Benidorm Fest y la perversa capacidad del engranaje

El gato que cae siempre de pie. El cuadro que te mira a los ojos por más que te muevas en la habitación. El siempre gana la banca. El fenómeno efímero de Benidorm Fest (que al menos no han sido meses de galas, como en los tiempos de OT) ha puesto de manifiesto por enésima vez una serie de males endémicos que tiene todo aquello en lo que hay importantes sumas de dinero detrás, por un lado, y, también, la falta de madurez en el debate por parte de los implicados que en el hooliganismo más recalcitrante son capaces de aposentarse en posturas tan irracionales como las que critican en un inicio. Y hablo de todos los niveles. Desde quienes miran por encima del hombro a quienes se han interesado por el tema (luego son esas personas que se ofenden cuando les dicen lo mismo sobre fútbol, series, cine o lo que se tercie que sí les guste), hasta quien con una dosis de envidia y frustración mal digerida critican a sus propios compañeros de profesión o, sencillamente, entienden su opinión personal como si fuera un valor kantiano, como si fuese la única respetable y válida. Garantes de la autenticidad, “la libertad de opinión y criterio están muy bien siempre y cuando coincidas con los míos”. Más de lo mismo. Si hay algo que gusta en este país es una confrontación y el frentismo sea con lo que sea y el secreto del triunfo de Benidorm Fest era ese. Si no estás con mi mensaje estás en contra. Si te gusta esta canción eres esto y no lo otro… Triste reduccionismo que ha quedado evidencia una vez más en algo tan banal como elegir una canción para Eurovisión pero que se aplica a los grandes temas en un nulo sentido de la crítica razonada. Y en esto los artistas, los músicos, los verdaderos protagonistas del juego, han dado un ejemplo magistral, haciendo un ejercicio de compañerismo ejemplarizante para el que la sociedad, como el jurado, entre otras muchas cosas, no está preparada tampoco.

Más adelante hablaremos de música, pero empecemos por la primera de las preguntas. ¿Estaba Benidorm Fest manipulado para que ganara Chanel? Sinceramente, es difícil creer que no. La organización cometió un error de base, para empezar, haciendo públicas las votaciones de las semifinales. Eurovisión no lo hace porque, siendo las personas del jurado las mismas, es muy complicado que su escala de preferencias cambie de una fase a otra. Que Chanel se colara en la fiesta de los favoritos alertó a un público que pasaba de los mensajes ‘reivindicativos’ de unos y otros y que ese público más afín al brilli-brilli y lo latino tuviera un caballo ganador al que asirse. ¿Hubiese tenido Chanel el mismo apoyo en los votos populares o demoscópicos si no se supiera que fue la concursante con más puntos de las semis?

Hay más. Luego está el descarado desprecio de las tres españolas del jurado a Tanxugueiras. Hay circulando una imagen de la votación de semis en la que se estima que ellas otorgan dos cincos y un seis al trío de gallegas (doces para Chanel) mientras que los foráneos conceden 10 y 12 puntos. No es extraño que cuando se comunica el voto del público –máximo siempre para su ‘Terra’- en esa ronda de semifinales sean ellos los únicos que aplauden.

Los números pueden ser muy crueles y desde que se supo que su estimación para Chanel era 51 y para Tanxu era 30 estaba claro que era imposible remontar. 21 puntos de diferencia significaba que a Chanel le bastaba ser la tercera más votada en demoscopia o televoto para que no la pudieran superar. (Se reparten en 30, 25, 20, 18, 15, 12, 10 y 5). Curiosamente, lo más standard se convirtió en una perversa capacidad del engranaje para dar respuesta al clamor popular, una respuesta del sistema frente a lo que era una resolución clara. Y en este ir y venir creo que Rigoberta Bandini ha sido el factor distractor por quienes manejaban el cotarro, como también lo ha sido ‘implicar’ en el asunto a públicos que han pasado de Eurovisión haciendo creer que ‘otra realidad era posible’. Jugada maestra.

No se cuestionan los méritos de Chanel (son evidentes) pero el segundo error, si es que le importara, de la organización es la selección del jurado profesional. Ya sabemos aquella leyenda machista que debía definir a la mujer del César pero es difícil sustentar la independencia cuando ha quedado probado que la artista con mayor puntuación del jurado ha trabajado a las órdenes de una de sus integrantes. Todo tenía fácil solución, añadir más personas, quitar las puntaciones más altas y más bajas, como se hace en las competiciones deportivas que dependen de valoración numérica, hacer que el voto del público fuese porcentual y no por posición (el primero se llevaba 30 puntos le votaran 20.000 o 100.000 personas más que al segundo, que se lleva 25 aunque el respaldo fuese x veces menor)…

Pero no interesaba. ¿Influye que detrás de ‘SloMo’ esté gente como Keith Harris, que ha trabajado con Black Eyed Peas, Will.i.am o Robin Thicke, o Leroy Sánchez (casualmente el compositor de la canción del año pasado, con Blas Cantó) que sin embargo la autoría de Bandini, Rayden o Tanxugueiras fuera propia? Era un producto ganador, que venía siendo ofrecida a varias productoras sin mucho éxito, con mucha inversión económica detrás que había que rentabilizar y cuando el dinero entra por la puerta la autenticidad salta por la ventana. A Chipre le fue bien para ser subcampeona en 2018 con Eleni Foureira y su ‘Fuego’ pero, igual que nos pasó llevando una balada después de Salvador Sobral, siempre vamos uno o varios pasos tarde.

Los músicos, siempre por encima

Con lo que me quedo de todo este proceso es con la lección ofrecida por todos los artistas que se han subido al escenario de este Benidorm Fest, que tendrá que cambiar muchas cosas para volver a enganchar a ciertos sectores del público en la próxima edición. Reacciones naturales de alegría y felicitación a la ganadora que hablan de la escasa confrontación entre compañeros de profesión. Como decía anoche Iván Ferreiro: “la música nunca compite, se junta y colabora para que exista este show. No habría show con solo una canción”. Y sí, Benidorm Fest ha tenido su punto es porque la música en directo es arrolladora y más si hay un derroche de luz y sonido como el ofrecido y unas canciones que, en líneas generales, estaban por encima de casi todo lo que hemos mandado en los últimos 15 años.

Pese a lo demencial de la letra, el tema de Chanel tiene el veneno de las producciones nacidas para el éxito. Es ella la casi también literal irá con la teta fuera al estilo Delacroix en Turín. De Tanxugueiras qué os voy a decir si os las recomendé hace dos años, mucho antes de que se convirtieran en símbolo de tradición vanguardista. Rigoberta Bandini es un fenómeno que llevo siguiendo desde el ‘In Spain We Call It Soledad’ y me alegro por la jugada maestra de Cooltural Fest de tenerla en cartel mucho antes de que su cotización se multiplique para este verano (del tema de si es la maternidad la mejor manera de defender el feminismo dejo a otros tratadólogos). A Rayden no le tenía demasiado afecto y me ha conquistado con esa cadencia de tango-metal que tan bien funciona (Hora Zulú y ‘Camarada’, Melibea y ‘Arrabales’, Koma y ‘El Muro De Berlín’). La canción de Varry Brava arranca con un fraseo acertadísimo y acaba siendo demoledor en su melodía principal. Blanca Paloma traía el lirismo de las Sìlvia Pérez Cruz, Maria Arnal o María José Llergo en parte gracias al teclista de Amaral, Tomás Virgós. El falsete de Xeinn se acababa haciendo digerible quizá por algunas líneas melódicas muy similares al ‘Bambu’ de Miguel Bosé. Sobre Gonzalo Hermida… le deseo una pronta recuperación. Yo estoy en ello todavía.

De las no clasificadas quiero hacer especial mención para Marta Sango, mal tratada quizá por una puesta en escena no comprendida, pero con una canción muy potente gracias a los arreglos de Guille Mostaza de los fantásticos Ellos, y para Javiera Mena, con un desarrollo instrumental brutal, penalizada por una actuación de la que fue víctima porque ese día los intérpretes no se escuchaban correctamente (el final guiando la afinación con el brazo fue la prueba de que era la única manera que tenía de tener una referencia). Azúcar Moreno se perdió con una actuación demasiado chillona –tampoco nos suelen premiar en demasía lo rumbero en Europa, solo hay que recordar el infame ‘Brujería’ de Son de Amores o Las Ketchup-. Y Sara Deop estaba por debajo, aunque mejor que la broma de Unique y su gélida combinación de diseño. Los efectos vocales son usados desde hace bastante tiempo como para haber permitido participar a Luna Ki y su autotune.

Llevamos más de 50 años sin ganar Eurovisión y más de 25 sin tener a nadie en el top 5 y siendo realistas creo que ninguno de los candidatos hubiese podido cambiar esa realidad. De todas formas, ganar, perder… Es todo tan relativo y cambian los vientos en función de las ganas de ir contra la veleta. Como tuiteé hace unos días en la tuitcrítica que me pidieron de Måneskin: «su éxito desvela el haterismo de algunos a lo que sea el triunfo popular, como si el rock cuando es mainstream fuese desechable. Dicho esto, su música no inventa nada (hay cosas de tantos…) pero lo saben hacer llegar. Bienvenidos».

Si algo dijo acertadamente en las tres galas Máximo Huerta, el breve, fue el primer día: “La verdadera manera de apoyar a los músicos es comprando sus discos y yendo a sus conciertos”. Es cuando me pregunto si todo ese clamor popular a favor de unas y otras se traduce en ese respaldo tangible.

Pero, claro, tuitear y ofenderse, ser más papista, con lo que sea, es gratis.

Publicado el enero 30, 2022 en Actualidad y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 3 comentarios.

  1. Yo sí cuestiono los méritos de Chanel. Si es buena intérprete, que lo haga con una canción que no sea tan zafia. Aunque ella es el títere, me temo.

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