Stravaganzza – Sentimientos (2005)

stravaganzza-sentimientosLa actualidad está mandando en la selección de las últimas críticas remember de los viernes. Al hilo de una petición tuitera para el repóquer de ‘discos remember’ de los viernes, caí en la cuenta de que Stravaganzza no había pasado aún por la sección (sí por #Mis10de) así que su regreso a los escenarios, también con nuevo disco bajo el brazo, era un buen motivo para que llegara su momento. En sus cuatro discos (más un EP) hay canciones antológicas e imprescindibles, pero a la hora de elegir dudé entre Réquiem (Tercer Acto), lleno de dolor por la muerte reciente de Big Simon, y este Sentimientos (Segundo Acto) que es todo un tratado conceptual sobre once estados emocionales, casi todos inquietantes, casi todos con un reverso siniestro poderoso. Un álbum que se hizo obsesivo en su día y que, a la postre, se situaba a medio camino entre la densidad doom de su debut y el aire más abierto del tercero.

En 2010 la banda anunció un parón indefinido porque argumentaban que no había capacidad técnica ni infraestructura en la mayoría de salas para atender su propuesta musical. Una puesta en escena que cada vez se hizo más compleja con violín, teclados, corista, tres bailarinas… Demasiado equipaje para un momento en el que la música en directo se resquebrajaba. Los miembros fundadores de Stravaganzza fueron Leo Jiménez, en uno de sus mejores momentos vocales, Dani Pérez a la batería (también motor de Saratoga, antes y ahora, de nuevo), Edu Fernández en el bajo y Pepe Herrero en la guitarra y teclados. Esos cuatro componentes son los que grabaron Primer Acto y este Sentimientos que nos ocupa. Después entrarían Carlos Expósito en la batería (que ya nunca abandonaría a Leo) y Patricio Babasasa y su imponente presencia en el bajo. Son ellos los que estarán con Jiménez y Herrero (asiduo todos estos años del trabajo sinfónico y metalero con Mónica Naranjo) en una vuelta que tiene confirmadas ya tres fechas para los meses de septiembre y octubre (Madrid, Barcelona y Sevilla).

Sentimientos está producido por Big Simon, uno de los músicos y técnicos más queridos del metal patrio con trabajos para Hora Zulú, Skizoo, Savia, Mago de Oz, Saratoga, Dark Moor, Dreamaker, Terroristars, Sôber... hasta que un cáncer de páncreas se lo llevara en 2006. Este álbum es un buen ejemplo de su capacidad para generar atmósferas densas pero sutiles, dando realce a los pequeños detalles. Lo ideal para un grupo de metal gótico y ascendencia sinfónica como Stravaganzza. Especialmente en este trabajo.

Miedo’ abre la lista de temas con una densidad rítmica atronadora y una entrada vocal muy afectada por parte de Leo. Las teclas que se deslizan no son nada para el pavor que transmite la escala de guitarra que se desliza en los primeros versos del fraseo. “En la oscuridad de tu habitación ya sabes lo que hay y lo que encontrarás. Atrévete a salir para enfrentarte a él, tienes miedo a cambiar las miserias de tu ser”. ‘Esperanza’ juega al despiste porque bien podría haberse llamado ‘incomprensión’. “Incomprensión al ver la angustia de la tierra”. Nos dibuja Leo un mundo sin futuro, casi preapocalíptico. Es uno de los cortes con arreglos orquestales más complejos y una melodía extraña que lo convierte sin duda en uno de los más difíciles de su discografía.

Todo lo contrario que ‘Impotencia’, una de sus canciones que me han acompañado a lo largo de los años y también al propio Leo pues, además de hacer una segunda parte, ha estado en su repertorio en los últimos años con el cameo gutural de Mero Mero. El puente tiene una cadencia al compás que desliza cierta querencia flamenca, hasta que llegamos a un estribillo rotundo certero y de un guitarreo brillante. Dar con la cabeza en la pared una vez y otra vez, hasta sangrar su sien, y ver desfallecer a un angustioso ser, que se retuerce al ver frustado su querer”. También entre mis favoritas se sitúa ‘Arrepentimiento’, un trallazo compacto y estruendoso que en sus siete minutos desborda. Las teclas del fraseo le otorgan un punto lírico sobresaliente y Leo se marca una de las mejores interpretaciones de su carrera. Recuerdo los tiempos en los que acusaban a Leo de ‘comercializarse’ cuando en este corte hay agresividad y fuerza a raudales. “Las paredes blancas lo delatan, el camino andado morirá, recuerdos que gritan torturando una vez más”.

En ‘Pasión’ nos llega un medio tiempo coral y orquestal en el que sea el corte más positivista de los once. Tras los cuatro antecedentes tiene aura de ‘descomprensión’. El corsé se libera, la música traspira y la letra le acompaña. “Sentir la pasión, aquello que amas, suspiros de vida, siente la emoción”. El violín de Rodrigo Calderón abre la imponente ‘Odio’, con un Leo que conecta con el universo Naranjo que tanto admiraba. La canción es un trallazo a doble ritmo, entre lo delicado y la capacidad rítmica que poco a poco cabalga por el minutaje. Un texto críptico, cercano a la locura, redondea su perfección “Fuego que germina al rescatar la ira del mortal. Viento que transporta la verdad, no dejarás de odiar”. La coda instrumental cambia el tempo y la melodía para darle más dramatismo si cabe.

En ‘Frustración’ las tintas vuelvan a cargarse sobremanera para llevar al oyente a la angustia más real. El verdadero juego de magos que consigue el propósito del título. “Desde aquí no puedo ver la salida. Ves frustración en un triste despertar”. Otra canción no apta para no iniciados u oídos convencionales. ‘Desilusión’ sorprende con su inicio de sutiles programaciones. La referencia en el texto a la frustración parece dotarla de continuidad. “Tranquilo, que tu frustración no se apodera de mi ser”. Sencillo en sus inicios, el desarrollo dibujado por Pepe Herrero acaba concluyendo el tema en otra explosión orquestal armónica.

En la triada final ‘Soledad’ juega de nuevo con la desesperación con el juego vocal que Leo se marca en alguna de las estrofas: “No quiero ver que el camino acabar aqui…, tan olvidado; donde estar loco es mejor que estar así… ¡viviendo en soledad!”. El brillo en este último tramo llega con ‘Duda’, un corte original en su propuesta, pues cuatro estrofas de cuatro versos la componen, sin estribillo alguno, cuestionando la fe, cual San Manuel Bueno, Martir de Unamuno. Al final de cada estrofa entra la pulsión instrumental que parece acompañar la diatriba reflexiva. “El sonido de tu propia fe calla y muere como un atardecer. Con cansancio intentas explicar la existencia, conocer si eres o estás”.

Un álbum como este solo se podía cerrar con un corte llamado ‘Dolor’, la palabra más repetida. La entrada coral, casi mortuoria (you want it darker) y una clara evocación al suicidio. “Me arrojo al vacio. La cuerda se tensa. Un leve latido. Es mi último aliento”. Una ópera rock ensimisma que tendrá como colofón el track oculto ‘Nostalgia’, con acústica, en un final abierto: “Tiempo, que arrastrando te llevas mis sueños, ¿Por qué vas robando el pasado? La inocencia enmudece y me dejas desnudo ante mi soledad”.

Así era Stravaganzza, pura intensidad. Celebro con respeto solemne su regreso y espero un disco y gira a la altura de lo que los echábamos de menos.

 

En Spotify.

Lista de canciones – tracklist:

  1. Miedo
  2. Esperanza
  3. Impotencia
  4. Arrepentimiento
  5. Pasión
  6. Odio
  7. Frustración
  8. Desilusión
  9. Soledad
  10. Duda
  11. Dolor

 

 

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Publicado el febrero 3, 2017 en Críticas Remember y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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