Rosendo – De Escalde y Trinchera

La gerusía era un órgano de gobierno de la antigua Esparta en la que un comité de sabios ancianos (más de sesenta años, cifra nada desdeñable en la época) eran los encargados del poder legislativo. El concepto de consejo de ancianos se ha repetido a lo largo de la Historia, por ejemplo tras la revolución francesa, y en numerosas civilizaciones, como la maya. Si extrapoláramos esto al mundo del rocanrol patrio, Rosendo es de pleno derecho un gurú de sabiduría ante el que todos escuchan cuando habla y canta. Y es así porque se lo ha ganado manteniendo una constancia implacable desde los tiempos de Leño hasta con la inicial incomprensión hacia su carrera en solitaria y la posterior consolidación y ganarse la pleitesía absoluta de más de una generación de rockeros, más allá de aquello de rock urbano. Una etiqueta que hace tiempo que le quedó pequeña por lo encorsetado del calificativo. Rosendo reflexiona y apunta sin tener que dar nombres, juega con las palabras como un gran maestro de las letras. Si unos lo hacen con las emociones, el jefe Mercado tira de retruécanos, expresiones castizas, refranero, juegos de palabras… Muy meritorio tras más de 200 canciones en la espalda.

De Escalde y Trinchera es el decimosexto trabajo de estudio de Rosendo Mercado y es la primera vez en su carrera que transcurre tanto tiempo sin ofrecernos material nuevo (Vergüenza Torera salió en septiembre de 2013, es decir, casi cuatro años). Lo que no cambia son sus compañeros de viaje: Rafa J. Vegas al bajo, Mariano Montero a la batería y Eugenio Muñoz a los mandos. También repite ‘colaboración’ con su hijo Rodrigo, como en los últimos tiempos, esta vez con un texto suyo (‘Terciopelo Herido’).

El álbum se abre con la más acelerada de las tonadas, una de las más destacadas de la decena, aunque no por la velocidad sino por lo certero y bien hilvanado de la letra. ‘Cúrame De Espantos’, además, tiene un cierto regusto a clásico de otras épocas donde tenemos espacio para todo: un fraseo mordaz, un estribillo contemporizado, un gran solo… Para quitarse el sombrero. ‘Que Si Vengo, Que Si Voy’ fue la elegida como primer sencillo y en ella el ritmo baja en pulsaciones a cambio de un incesante golpeo, más presente si cabe con una mezcla muy metálica. Es uno de esos cortes ladinos y serpenteantes muy propios de su discografía en este siglo. ‘Un Capullo Dentro De Un Jarrón’ es una de las canciones más inmediatas del álbum. Sigue en la onda de Vergüenza Torera, aunque si allí había más rabia iracunda, aquí esas energías se tornan en una acidez y retranca tan propia de la veteranía y el desengaño de la experiencia. “Tranquilo majete en tu sillón”.

Es a partir del cuarto corte cuando empiezan a llegarnos esas pequeñas sutilizas diferenciales al patrón básico de lo que conocemos de Rosendo. Seamos claros: pocas veces se ha ido de madre en las ‘innovaciones’ estilísticas, así que un pequeño arreglo o aditamento poco frecuente ya es mucho para el universo rosendiano. ‘¡Qué Bufonada!’ es el corte más amargo y descreído de De Escalde y Trinchera pero, además, en el tema encontramos la entrada final de una flauta travesera que los más viejos del lugar asociarán inevitablemente a sus inicios en Ñu. Premeditado o no, me parece una fantástica aportación por esa conexión con el pasado, sin entrar en polémicas que ya todos conocemos con José Carlos Molina. ‘Terciopelo Herido’ tiene, como decía, sello Mercado, pero de su hijo Rodrigo. Es un texto algo más oscuro y, como tal, la canción se desarrolla como un medio tiempo que genera sorpresa con la doble voz del estribillo y por una estructura menos convencional.

La segunda parte se abre con otra recarga de ironía con ‘El Botillo y La Pringá’, con ese “poca diplomacia y mucho patriotismo (…) viva el vino y el ganao porcino”. La principal sorpresa viene con las inesperadas gaitas finales. ‘Soy’, por su parte, es un rocanrol liviano, muy identificable y con un solo que, por sonido y por ejecución, tiene mucho de su admirado Gallagher.

Pero son los tres últimos cortes los menos convencionales y los que al final,, nos hacen tener la sensación de que De Escalde y Trinchera es un disco que se mueve entre dos aguas. ‘Maldita Flojera’ tiene un cierto influjo industrial por su base rítmica pesada y su batería maquinal. ‘A Pesar’ apunta  a una suerte de reggae, en el que Rosendo se descubrió cómodo desde ‘Bailando Al Aire’ pero tampoco termina de explotar en el género como en ese u otros cortes posteriores. Y para cerrar, ‘El Túmulo’ pasa por ser la mejor canción del álbum gracias a esa melancolía que tan bien le ha sentado siempre a la tesitura de su voz (‘El Ganador’, ‘Qué Desilusión’…) pero que no rentabiliza como debiera. ¿Quizá el futuro ha de ir por ese terreno? Ojalá que sí porque veo un gran filón por explorar.

“Se adivina el túmulo, repentina oscuridad.
Es el fin del espectáculo, veredicto natural.
No hay aliento ¡ya no hay! Dime adónde vas.
Ya no hay tiempo ¡ya no hay! No sé dónde estás”.

Y encima va y dice “no compito para no ganar”. Pues menos mal.

 

En Spotify.

Lista de canciones – tracklist:

  1. Cúrame De Espantos
  2. Que Si Vengo, Que Si Voy
  3. Un Capullo Dentro De Un Jarrón
  4. ¡Qué Bufonada!
  5. Terciopelo Herido
  6. El Botillo y La Pringá
  7. Soy
  8. Maldita Flojera
  9. A Pesar
  10. El Túmulo

 

 

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Publicado el junio 20, 2017 en Críticas Discos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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