Robe. Palacio de Congresos de Granada. 26 de mayo

Hay actos de valentía suicidas, como un tango, que están abocados al delirio de una locura transitoria y a un puntual desarraigo con el pasado. Actitud que hace que siempre se intente avanzar por un camino por descubrir, lleno de posibilidades y de nuevas sensaciones. Robe, animado y azuzado por el éxito de nuevos públicos en la evolución sonora de Extremoduro, decidió lanzarse de pleno, henchido de esperanza su espíritu imperecedero, a juguetear con instrumentos alejados de los convencionalismos del rock de trinchera, buscando una sublimación de las formas, del lenguaje y de las emociones. Como si una pulsión innata le hiciera saltar al vacío, mamando de esa voluntad sobrecogida. Pero ese salto mortal no es tal cuando en los interiores de su legión de seguidores ha encontrado comprensión a su propuesta. Una respuesta firme, borde y desafiante ante las ignominias endémicas que hace que la felicidad ante el triunfo final sea mucho mayor. Robe, después de dos discos de su proyecto personal, sale de gira y todo cobra sentido. Las canciones crecen, el público sonríe, salta, disfruta con cada uno de los pedacitos de paz que transmite el extremeño y su excepcional banda. Música blanca, delicada y preciosista, de corazón a corazón. (FOTOS: Juan Jesús Sánchez Santos para RockSesión. Se pueden usar libremente citando siempre a la fuente y al autor).

Leía hace pocos días en una muy buena entrevista de África Egido a Robe en Efe Eme (qué gustazo que ya no sean tan contadas las conversaciones con él, aunque hace dos años nos hiciera sentir privilegiados a los pocos que lo conseguimos) que le interesa más la composición que actuar en directo, porque construir una canción es como poner una piedra que ya no se va a mover. Entiendo lo que expresa, pero es innegable, visto lo visto en la noche del viernes en el Palacio de Congresos de Granada, cuarta cita de la gira, que a Robe le hacía falta sentir el calor de su gente. Y así fue con argumentos sobrados para ello.

A día de hoy todo lo que rodea la propuesta artística de Robe transmite un buen karma casi tangible, corpóreo. Las extremas medidas de seguridad adoptadas por la policía de Granada a tenor de la tragedia de Manchester provocaron que la demora en el inicio del concierto fuera de casi una hora pero, podrían haber sido dos que los asistentes ya estaban felices por el mero hecho de estar allí, de poder ver de nuevo a Iniesta en un escenario, como si su sola convocatoria tuviera un poder apotropaico sobre todo lo que le rodea. Hasta el siempre atareado Alen, baterista de Marea y mánager de Robe, tiene tiempo de pararse a conversar pese a toda la vorágine de preparativos previos y modificación de planes sobre la marcha. “Voy para abajo ya que está un poco nervioso”, me dice.

Y así es. Cuando uno tiene la certeza de que su trabajo es bueno y que lo que tiene que contar y mostrar vale la pena todo debe ser algo más fácil, pero eso no quita para que ese principio de incertidumbre de Heisenberg tenga su traslación artística. En la penumbra aparecen los primeros músicos de la banda y Robe corre hacia la silla en la que estará durante toda la primera parte del concierto. Suenan los primeros acordes introductorios y los protagonistas se voltean para darle vida a ‘El Cielo Cambió De Forma’.

No ha lugar al temor, pero la banda, en su cuarto concierto ante el público tras Valladolid, Pamplona y Valencia, aún no presenta un formato automatizado. Se nota y provoca una sensación de deseo y duda muy poderosa. La tormentosa cadencia de la canción, empieza a anticipar algunas de las constantes de la noche en el sexteto. Lorenzo González en las segundas voces con una pulcritud vocal calcada a la de los discos en estudio. Alber Fuentes en la batería mastica cada una de las canciones con seguridad y con un porte que casi le hace ser el conductor del resto de compañeros. Álvaro Rodríguez se bate con aplicación entre el piano y el hammond, además de saltar la barrera para darle alma al acordeón. Carlitos Pérez, el más joven de la formación, no baja la guardia en la concentración en el violín, sin estridencia alguna, acorde a su estética oriental, con zapatillas japonesas incluidas. En contraposición, David Lerman ejerce de ‘gamberro’ hiperactivo, evidenciado con sus constantes faldas escocesas rojas, así como en el baile, sea con saxo, clarinete o especialmente el bajo en la segunda parte del concierto. Y, finalmente, Robe en un papel de discreción pudorosa para que el protagonista no sea él sino las canciones. Cree en lo que canta y se nota que canta lo que le apetece en este momento. Vibra y siente cada fraseo y se fuerza en cada estribillo aunque, como apuntaba, nada tiene que ver los primeros temas sobre cómo irá evolucionando la velada.

Tras una entrada que hace explotar la expectación en una cálida ovación y vítores, la primera parte del repertorio se centra en las canciones en las que Lerman tiene que hacer más uso de saxo y clarinete, por lo que Loren hace gala de versatilidad supliéndole en el bajo. ‘Hoy Al Mundo Renuncio’ suena a declaración de finales y la plasticidad de las melodías van metiéndonos poco a poco en el concepto planteado. La intro de saxo de ‘Por Ser Un Pervertido’ nos evoca ese gusto metálico de Dónde Están Mis Amigos, el álbum más cruento de Extremo. La escala enérgica del puente basta para que los primeros deseosos de fiesta se levanten de su asiento y conviertan un tema melódico en una celebración mucho mayor que en lo que se transmitía en la versión de estudio. Y ahí aparece otra de las claves: las canciones crecen en directo, como si esa cercanía al momento original de su gestación les confiriera una mayor superioridad. Llegan ‘Donde Se Rompen Las Olas’, cuyos aplausos finales casi tapan el sollozo final de Robe, y ‘Querré Lo Prohibido’, con incitación al baile saleroso, y todo se vuelve diáfano en una comunión total.

‘Ruptura Leve’ nos recuerda la sutileza del globo sonda, mientras que ‘Nana Cruel’ se erige poderosa con ese contraste entre el deseo y la realidad, ejecutada con tanta perfección que pone los pelos de punta. La escenografía no presenta demasiados alardes pero es efectiva en un constante juego de luces distinto para cada tema. Una especie de faros en la parte central, otra línea recta que corre a baja altura, casi rasante, paralela sobre el escenario, focos que se dirigen a todos los ángulos generando contraluces… y un telón trasero de ligera ondulación, casi arenosa, especialmente latente en ‘Destrozares’. Tras ‘Guerrero’, con su querencia de vals tan marcada, el final del primer bloque llega, tras una intro extendida de Álvaro, con ‘La Canción Más Triste’ que nos llega mucho más enrabietada y visceral. Casi hiela el alma el solo de violín central, previo a la coda final de Robe y Lorenzo, repleta de amargura. Un auténtico placer doloroso que deja extasiado al Palacio de Congresos.

Veinte minutos después arrancaría la segunda parte del espectáculo, que Robe ejecuta en pie, con más brío, quizá más convencional, al estar formado por canciones en las que Lerman demuestra su maestría al bajo. ‘Cartas Desde Gaia’, introducida por Robe con el primer verso de ‘Extremaydura’ que completará el público de manera coral bajo su sonrisa cómplice, es la encargada de prender una mecha de un tramo enérgico y vigorizante. ‘De Manera Urgente’ saca a relucir las reconocidas influencias flamencas del extremeño, mientras que ‘Puta Humanidad’ es celebrada por su concreción más rockera. Todo vuela ya a una velocidad vertiginosa. Ver de pie a Robe, paseando en tramos instrumentales para vivir momentos de complicidad con todos y cada uno de los músicos alegra la vista. También tenerlo más cerca y verle los ojos expresar con miradas las líneas más cargadas de significado de sus canciones. La sensación de paz sigue y llega ‘Del Tiempo Perdido’, ese canto de asunción a la madurez y ese diálogo de violín y clarinete tan de música clásica, con los versos de Manolillo Chinato como presentación.

El bajo de Lerman preludia en una introducción más extensa la llegada de ‘Contra Todos’, posiblemente el tema más rotundo y completo de la lista. Hechuras de guapango con el violín como guitarra y punteado de pizzicatos en el fraseo y venido a más con influencias de jazz y rumba en el desarrollo hacia el estribillo. Una auténtica delicia cada vez que se canta. Así, en la redención más absoluta, ‘…Y Rozar Contigo’ y su evocación cerúlea, también apoyada en las luces, y ‘Por Encima Del Bien y Del Mal’ sacan pecho y músculo con su descarrío descabalgado, ese “tiqui taca” con los ojos de Robe de un lado a otro, el público saltando en el estribillo, la imponente carga simbólica del segundo con ese “todo lo que no está en ti” arrastrado por el piano y ese tempo marcado de toda la banda cada vez que llega la frase del título. Descomunal final antes de los esperados bises.

Para celebración de los amantes del Material Defectuoso, ‘Si Te Vas…’ coge por sorpresa a los menos informados y se recibe con algarabía. Su consonancia con el repertorio está muy conseguida pero, particularmente, la siento como fuera de lugar. Trae a la memoria otros conciertos y otras giras y considero que, pese a su belleza, no pertenece al mismo planeta que el resto del repertorio. Al menos así lo percibí. El cierre final vendría, para completar así los 18 cortes de sus dos discos, con el que precisamente abría el primer disco, Lo Que Aletea En Nuestras Cabezas, ‘Un Suspiro Acompasado’, bamboleante y elegante en su desarrollo creciente, incontestable y desbordante hacia la llegada a la orilla, al final de la tormenta, del temporal.

El ambiente generado es mágico y la ovación a toda la banda hace justicia a todo lo vivido. Robe, más cariñoso y cercano que nunca, se acerca al borde del escenario a dar la mano a todos los seguidores que se agolparon para saludar al artista, como un santón inspirador y pacificador, como un filósofo de la música que hizo feliz a base de transgredir, con texto y música, durante toda su trayectoria.

La parusía laica del cantante poeta que no solo ha descubierto en su plenitud personal y artística que su música ya no tiene límite alguno, sino que se reconforta en saber que hay quienes han entendido el mensaje en unos tiempos de decadencia intelectual y moral.

 

Repertorio – setlist:

  1. El Cielo Cambió De Forma
  2. Hoy Al Mundo Renuncio
  3. Por Ser Un Pervertido
  4. Donde Se Rompen Las Olas
  5. Querré Lo Prohibido
  6. Ruptura Leve
  7. Nana Cruel
  8. Destrozares
  9. Guerrero
  10. La Canción Más Triste
  11. Cartas Desde Gaia
  12. De Manera Urgente
  13. Puta Humanidad
  14. Del Tiempo Perdido
  15. Contra Todos
  16. …Y Rozar Contigo
  17. Por Encima Del Bien y Del Mal
  18. Si Te Vas
  19. Un Suspiro Acompasado

 

Crítica de Lo Que Aletea En Nuestras Cabezas

Crítica de Destrozares, Canciones Para El Final De Los Tiempos

Entrevista a Robe: “Me veo con 70 años en el escenario, pero si tengo cosas nuevas que cantar”

Entrevista a Robe: “si no siento las cosas soy incapaz de cantarlas, me sentiría ridículo”

 

 

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Publicado el mayo 27, 2017 en Crónicas Conciertos y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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