Efecto Lucifer – Siembra

Efecto LuciferEl título al final resultó ser el todo. Efecto Lucifer es el disco con el que J.M. Gómez volvió a compilar nuevas creaciones allá por 2011. En aquel álbum, el artista yeclano se encargó de componer y grabar prácticamente la totalidad, salvo algunos arreglos y algún que otro aderezo. Afianzado en su propuesta y centrado en ella frente a otros proyectos paralelos, en parte por la buena acogida que tuvo el relanzamiento del álbum gracias al videoclip de ‘Todo No Tiene Un Precio’, altamente recomendable, ahora el título pasa a ser cabecera y ofrece así el primer trabajo con banda completa o el segundo de Gómez… en fin, como se quiera interpretar. El caso es que Siembra viene con un sonido opresivo considerable, tanto que a veces los riffs no dejan ni respirar. No es fácil de digerir, pero ofrece pasajes de aridez placentera.

Grabado, mezclado y masterizado por el propio Gómez (voz, guitarras eléctricas y acústicas) en Estudios Aleatorios en sesiones varias desde mitad del pasado año y principios del presente, se acompaña para la ocasión de un vital Sergio Ortuño (guitarra eléctrica y coros), Mario Marco (bajo) y Jesús Puche (batería). El disco recoge diez canciones y un interludio que, como decía, son de una gran densidad sonora, que no complejidad innecesaria.

Si el primer Efecto Lucifer se caracterizaba por la primacía de la melodía, más ligera, auspiciada por la voz de tonalidad limpia, en esta entrega las canciones han ganado un músculo casi al borde del hacer saltar el antidoping. El rock alternativo de antaño torna en una apuesta clara por un stoner de sensibilidad, gracias como digo a la voz de Gómez, que es suave aunque no exenta de garra cuando toca gritar. El punto melancólico del álbum antecesor y el apuntado en la anterior banda Juditness, se torna en más social, sin perder nunca de vista el toque decandente, oscuro, encorsetado de una realidad que oprime.

La entrada del homónimo ‘Siembra’ es progresiva y el protagonismo de poca distorsión pronto cede a un potente riff oscuro. Existe esperanza cuando la salida es un salto al vacío. ‘Gente Tóxica’ es una de las canciones más inmediatas de la lista, con otra entrada contundente, pero nunca con exceso de velocidad, sino de una contención plausible que solo se libera en los trabajados solos, que los hay y muchos, de nuevo a diferencia del ‘debut’. El final del segundo corte con el enlace de ‘Páramo’ es de banda grande. La tercera entra con un ritmo de batería y bajo que recuerdan a los Radiohead más orgánicos. La canción, de largo desarrollo, contiene uno de los mejores riffs del trabajo, de esos que se pueden escuchar de forma indefinida.

‘Privación Sensorial’ es una de las que mejor refleja esa falta de aire que se infiere en casi todo el minutaje. De hecho el fragmento del documental ‘The Guantanamo GuideBook’ no viene sino a reforzar esa percepción. El corte cinéfilo del autor se deja sentir en ‘Hacia Rutas Salvajes’ que inspira un texto de escapada, aunque sea para sufrir a solas, con un fraseo con una gran cadencia de acústica. Instrospección de personajes malditos.

‘Luz Cenital’, ‘Carne Cruda’ y ‘Miedo’ son tres de los cortes de mayor crítica social. La primera de ellas hace frente al ‘sacrificio’ ciudadano dirigido por los poderes fácticos. El punto diferencial viene de un estribillo, mucho más rítmico en lo vocal, aunque sin que por ello cambie la melodía principal, más intenso aún en la segunda parte, cuando llega el grito, y con un sorprendente break melódico en el centro. En el caso de ‘Carne Cruda’ encontramos clara referencia al removido programa radiofónico, con una original ambientación culinaria en torno a la censura y manipulación informativa. Por cierto, el riff inicial me evoca a los Blue Oyster Cult más oscuros. ‘Miedo’ viene precedido por un interludio de Hugo Chávez y refleja el pavor del ‘establishment’ a que se le pueda caer el chiringuito. Musicalmente es la más abierta de todas, con un rollo orientalista subrepticio.

En el tramo final nos topamos con ‘Negro’, un tema cantado casi en su totalidad a grito y con numerosos cambios de ritmo que dan un aire de ligereza al conjunto. Como una liberación, qué mejor que desear un ‘Harakiri’ a los soldados del mal. Un cierre liberador para un trabajo que nace sin pretensiones de grandeza pero que se deja disfrutar en los necesarios momentos de desconexión mental.

 

En Spotify.

Tracklist:

  1. Siembra
  2. Gente Tóxica
  3. Páramo
  4. Privación Sensorial
  5. Hacia Rutas Salvajes
  6. Luz Cenital
  7. Carne Cruda
  8. ¡Ojo!
  9. Miedo
  10. Negro
  11. Harakiri

 

 

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Publicado el abril 21, 2015 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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