Rocío Márquez y Bronquio – Tercer Cielo

He citado tantas veces a Rocío Márquez en la selección de discos del año (como alternativas recomendables más allá de la línea editorial de la página con Firmamento -2017-, Diálogos De Viejos y Nuevos Sones con Fahmi Alqhai -2018-, Visto En El Jueves -2019- y Omnia Vincit Amor con Enrike Solinís y Euskal Barrokensemble -2020-) y en críticas de otros artistas por su colaboración, su conexión o por referencia (Albert Pla, Los Hermanos Cubero, DMBK, La Maravillosa Orquesta del Alcohol, The New Raemon, Rosalía, Christina Rosenvinge, Josele Santiago, Califato ¾…), que ya iba siendo hora de que termináramos de traer por derecho propio una crítica completa. Y viene con un disco con el que la cantaora de nuevo fusiona su talento inquieto con otro compañero de viaje. En esta ocasión el músico Bronquio que, después de curtirse en varias bandas de hardcore y punk rock, decidió pasarse a las bases y los beats, donde venía demostrando mucho de esos latidos de inconformismo y transgresión. Junto a Márquez se sumerge en una nueva zambullida de fusión entre el flamenco y la electrónica (punteado a final de 2019 con el remix de Bronquio de ‘Empezaron Los Cuarenta’), pero consiguiendo una naturalidad en la convivencia entre el purismo de los palos y la habilidad efectista maquinal que convierten a este Tercer Cielo en un tratado ejemplar sobre cómo trabajar la fusión de estilos, respetar la tradición y a la vez sonar futurista. Un álbum al que el paso del tiempo colocará en mayor o menor grandilocuencia adjetiva pero que, desde aquí, nos parece que ejerce el mismo poder disruptivo que otras leyendas en la linealidad de la trayectoria de todo un género musical como es el flamenco.

Aunque creo que nadie podía esperar un resultado de este nivel, también es cierto que el derroche de arrojo y valentía no sorprende ni nos extraña porque Rocío Márquez lleva cinco años explorando con más intensidad espacios dentro de su propia lírica flamenca, después de demostrar el manejo de su clasicismo más convencional y su querencia marchenera en sus primeros álbumes.

Fue con Firmamento, con la producción de Raül Refree, donde se marcó un disco turbio, oscuro, un álbum de flamenco… ¡sin guitarra flamenca! donde la cantaora plantó su sello y encontró el camino de la inquietud más sedienta. Después llegaría un disco de flamenco fusionado con la música antigua, otro de paseo por los recuerdos y un tercero en el que recuperaba un proyecto de readaptación de Manuel de Falla con música barroca. Por el camino, voces con uno de los autores independientes en mejor estado de forma como The New Raemon, una heladora colaboración con Albert Pla, con Derby Motoreta’s Burrito Kachimba y su kinkidelia, Fernando Vacas y Florent Muñoz, con Marinah

Ahora viene con otro salto al vacío del que ya sabe, en menos de una semana, que ha encontrado la red de quienes escuchan discos sin prejuicios e intentando entender las motivaciones, los detalles y la enjundia de la propuesta. Nombres como Morente y Camarón y sus tótems transgresores se ven en el horizonte de las críticas aunque ni siquiera veo necesario establecer ciertos símiles porque el álbum habla por sí solo y porque considero que la audiencia, hoy, está mucho más preparada para aceptar y comprender ejercicios que destrozan cualquier molde acomodaticio.

En lo textual, además de co-firmar algunos textos y tirar de acervo popular (Caracol, Mairena, Mejorano), también encontraremos mucha poesía de las actuales Carmen Camacho y Macky Chuca, pero también de Lorca (siempre Lorca), García Montero o San Agustín. Para esta obra, los autores han contado con las colaboraciones de Xoan Sánchez (percusión) Antonio Lucas y Manuel Montes (palmas y jaleos), Carmen Morales (polifonías), el Coro de la Escolanía Jardín Menesteo, Lorena Álvarez (guitarra), Daniel Escortell (bajo), Marco Serrato (contrabajo), Antonio Pantoja y Rocío Valencia (coros), Vicente Parrilla (flauta) y 41V1L en la voz de uno de los temas.

Otra de las cosas más poderosas del disco es la inteligentísima distribución de las canciones. De hecho, hasta el arranque parece estar pensado como una ligera transición entre lo conocido hacia lo más transgresor, que aparecerá cuando ya estamos cómodos en el Tercer Cielo. ‘Paraíso. Cuántos Cuentos Por Venir’ tira de milonga, un palo melódico y meloso que de por sí sienta como un guante a su voz, y sobre el que se irá ambientando la atmósfera hasta que, antes del tercer minuto, llegan las primeras bases sólidas y los efectos vocales en bucle, con el compás a ritmo de bases elegantes. Las bulerías ‘Exprimelimones’ tienen en su arranque algo de turbiedad tribal de Firmamento y acaba abrasando entre palmas limpias y unos graves y distorsiones intrincadas que terminan de situarnos.

Es en ‘Niña De Sangre’ cuando termina de explotar. Con un tempo en los coros que bien parece un disco de 33 rpm reproducido a 45 rpm, sumado con loops que entrar y salen con locura, Rocío Márquez borda una letra con mucho de popular. Con el cuerpo caliente no es difícil dejarse embaucar con la rumba ‘De Mí’, donde 41V1L, colaboradora habitual de Bronquio, suma sus aire trapero a la plasticidad de la canción. La base rítmica engorda la línea de bajo, mantiene una percusión metálica clásica… Una auténtica fiesta atemporal, congelada entre el pasado y traída del futuro. Una locura.

Como hilos conductores, una guitarra ligeramente atemperada en la mezcla acompaña a una más canónica seguiriya ‘La Piel’, que estará presentada en tres partes cada cuatro cortes. Así, el segundo bloque tirará de otros dos palos menos frecuentados. Por un lado el garrotín de ‘Un Ala Rota’, excepcional elección si tenemos en cuenta que muchos sitúan en el de Smash una de las semillas del rock andaluz en 1971, y un aguilando en ‘Droga Cara’ (la referencia alucinógena es pura provocación contemporánea) que es una suerte de villancico con origen entre Murcia y Almería, cantados antiguamente en cuadrillas con música de platillos, panderetas, bandurrias, laúdes, violines y requintos.

Si ‘De Mí’ llevaba veneno adictivo, más lo tiene si cabe los tangos ‘Agua’ con esa melodía principal afilada y con Rocío Márquez haciendo gala de armonías y compás, que vuelve a mantenernos abrumados en la confluencia de tempos y beats multiplicados. ‘El Mengue y La Zarabanda’ es un divertido entretenimiento rítmico principalmente instrumental (las voces son usadas como samplers) donde se colará una fuerte presencia psicodélica.

Tras un nuevo interludio con la seguiriya, la dupla ‘Grande’ (debla) y ‘Prefiero La Muerte’ (canción por soleá) son los dos cortes más oscuros y dolientes.  La primera tira de uno de los subgrupos más dolorosos de las tonás para reforzar todavía más esas emociones con respiraciones liberadoras de asfixia y un efectismo provocado por Bronquio, que retuerce la línea vocal con maestría para multiplicar la presión de un cante que helaría hasta aquellas referencias del siglo XIX que popularizaron el palo. En el caso de ‘Prefiero La Muerte’ enamorará el diálogo entre la eterna voz de Manolo Caracol y la de Márquez, mientras que en el estribillo musical la guitarra nos va arrastrando como una espiral.

Repiten las bulerías, esta vez con ‘Mmmm’ que combina el acompañamiento del título con estrofas más limpias y a veces con arrebatos inspirados como bien le conocemos. El acompañamiento de palmas y jaleos también es más limpio, por lo que podemos concluir que son más ‘al uso’ que las del inicio. El pregón ‘Mercancía’, de nuevo en el papel de la rumba y los tangos, ofrece el lado más accesible de la propuesta.

Tras el último interludio de la seguiriya en ‘La Piel #3’, llegará ‘El Corte Más Limpio’, que hace honor a su título con el más electrónico de la lista. Unas bases contundentes abruman en la primera parte de un tema que, tras el break central irá desarrollando una textura totalmente trance. El broche lo da ‘La Marca’, una nueva toná en la que la poesía recitada y la intensidad del palo vienen a significar una suerte de redención o ascensión final en este abrumador viaje que precisa de escuchas atentas para extraer todo el jugo.

Un disco que deja tan noqueado en su escucha que es imposible establecer tan pronto, como decía antes, comparaciones o resúmenes reduccionistas en forma de titular. Es lo que suele pasar con las obras maestras (vía síndrome de Stendhal) e intuyo que el tiempo dirá que lo es.

Lista de canciones – tracklist:

  1. Paraíso. Cuántos Cuentos Por Venir (Canción Milonga)
  2. Exprimelimones (Bulerías)
  3. Niña De Sangre (Verdiales)
  4. De Mí (Rumba), con 41V1L
  5. La Piel #1 (Seguiriya)
  6. Un Ala Rota (Garrotín)
  7. Droga Cara (Aguilando)
  8. Agua (Tangos)
  9. El Mengue y La Zarabanda
  10. La Piel #2 (Seguiriya)
  11. Grande (Debla)
  12. Prefiero La Muerte (Canción por soleá)
  13. Mmmm (Bulerías)
  14. Mercancía (Pregón)
  15. La Piel #3 (Seguiriya)
  16. El Corte Más Limpio
  17. La Marca (Canción toná)

Publicado el junio 2, 2022 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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