Pervy Perkin – ToTeM

Pervy PerkinNo parece fácil enfrentarse a un disco que se te anuncia como más experimental y ecléctico que el debut, que ya de por sí era un mastodonte de más de dos horas llamado Ink y que fue la desbordante carta de presentación de esta incatalogable formación llamada Pervy Perkin. Aquel disco tenía momentos brillantes, pero en su totalidad la cosa se hacía un tanto excesiva. Ahora, con las ideas mucho más claras y pulidas durante los dos años que han separado una entrega de la otra, ToTeM es el segundo álbum de estudio del grupo madrileño-murciano, formado por Dante The Samurai en las guitarras y voces, Aks en el bajo, Alejandro Macho como voz principal, Carly Pajarón en batería y voces y Alvaro Luis en las guitarras (que posteriormente saldía del grupo)… Además de otra veintena de colaboraciones que dejan más variedad si cabe a estos casi 80 minutos que tienen, literalmente, no es una frase hecha, momentos para todo.

Miembros de Persefone (Andorra), Dry River, Cheeto’s Magazine, Harvest, Glazz, Moonloop, Eric Baule, The Unwritten, Karlahan, Jardin de la Croix, Ipsilon, Tao Te Kin, Back to R’Lyeh, Carving Colours, KantFreudKafka, Noah Hysteria, Bauluna, Morgana vs Morgana, Kharma Code, Fisherman’s Horizon, Ugo Fellone (Rhizome/Dekadent Idishe/Vigilar) y Medule son los que se añaden a una fiesta en la que se pasa de la balada pop a toques de black metal, del rock y heavy metal progresivo a la música bailable, de desarrollos cercanos al jazz a derivaciones electrónicas y todo ello salpicado casi en la misma medida de épica, como de un sentido del humor ácido y burlesco. El álbum ha sido producido por Pervy Perkin, mezclado y masterizado por Adrián Hidalgo y el diseño gráfico ha corrido a cargo del artista polaco Michal Krasnodebski.

Cinco cortes conforman el grueso de canciones para este Totem que se completa con otros cuatro cortes que ejercen la labor de interludio entre cada uno de ellas. Musicalmente la mezcolanza es tal que no hay siquiera una vocación de continuidad demasiado evidente entre ellos. Así, el primer corte ‘I Believe’ puede considerarse, si es que se le puede catalogar así con sus más de quince minutos de duración, el ‘single’ del álbum. Sobre todo por la repetición continuada de un estribillo más o menos aprehensible y con una clara influencia de Pink Floyd por el camino. A lo largo del extenso metraje ya aparecen algunos elementos que se sucederán durante la hora venidera. Muchos aportes de ‘futurismo’ sonoro para presentar una historia que juega a partes iguales con la antigüedad de la civilización como su futuro. ‘I Believe’ es una presentación controlada para la explosión de lo que vendrá.

Tras el interludio electrónico de ‘The City’, nos llega ‘Kountry KuntKlub’, una locura maravillosa que juega con sonoridad de clavicordio en territorios de country y estribillo festivo-juglaresco. El intercambio de voces y el crecimiento progresivo del corte (ojo, solo cuatro minutos y medio) así como sus guitarras con ligero slide son droga dura para los oídos. Es la verdadera muestra de que nos encontramos antes una bomba llena de sorpresas. Tras ‘The Fog’, segundo interludio muy similar al primero, base electrónica y melodía espectral, nos aparece el trasatlántico del álbum: ‘Mr. Gutmann’. La canción es inabarcable de todas, todas. 26 minutos donde encontramos momentos clásicos, ahí está la entrada, bailables (con una melodía musical y tratamiento vocal muy cercano a Muse en su vertiente electrónica) con una derivación guitarrera con riff metalero y todo un alarde de juegos vocales, quizá los más heavys del metraje, sumado a cierta teatralidad e ironía en las formas, como el que se sucede en el minuto 13, con los coros y teclados. Una derivación jazzie se vendrá a funky para seguir creciendo con uno de los pasajes más soberbios, del minuto 16 al 20.

‘The Sound’ es el interludio que conecta un mundo y otro, con un personaje hablando entre interferencias. Inquietante idioma. Así llegamos a la soberbia ‘Hypocondria’. Un riff inicial que podrían haber firmado los mismísimos Black Sabbath, para el corte más duro de la lista, casi rozando el black metal más puro. Una pieza infernal que nos coge de improvisto, aunque viendo la naturaleza del álbum, acaba aceptándose con total naturalidad. ‘The Void’ suena como un interludio añejo, con sonido de vinilo y posterior percusión belicista, para llegar a ‘T.I.M.E. (Part 1: The Experiment)’, otro corte sorprendente cercano a los 20 minutos. Empieza con un sonido vocal que recuerda a Yorke, pero que pronto evoluciona a balada preciosista que bien podría empacarse en cualquier disco pop. (Para rizar aún más la complejidad, en el debut había un corte llamado ‘T.I.M.E. (Part 3: The Sign On The Wall)’. En cualquier caso, es solo una carta de presentación para la épica que vendrá con el tema. Un medio tiempo ascendente en un hard rock canónico y delicioso en el minuto 12. El tramo final retoma los gritos para cerrar la locura en un momento inesperado. ¿Acaso se esperaba algo normal?

Es un álbum denso y complejo, pero divertido y enriquecedor. Amigos, aquí tienen uno de mis ocho oros en los discos del año. Cada vez que lo escucho me parece, en mayor medida, una obra de matrícula de honor.

 

En Spotify.

Tracklist:

  1. I Believe
  2. I. The City
  3. Kountry KuntKlub
  4. II. The Fog
  5. Mr. Gutmann
  6. III. The Sound
  7. Hypcrondria
  8. IV. The Void
  9. T.I.M.E. (Part 1: The Experiment)

 

 

 

 

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Publicado el mayo 30, 2016 en Críticas Discos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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