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Diego Vasallo – Caemos Como Cae Un Ángel

Aunque la popularidad tiene el ominoso poder de oscurecer y, por tanto, hacer invisible todo aquello que no está situado en el foco de atención, hay artistas que siempre han estado ahí, que siempre están, que no desfallecen. En esa travesía en el desierto hay quienes optan por esas ‘justificadas’ vueltas al pasado, promociones extramusicales, intentos de adaptar sus creaciones a las nuevas tendencias… Y hay otras personas que hacen caso a su pulsión vital y, lejos de pretender sacrificar su integridad o necesidad expresiva, siguen contra viento y marea, contra el silencio que los medios de comunicación somos capaces de ejecutar (algunos de manera consciente, otros porque no nos da el tiempo para escribir de todos los que nos gustaría). Diego Vasallo se encuentra entre los segundos. Desde que las mieles del éxitos y los discos de oro llegaran con Duncan Dhu, siguió su senda con la banda Cabaret Pop y, poco después, con su nombre en solitario. Una senda que podríamos definir de irregular, quizá por esa necesidad de búsqueda, como lo es cualquier trayectoria vital, por otra parte, y que viene cimentando con honestidad disco a disco y de manera especialmente visceral desde las últimas tres entregas, quizá desde la última década. Si Canciones En  Ruinas en 2010 ya anticipaba la entrada en una incipiente madurez, con Baladas Para Un Autorretrato en 2016 piso fuerte en su entrada en un rock oscuro, crudo, tenso, adusto en las formas y cruento en los textos. De manera indisimulada el árido Las Rutas Desiertas de 2020 fue otro soplo de arena en los ojos de sus oyentes. Era otro trueno más en la noche para seguir abriendo la grieta de una circunspección, de una falla que quiebra en poesía, voz y música, que alerta, como un Tom Waits nuestro, que Caemos Como Cae Un Ángel. Magistral disco.

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Duncan Dhu – Canciones (1986)

Día lluvioso, helor de humedad, pre astenia primaveral, nostalgia… y Canciones. Y un vinilo. Repasando la amplísima galería de nombres que todavía no han pasado por la crítica remember de los viernes (por suerte, nuestra música es infinita por más que nos acerquemos a las trescientas) siempre se me clava la espina de no haber dedicado unas líneas a Duncan Dhu. Uno de esos grupos que ‘me encaminaron’ desde niño ya que mi hermano y mi hermana, mayores que yo, tenían en vinilo tanto el que nos ocupa como el posterior El Grito Del Tiempo. Hasta hace relativamente poco todavía discutían sobre de quién era este Canciones. Un debate que se cerró, ¿adivinan?, con el vinilo en mis estanterías. Mejor que una resolución salomónica que lo partiera en dos. El caso es que hasta hoy mismo he dudado sobre de cuál escribir porque para mí son casi como uno. Y quizá también para la banda, ya que, sin ir más lejos, la edición internacional de este álbum llevaba temas del posterior, que llegaría apenas un año después. Mentalmente también he identificado siempre más este Canciones a mi hermana y El Grito Del Tiempo a mi hermano así que, como por circunstancias personales me apetece darle un impulso de ánimo a ella. El trío formado por Mikel Erentxun, Diego Vasallo y Juan Ramón Viles es uno de los más indiscutibles legados y referentes que ha dado el pop-rock estiloso de nuestro país en los años ochenta y noventa. No hay debate posible. No se les puede discutir la grandeza de su pop rock intimista en los primeros años, el protagonismo de la base rítmica con ligeros aires de rockabilly, su capacidad para crear melodías de guitarra y voces adictivas, sugerentes y cálidas. Hoy nos quitamos la espina (del jardín de rosas) de Duncan Dhu.

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