Nacho Vegas – El Manifiesto Desastre (2008)

Decía un viejo amigo (tan viejo amigo que, de tan antiguo, posiblemente ya ni lo sea) que era un amante de defender causas perdidas. No diría yo tanto o quizá el carácter me ha vuelto más condescendiente con algunas cosas, pero el caso es que algo de eso marca muchas semanas mi elección de las críticas remember de los viernes. Sin pensar demasiado (agenda apremia) traje a Triana en el inicio de la polémica de Eduardo Rodríguez Rodway con el grupo tributo (hace un año, aunque algunos medios especializados han parecido enterarse ahora), hablé del Minage de doña Mónica tras la vengativa crónica de El País, hablé de Ramoncín en pleno juicio, hice la remember de Albert Pla en plena cancelación masiva de conciertos… Vamos, que si hay un fuego igual voy con azufre en lugar de con manguera. De un tiempo a esta parte a Nacho Vegas se le está repartiendo por los titulares que distintos medios van salpicando por ahí. Que si la derrota de clase obrera enciende a la izquierda premium, que si declararse antimadridista porque de niño recordaba la testiculina patriota de Juanito… El caso es que lo que más me enerva es ver comentarios a su música cuando, en la inmensa mayoría de los casos, ni siquiera han escuchado un disco suyo. España, país de tertulia de bar, hoguera de Twitter y de opinólogos que no son capaces de leer un párrafo, como para leer entre líneas. Hoy hablo de El Manifiesto Desastre, porque es un terrible y absoluto discazo. Tanto, que me inspiró una novela que ya casi doy por imposible.

Posiblemente los nachoveguistas no citen este como su mejor disco. Y es posible. La discografía de Vegas está llena de largas duraciones, de muchos más EP’s y otros discos ‘splits’ como Lucas 15, el de Christina Rosenvinge o el de, por supuesto, Bunbury. Todos, literalmente, tienen canciones imprescindibles. Los mismos integristas de los tiempos de NV a Eurovisión hicieron una muesca con el acercamiento del asturiano a terrenos mainstream, como el comentado con Nacho y muchos de ellos afilaron los colmillos con el lanzamiento de este catálogo de sopor, sexo anal, paz interior y pasajes emocionales en el que las formas eran menos tremebundas y tremendistas que en los inicios, más musicales, más ‘normales’ y, por tanto, menos molonas. Dirían. En el punto medio está la virtud, dicen, y Nacho se marcó en este álbum un auténtico pase por el alambre funambulista entre unos y otros. Sus formas más parcas y modestas antaño, se riegan aquí de teclados (imponente Abraham Boba), de coros melódicos a veces gospelianos y segundas voces (Rosenvinge) y pequeños coqueteos con la rumba (percusión de ‘Crujidos’) con la ranchera, con una versión de Guy Clark o el homenaje al glam de Marc Bolan… con Dylan siempre en el horizonte y, especialmente, el Blonde on Blonde, al que cita, de hecho.

El álbum se abre con una tormenta serena de sopor lúbrico como es ‘Dry Martini S.A.’ (Sexo Anal) donde el tempo contemporizado nos genera una ‘muerte dulce’ dejándonos llevar por una cadencia y unos coros que van creciendo en la segunda parte del tema hasta hacerla hipnótica. ‘Detener El Tiempo’ es una de las joyas indiscutibles, imprescindibles e insuperables de su discografía. (número 3 en #Mis10de). Rezuma Dylan por los cuatro costados y un americana luminoso, letra certera y recuerdos de ingenuidad infantil, de temores, anhelos, literatura y música, con un referencia consanguínea de esas que, si te toca, no se te olvida jamás. ‘Junior Suite’ redunda en la sordidez del atrevimiento sexual que ya tocó en ‘Gang Bang’, con la incursión llena de dudas en una sauna… Los vapores, las dudas y la fricción son tan certeros y vívidos, que casi sudamos nosotros también.

‘Lole y Bolan’ (por cierto, una empresa argentina nació con eso nombre a raíz del tema) es el homenaje citado a Marc, lleno de Glam y coqueteo a estar compartida con Rosenvinge, pareja por entocnes. Un bello ejercicio de estilo, de esos que solía firma Bowie o de los que suele hacer gala Bunbury. ‘El Tercer Día’ y ‘Crujidos’ afronta a las claras la lucha contra la adicción a polvos blancos y marrones (no será su única aparición en el disco). La primera, a lo bíblico, es cruda y cruenta, puro síndrome de abstinencia en su coda final, desgarrada e iracunda. Por su parte, ‘Crujidos’ percute en esa base de cajón flamenco y aires pseudo rumberos. La canción tiene mucho de Sísifo y de saber de lo que se habla (Alprazolam). El toque humano y ‘optimista’ llega en la relativización final: “Que es jodido ya lo sé, pero no es dramático, esto no es tan trágico, esto no es un drama, no, te diré mil cosas por las que llorar…”. Entre ellas se cuela la citada versión de Guy en ‘Nuevas Mañanas’, una balada country respetuosa y conseguida.

Mondúber’ es otra de las enormes canciones de este disco, aunque al principio no nos llame la atención. El crescendo y la tensión musical crece y crece sin parecer tener fin hasta explotar en unos coros que nos recuerdan por igual a gente como Cocker, Pink Floyd o Young. Siguiendo con un nivel de excelencia, ‘Un Desastre Manifiesto’ ya me conquista por el simple desorden del título del álbum (juegos de palabras, la morfina de los que escribimos), pero la historia humana atormentada y el crecimiento vuelven a sacudir, además en un tema en el que la voz de Vegas parece estar mucho más adelante y casi parece grabada en una toma.

Los fundamentalistas de la autenticidad se rasgaron las vestiduras con ‘En Lugar Del Amor’, una ranchera que no se aleja del rock pero que tiene una misteriosa magia canónica, influenciada por los viajes a Sudamérica auspiciados por su cameo con Bunbury. El caso es que el género, aunque es demasiado melodiosa para él, acaba siendo infectada por ese modus operandi incomparable de Vegas, el daño mezclado con el placer. El drama regocijado. ¿Acaso no es eso la ranchera?

El cierre llega con ‘Morir o Matar’, a día de hoy (seguramente para siempre, por más que joda esto a un artista) la mejor canción compuesta por Nacho Vegas y el ejemplo de que es uno de esos viejos románticos cantantes que mantienen esa costumbre en desuso que es CANTAR historias (‘Canción de Isabel’, imposible olvidarla). La canción es tan rotunda que fue la que me encendió la comentada chispa para emprender una novela a la que iba a titular ‘Speedball’ (mezcla de heroína con cocaína) y de la que nunca pasé de los primeros cinco capítulos.  Todo lo que pueda decir de ella es estropear su magia y os recomiendo encarecidamente, aunque rechacéis al personaje que la escuchéis con los ojos cerrados y viviendo cada uno de los versos.

Porque todavía hay gente que piensa que hay que estar de acuerdo en todo lo que dicen nuestros artistas preferidos para poder gustarnos su música… Será por cretinos en la vida. Y el rocanrol es vida.

 

En Spotify.

Lista de canciones – tracklist:

  1. Dry Martini S.A.
  2. Detener El Tiempo
  3. Junior Suite
  4. Lole y Bolan
  5. El Tercer Día
  6. Nuevas Mañanas
  7. Crujidos
  8. Mondúber
  9. Un Desastre Manifiesto
  10. En Lugar Del Amor
  11. Morir O Matar

 

 

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Publicado el junio 9, 2017 en Críticas Remember y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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