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Rosalía. Estreno de Motomami Tour. Almería. 6 de julio

Un mes después de la publicación del tercer elepé de Rosalía, Motomami, se anunciaban las fechas de una cuantiosa gira mundial, con la que la artista daba el salto con una agenda tan ambiciosa que contempla la visita de 17 países en seis meses. Un periplo que, bingo, comenzó anoche en Almería, convertida desde el primer día en foco de atención por todos los rosaliers – motomamis – motopapis para tener las primeras informaciones sobre cómo es el nuevo espectáculo de la artista. Os confieso que, después de llevar más de ocho años llevando la comunicación y prensa del Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería a través de la agencia para la que trabajo, siento mucho de satisfacción por ello. Sobre todo porque ‘pequeña pero firme’, que diría Extremoduro en ‘Sucede’, Almería fue una de las primeras ciudades del país que apostó sin ambages por la #CulturaSegura. Dos días después de acabar el confinamiento ya tuve que cubrir mi primer concierto. Solo en ese verano se celebraron más de 40 conciertos, cuando en el resto de España era un solar. Al siguiente verano, todavía con mascarillas obligatorias, distanciamientos, sentados y todas las medidas que hoy parecen ser un pesadilla distópica, se habían celebrado más de 120 conciertos, obras de teatro y un largo etcétera. Por eso, a mí lo de anoche me sabe un poquito mejor. Porque es un premio, trabajado, a muchos meses de compromiso con la cultura, igual que entiendo el compromiso hacia lectores o ciudadanos. Ya lo decía también Neruda, aquello de “cumpliendo con mi oficio, piedra con piedra, pluma a pluma. Pasa el invierno y deja sitios abandonados, habitaciones muertas: yo trabajo y trabajo”. Y allí anduvimos, en el estreno mundial de la gira de un ciclón llamado Rosalía. (FOTOS: José Antonio Holgado para el Área de Cultura – Contraportada).

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Rosalía – Motomami

Prometo que después de ‘desahogarme’ en su día con la crítica kilométrica de El Mal Querer en noviembre de 2018 e, incluso, con la de C Tangana de marzo de 2021, no tenía pensado volver a salirme tanto de guion en la línea, ya de por sí amplísima, de RockSesión. Al final, tras consultarlo con una encuesta no vinculante en Twitter este pasado fin de semana (en la que las dos opciones del ‘sí’ ganaron a las dos opciones del no por un 56,5 % – 43,5%) me lanzo a escribir unas líneas sobre el tercer larga duración de Rosalía tras el citado El Mal Querer y Los Ángeles, de 2017. Convertidas las redes sociales en una amplia barra de bar en la que todo el mundo suelta su granito de arena sobre cualquier tema sin preguntarse antes si va a aportar algo constructivo al asunto –no hablo ya siquiera de respeto, educación o conocimiento en la materia-, como bien sabréis y habréis podido leer cada vez que se ha compartido alguna novedad, un fragmento o un nuevo tema del disco, hasta su lanzamiento definitivo el pasado viernes, todo lo que hace Rosalía (convertida, objetivamente, en una estrella internacional admirada en todo el mundo con tan solo 28 años) parece venir aparejado a una especie de manteo público donde parece que quien hace la gracia más ofensiva es el que gana. Llamadme defensor de causas perdidas (algún amigo ya me lo decía desde hace muchos años) pero a mí esas cosas me siguen enervando porque es sano, lógico y respetable que no todo tenga que gustarte a algo por imposición promocional o por seguir la corriente del agua, pero de ahí a las faltas de respeto y a echar por tierra el trabajo de casi tres años de una artista que dice pasar 14 horas en el estudio hasta dejar cada arreglo como quiere y que cuando tiene que preparar una coreografía se pasa 4 o 5 horas bailando durante un mes y medio, pues qué quieren que les diga, prefiero a una persona que se esfuerza en ‘crear’ justo eso en ‘lo que cree’, que quien, con la excusa del no me gusta, ofende y ridiculiza.

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