Delalma – Delalma

Las últimas semanas del pasado año nos regalaban el anuncio del regreso a la primera línea del heavy metal nacional de Ramón Lage, la voz que sustituyó a Víctor García en Avalanch allá por 2002 y puesto que ostentó durante diez años, hasta que llegó un parón indefinido que, sin embargo, no contaron con él para el regreso. Y no de una manera cualquiera, sino acompañado por otra colección de nombres viejos conocidos de la escena, como lo son principalmente el teclista y compositor Manuel Ramil (lo suyo empieza a ser de récord, si tenemos en cuenta que se ha movido con personas que entre ellas jamás tuvieron mucho feeling) al que hemos escuchado en los primeros tiempos de Warcry, en los últimos de Avalanch, fundador de Adventus (donde reunía a ‘los Warcry’ de los comienzos), durante un tiempo en Mägo de Oz, Sauze, Alderaan… Y también a Manuel Seoane en la guitarra (Burning Kingdom, Mägo de Oz, Alderaan, Ars Amandi, Lujuria…). La batería corre a cargo de Dave Lande (actual baterista de Celtian) y Jesús Cámara al bajo (de Death & Legacy). Resulta profundamente irónico, por tanto, que Ramil haya coincidido un periodo de tiempo con Ramón y Víctor en formaciones distintas y preparando sendos álbumes, mientras que a la vez giraba con Mägo de Oz. Camas revueltas que al final acaban saltando por los aires por alguna parte, como ocurrió finalmente en el desencuentro de Adventus. Sea como sea y más allá de las fricciones entre personas, en RockSesión celebramos y mucho el estreno a lo grande de Delalma, que nos trae todos los elementos reconocibles de una voz mágica, que nos ha hecho volar tanto… Y, musicalmente, considero que esta propuesta también está por encima de la de Adventus, dicho sea de paso. Sin lugar a dudas, 2023 ha arrancado trayéndonos uno de los discazos del año.

Por completar el viaje mencionado y para que neófitos en la materia entiendan la importancia del regreso de Ramón Lage, hacemos una mirada retrospectiva mayor. Y es que resulta especialmente curioso que tres de las más populares y notables bandas de heavy metal, años después de los iniciáticos Barón y Obús, hayan padecido del mismo mal: el cambio de vocalista, con todo lo que eso representa de frentismo, comparaciones, gente que se queda por el camino porque no le gusta el movimiento, etcétera. Tenemos a Mägo de Oz con tres, tenemos a Saratoga con cinco, y también está el caso de Avalanch, con otros cinco (seis si contamos la suplencia temporal que Jorge Berceo hizo a Isra Ramos –que por cierto ha anunciado su retirada indefinida de la música-). En el caso de Avalanch, Ramón Lage ostenta el honor de haber sido el que más años estuvo en el puesto (con lo que eso significa en cuanto a la relación con Alberto Rionda, tan genial en la composición como controvertido para otros temas de ‘gestión’) y el que más discos grabó, tanto en estudio como en directo.

Ramón se comió el marrón de sustituir a una bestia escénica (entonces demasiado descontrolada, pero sobrada de facultades) como era Víctor García y tras dos discos fundamentales, entre ellos uno de los mejores que ha dado el power metal melódico en toda su historia en España, como es El Ángel Caído. Nadie entendía como en plena forma escénica, de popularidad, de crítica, aquella alineación se rompiese. Lage tuvo el gigantesco valor de afrontar el reto y asumir el viraje musical de Rionda a terrenos más melódicos, a una canción menos medieval y más contemporánea, llena de decenas de pequeños matices en las líneas vocales. Y no solo lo sacó adelante superando las odiosas comparaciones, sino que de alguna manera ‘dignificó’ el género, por entonces anquilosado en leyendas y épicas extemporáneas, elevándolo a otras líricas, tesituras, matices y sonoridades, creando unas cotas que nunca fueron superadas.

Tras el parón de 2012 a 2017, la banda regresó con nuevo cambio en la voz y desde el inicio de ese periodo hasta hace unas semanas poco hemos tenido de Lage. Algunas colaboraciones en discos de otros y poco recorrido de sus proyectos en Geysser (un disco) o Human (tres demos en inglés).

Así, suena a gloria este Delalma homónimo. Una obra que se ha presentado con un halo conceptual que, quién sabe, puede guardar algún simbolismo con la realidad. Dice así: «relata el viaje de una mente que ya no sabe discernir, presa de su dualidad mental-existencial, entre el bien y el mal, fragmentada por un terrible hecho concreto ocurrido hace ya mucho tiempo y que no le deja ni tan siquiera ser dueña de la realidad en la que vive. Un sanatorio abandonado en una pequeña localidad norteña llamada Cesuras, empapada por la “néboa” de los montes galaicos, es el paraje donde ha sido rescatado el diario de Lázaro, alma moribunda que vaga en tan sombrío y ruinoso escenario desde hace ya más de 20 años. Siendo así, es entonces cuando un solitario momento de lucidez sea quien dicte a Lázaro la realidad en la que vive, trayendo consigo trágicas consecuencias que se verán reflejadas en la mirada y el llanto de los mirlos que con él cohabitan entre el musgo y fría piedra…este será el momento que dé respuesta a la incógnita final: cuál de sus personalidades ha de vivir y cuál ha de morir. ¿Qué es el bien? ¿Qué es el mal? ¿Quién ha de subsistir?».

Pues para narrar ese tormento interior Delalma ejecuta un debut repleto de atmósferas y de una factura irreprochable. Se abre la docena de temas con un power metal estiloso en “Acto De Fe”, donde se conjuga y contemporiza con maestría el empleo del doble bombo y a las hechuras guitarreras clásicas se le confiere un pequeño matiz progresivo. Si a eso sumamos la barroca entrada de Ramil, el tema no puede ofrecer más en menos. “Renegar De Ti” nos recibe con unos teclados modernos, que pronto se verán acompañados de un furioso y grandilocuente riff. En lo vocal se empieza a jugar con el efectismo de las mezclas, entre voces dobladas, afectadas o capas de susurros, entre otros recursos. Esa reverberación, como se lee por ahí, más que un defecto es un recurso para reforzar la negación y la intensidad de la narración.

“Mañana Vuelve A Oscurecer” es uno de los cortes más directos del conjunto. Un riff sencillo pero efectivo, entre el hard y el power, que se verá acompañado por un estribillo aprehensible y pegadizo, casi bailable. En “Ritual” se levanta por primera vez el pie del acelerador para un medio tiempo donde Ramón Lage se siente extremadamente cómodo. Una buena piedra de toque para recuperar todos los registros, como ocurrirá con otros cortes más adelante. El solo de Seoane, de matices arabescos, también eleva el resultado final. “Y Aún Siento Estar Allí” es otra joya melódica y liberada del peso de la distorsión habitual (incluso con un break arpegiado antes del último estribillo) haciendo que Ramón despliegue ese alma de cantante lírico de los setenta que tan bien plasmó en Los Poetas Han Muerto, que volverá a hacerse patente en la más preciosista de la semi acústica “La Última Noche”. Entre ellas, como nexo de primera y segunda parte, un pasaje casi instrumental (salvo algún grito de Lage) bajo el nombre de “Pido A Dios”, donde piano, violín, acústicas… presenta un desarrollo delicado pero por momentos de tormento wagneriano.

Aunque para concepto operístico el de “Luz Ni Tiempo”. Un extenso corte de más de diez minutos de duración donde la guitarra de Seoane, doblada en su desarrollo de entrada, casi parece evocarnos el antológico inicio de “Las Ruinas Del Edén”. En este caso, pese a la atormentada letra, los teclados dibujan una ambientación lumínica más poderosa, en contraste con los pasajes más truculentos cuando Ramón Lage recita con la gravedad teatral que le conocimos en Avalanch, dándonos, por fin, la panoplia completa de sus posibilidades. EL corte en sí mismo seguirá ofreciéndonos cada vez más recursos, desde el solo de digitalización más veloz por parte de Seoane, pasando por galopes de power metal, otro recitado infantil y un cierre épico y vibrante volviendo al motivo melódico principal.

Con el despliegue realizado, no es extraño que se tome aire de nuevo en la desnuda y desgarrada “¿Y Ahora Qué?”, un corte reflexivo y tenso en el diálogo entre música y voz, que tendrá su climax en el crescendo de las preguntas retóricas y el solo final. Voces infantiles nos reciben una vez más en el arranque de “El Mirlo”, junto a “Cárcel De Cristal” dos de las canciones adelantadas antes del lanzamiento y que reflejan todas las virtudes del proyecto. La personal voz de Ramón, jugando en ambos casos hasta con algún falsete y toda la amplia gama de brillos y matices. Emocionante la primera en esa sucesión de «viviré, soñaré» y la segunda con un estribillo perfecto.

El cierre vendrá de la mano de “Quédate”. Un tema que alberga el final de la historia, con una bonita ambientación musical, que recurre a un tempo de percusión que asemejan los latidos del corazón, entre coros cuidados, voces, teclas, guitarra acústica… Un magnífico colofón a un disco que, ante todo, tampoco es que sea fácil. Un magnífico regreso de Lage y estreno para esta alineación, a la que deseamos larga estabilidad.

Lista de canciones – tracklist:

  1. Acto De Fe
  2. Renegar De Ti
  3. Mañana Vuelve A Oscurecer
  4. Ritual
  5. Y Aún Siento Estar Allí
  6. Pido A Dios
  7. La Última Noche
  8. Luz Ni Tiempo
  9. ¿Y Ahora Qué?
  10. El Mirlo
  11. Cárcel De Cristal
  12. Quédate

Publicado el enero 19, 2023 en Críticas Discos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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