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Mart – Tierra y Fe

“Que no tengo más aspiración que morir viviendo el rock and roll”. Así canta Manuel Ángel Mart en ‘Déjame’ una de las canciones del estratosférico Neurasia, para mí el mejor disco de sus Estirpe. Es habitual que cuando alguien fallece las buenas palabras se sucedan, en muchas ocasiones palabras vacías, rutinarias. Palabras inanes porque su destinatario ya no podrá escucharlas, ni leerlas. No hay nada peor que llegar tarde a las cosas, cuando de poco o nada valen. No es el caso. Mart, vocalista y compositor de Estirpe, productor y mucho más, recibió en vida todo aquello que él sabía transmitir en sus canciones, en su mirada, en su trato, en su conversación, en su día a día. Por eso el mundo del metal de nuestro país clamó en un dolor compartido por su pérdida. El 31 de octubre se daba a conocer su fallecimiento, siete años después de que por primera vez se le diagnosticara un cáncer que llegó a superar pero que, como las peores secuelas cinematográficas, volvió para robarnos a un talento al que siempre, siempre, hemos elogiado en esta casa, frente al injusto silencio al que promotores, festivales, algunos medios y el desganado público le ha otorgado en contraprestación a canciones excelentes, sublimadas en la reunión de todas sus propias influencias en ese citado Neurasia. Hijo de Manuel Martínez, cantante y líder de Medina Azahara, Mart se fue dejando su corazón y su alma produciendo un EP de una banda amiga que tiene que ver la luz en 2021 y, también, grabando su primer disco en solitario, Tierra y Fe. Un álbum que comenzó a promocionar su equipo antes de la resolución final. Se fue con un testamento musical lleno de paz, amor, entereza y valentía, como lo hicieron recientemente Chuck Berry, Leonard Cohen, David Bowie o Pau Donés. Pero es que, más allá de lo simbólico, el disco es excepcional.

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