Eskorzo – Alerta Caníbal

Sigo dando cobertura esta semana a la imponente cosecha de discos que nos dejó el pasado 1 de diciembre. Tras Reincidentes y El Último Ke Zierre, hoy es turno para el sexto larga duración de los granadinos Eskorzo, con su Alerta Caníbal (el de Sínkope estará, en principio, la próxima semana, ténganme paciencia amables lectores). Un disco que no deja de ser una nueva dosis delo que ellos mismos denominan ‘bullanga hard groove’, pero que sí que viene a no sólo confirmar la tendencia ya apuntada en su anterior entrega, Camino de Fuego, sino a darle más de una vuelta de tuerca. La distorsión que por momentos podía hasta hacerse metalera ha dejado paso a ritmos latinos puros y duros, que una cadencia y registros que los siguen haciendo totalmente identificables, pero apuntando a cumbias y sones casi canónicos, en un ejercicio tan calorífico como el que vino a hacer en su día el maño Enrique Bunbury en Licenciado Cantinas pero, eso sí, aquí sin casi un ápice de nostalgia en las formas musicales. Aquí casi todo es alegría y la pena, que la hay, es vista con ironía, que siempre ayuda a que el mal trago pase más fácil.

Más de 20 años contemplan la trayectoria de Eskorzo, formado en la actualidad por Tony Moreno (voz), Manuel Collados (guitarra), José Gustavo Cabrerizo (bajo), Prudencio Valdivieso (trombón), Jimi García (trompeta), Zeque Olmo (percusión) y José Uribe (batería). La pestaña de seguimiento se la puse desde el primer álbum Mundo Bullanga (1997) y entraron a formar parte de mi lista de favoritos (amplia lo sé, pero ahí están) con La Sopa Boba (2001) y especialmente con El Árbol De La Duda (2004) (De hecho es muy probable que caiga un viernes cualquiera en las críticas remember). Tres discos donde la velocidad y las guitarras en ocasiones podían llevar hasta cierta connotación punk, siempre con canallismo de perspectiva elevada. Con Paraísos Artificiales (2009) la cosa se hizo más madura y con la sabiduría que dan los años. Tras el directo por su quince aniversario, El Encanto de lo Irreverente, con Camino De Fuego iniciarían una senda que tiene su progresión lógica, como apuntaba, en esta Alerta Caníbal.

‘Ojos Que Te Miran’ es la inquietante y tribal bienvenida que ejerce de intro, para dar paso a la ‘Cumbia Caníbal’, que no engaña ni el sustantivo ni el adjetivo. La voz de Tony llega cálida para adentrarnos en la cadencia típica del género, del que ya recordé mi afición el otro día al hablar de Che Sudaka. Lo de bailar cumbia como alma en pena tiene mucho de ‘El Solitario’ de Alfredo Gutiérrez. Los aderezos de percusión y vientos le meten la bullanga marca de la casa, pero sujetas a la contemporización del ritmo. ‘Zona Caliente’ es puro fuego afro-tropical, con bastante espacio para el protagonismo de la percusión.

La primera de las colaboraciones aparece en ‘Despiadado Corazón’, con El Canijo de Jerez, que colabora a la guasa  entre la samba y la salsa. La segunda no se hace esperar demasiado, porque llega en ‘La Tumba’, con Amparo de Amparanoia, una jaranera propuesta muy cercana a la vistosa cultura fúnebre mexicana, que tanto se ha popularizado con aquello del 31 de octubre. Calaveras y diablitos, que dirían aquellos. Quien eche de menos los registros de los primeros citados discos, se lo pasarán en grande con ‘Alerta Caníbal’ (también con ‘La Pena’), prácticamente un aquelarre sin descanso con unos vientos que abrasan, a cambio de la bases programadas de ‘Amenaza Fantasma’ del anterior.

‘Llena Hiene’ abre la segunda parte de la docena de cortes con otro tema que suena a clásicos sonidos latinos gracias al jugueteo coral de estribillo y percusiones. Mucho más elevada y melancólica nos coge la contenida interpretación vocal de ‘Herida Abierta o Cicatriz’, que deja clara la filosofía: “no hemos venido pa’ sufrir”. ‘Los Besos Que Me Dabas’ pisa el acelerador con un merengue veloz y divertido. ‘Armas de Barrio’ apunta de nuevo a la cumbia, pero con un eco de guitarra y de voz que la mantienen en un registro circunspecto y narrativo.

En la comentada ‘La Pena’ (canción que avanzaron en marzo) nos ataca la segunda descarga de pachanga de caja, bombo y vientos, punto skatalítico en los jaleos, que por momentos contrasta con la línea vocal principal, sujeta con sobriedad, como el crooner que lleva varias horas cantando al frente de una big band. La despedida a este ejercicio de estilo sonero llega con ‘Déjame Que Te Devore’ (muy apropiado para el título del álbum), tema a dos velocidades, de lo lento al fuego fatuo final, no sin antes recordarnos de nuevo el concepto tribal inicial.

Un álbum, en suma, que es energía calorífica para estos meses de frío acuciante, haciendo una elegante eskorzización de sonidos que pistas de baile, procesados y con pseudoartistas horteras, de corte tronista, vulgarizaron.

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. Ojos Que Te Miran – Intro
  2. Cumbia Caníbal
  3. Zona Caliente
  4. Despiadado Corazón (con el Canijo de Jerez)
  5. La Tumba (con Amparanoia)
  6. Alerta Caníbal
  7. Llena Hiena
  8. Herida Abierta o Cicatriz
  9. Los Besos Que Me Dabas
  10. Armas De Barrio
  11. La Pena
  12. Déjame Que Te Devore

 

 

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Publicado el diciembre 14, 2017 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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