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Robe. Palacio de Congresos de Granada. 26 de mayo

Hay actos de valentía suicidas, como un tango, que están abocados al delirio de una locura transitoria y a un puntual desarraigo con el pasado. Actitud que hace que siempre se intente avanzar por un camino por descubrir, lleno de posibilidades y de nuevas sensaciones. Robe, animado y azuzado por el éxito de nuevos públicos en la evolución sonora de Extremoduro, decidió lanzarse de pleno, henchido de esperanza su espíritu imperecedero, a juguetear con instrumentos alejados de los convencionalismos del rock de trinchera, buscando una sublimación de las formas, del lenguaje y de las emociones. Como si una pulsión innata le hiciera saltar al vacío, mamando de esa voluntad sobrecogida. Pero ese salto mortal no es tal cuando en los interiores de su legión de seguidores ha encontrado comprensión a su propuesta. Una respuesta firme, borde y desafiante ante las ignominias endémicas que hace que la felicidad ante el triunfo final sea mucho mayor. Robe, después de dos discos de su proyecto personal, sale de gira y todo cobra sentido. Las canciones crecen, el público sonríe, salta, disfruta con cada uno de los pedacitos de paz que transmite el extremeño y su excepcional banda. Música blanca, delicada y preciosista, de corazón a corazón. (FOTOS: Juan Jesús Sánchez Santos para RockSesión. Se pueden usar libremente citando siempre a la fuente y al autor).

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