es habitual que escriba de un disco cuatro meses después de su publicación, pero creo que lo merece. A ello me comprometí conmigo tras reconocerles el mérito en la pasada gira (la palabra siempre ha de ser ley, incluso con uno mismo). Sea.

De nuevo con la producción de Nigel Walker, acercándose ya a esa delgada línea entre la plena confianza que da el trabajar con alguien como de la familia y la comodidad, Sidecars ofrece en Ruido De Fondo once nuevos temas que consiguen, no en las formas, sí en el nivel, una cierta homogeneidad de calidad bastante notoria, quizá la que más de su media docena de discos. Nada sobra, no se atisba ni un solo tema que acuse falta de rodaje o que esté por hacer bulto.

Ruido De Fondo es un muy buen disco de rock accesible pero no por ello carente de nutrientes. Y si uno gritaba aquello de qué le importaba a nadie cómo estaba su alma, ¿qué importa que se le noten de manera descarada sus influencias? ¿O que su tesitura o forma de cantar sea tan similar a su hermano? Uno no puede escapar de lo que es, pero es que en este caso es del todo innecesario, sino más bien hasta un orgullo.

Dicho todo esto, Ruido De Fondo es un disco del todo continuista, pero con mejor resultado que su predecesor. Es como quien repite una receta de cocina con los mismos ingredientes pero cada vez le sale más sabroso. Ya habrá años y más carrera para buscar más riesgo. Por ahora, el resultado sigue mereciendo la pena, porque continúan ofreciendo canciones sin fisuras, con el romántico encanto del estribillo radiable y una creciente sobriedad en las letras, fruto del natural paso de los años.

Sin quererlo, ‘Mundo Imperfecto’ es casi una hija de su tiempo, como una lista de buenos deseos y consejos… Porque no tiene que ser perfecto si el sueño principal se cumple. Eso debe bastar para dar los pasos en esa dirección. Imagino que les han sobrado los motivos para escribirla, sabiendo de lo que hablan. Sugestión mía (o no) le noto algún toque arrancherado en alguna línea melódica del estribillo. Más ilusión hacia el futuro en ‘Garabatos’, un medio tiempo que va creciendo de manera harmónica hasta devenir en una coda que tiene mucho de aires setenteros entre el solo de guitarra que se va intercalando entre el estribillo y el arreón final de teclados y batería. Es aquí donde esa ‘corrección de estudio’ me deja a medias, porque quizá deberían lanzarse, en algún tema, a dar rienda suelta a desarrollos más largos, como sí hacen en los directos.

Un tema aparentemente sencillo como ‘Galaxia’ conjuga algunos arreglos de violín con un punto muy americano del riff principal, que nos conecta con la querencia Springsteen de Carlos Goñi. Si el toque confesional se venía palpando en más de una estrofa, se hace más patente si cabe en ‘Detrás De Los Focos’, donde César Pop se suma con sus teclados a una canción honesta sobre las contradicciones de personaje y persona, con los maravillosos versos finales antes de los coros: “hay canciones que no vuelan, pero versos que se quedan para siempre”. Y quizá mucho de eso tiene ‘La Noche En Calma’, una deliciosa nana en su melodía pero con buen armazón rockero para una declaración de amor en equilibrio entre la respetuosa elegancia y la pasión desbocada.

Pero si la nana no engaña en su sabor azucarado, llegan dos muescas directas con heridas más cruentas en los dos siguientes cortes. Para quienes sabemos de esas sensaciones, ‘Golpe De Suerte’ es una hermosa composición que narra ese pavor a la falta de inspiración, cuando el blanco de la hoja o de la pantalla parece sacar los dientes, pero trasladado a un marco mayor: “La vida se aburrió de esperar, mi mundo ya no quiere girar. Me quedan cien motivos y apenas nada que contar”. Por su parte, ‘Looping Star’ es la canción más venenosa. Una metáfora de la vida a ritmo de parque de atracciones (descarriles, vueltas, soltar las manos…) y aires de distorsión grandilocuente. El tema paradigmático de esa progresiva sobriedad que va adquiriendo Juancho en los textos. “Cada suma, resta”.

‘Quién Sabe’, con predominancia de teclas y bien acompañado del brillo acústico, es un bello canto al futuro compartido en el que la voz de Juancho se acompaña de la colaboración de Angie Sánchez para dar la dulzura necesaria a una inspiradora historia de gigante valentía, aunque las formas musicales sean tan frágiles. “¿Cuántos impactos podré aguantar? No sé. Pero vamos a probar a ver qué pasa y diremos que lo hicimos sin querer”.

Como si fuese el reverso de la moneda, ‘Ruido De Fondo’ es todo lo contrario. El soniquete nos resulta terriblemente familiar pero la canción se reviste de arreglos de guitarra más áridos o sureños, para, al final, sumar. Hasta quizá el “tenía que decírtelo” es otro velado guiño de reconocimiento a mayores. De la misma cuña que ‘Mundo Imperfecto’, ‘Noches De Guardia’ nos acerca al final con otra dosis de esperanza, iluminada por ese ligero tintineo de teclas y una melodía optimista con descaro. Y si alguien esperaba una salida reposada, ‘Voyeur’ es el acelerón final. Un tema de generosos rasgados de guitarra, por instantes, nos engancha a cierto aire stoniano.

Sidecars concluye así un álbum sólido y que mantiene la trayectoria ascendente. Las cosas a su debido tiempo pero esta colección refleja a las claras que la banda tiene ante sí una capacidad de crecimiento indiscutible. Quizá solo falta asumir esa apuesta por el riesgo, quererlo y creer en ello, aunque es entendible que, para ellos, todavía no era el momento.

Lista de canciones – tracklist:

  1. Mundo Imperfecto
  2. Garabatos
  3. Galaxia
  4. Detrás De Los Focos
  5. La Noche En Calma
  6. Golpe De Suerte
  7. Looping Star
  8. Quién Sabe
  9. Ruido De Fondo
  10. Noches De Guardia
  11. Voyeur

Publicado el enero 28, 2021 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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