Mamá Ladilla – Quién Pudriera

Entre musical y musical (¡Arrea!) parece que al trío que conforma Mamá Ladilla le ha venido en gana meterse con nuevo material. No he tenido el placer de verlo, pero solo por la dosis de edulcoración que tiene de por sí tal palabra, se ve que han tenido la necesidad expresiva de soltar mucho de rabia, porque este Quién Pudriera desborda una importante dosis de mala leche en los textos y en las formas, contundentes y bien subidas de volumen en la mezcla. Y es que el bueno de Juan Abarca y los suyos, de nuevo acompañado en esta ocasión por Sergio González en el bajo y Abel del Fresno en la batería, atruenan cuando quieren y es el caso. Si en Coprofonía el tono humorístico era más pizpireto y descocado, casi rozando a veces la bonhomía, aquí tiran de renegror (eso sí, sin llegar nunca al peligro de acabar en la Audiencia Nacional, que nunca se sabe). Y, claro, les ha salido una portada acorde, lo más alejada posible del optimismo flower power. Todo muy heavy metal (palabra aguda).

Mirando los datos técnicos, también puede que influyeran las fechas de la grabación para tanta profusión de alegría, de diciembre de 2017 a enero de este curso, en plena temporada alta de cortilandia, en Estudio Uno, Hispamusic y Fresno Estudio, donde se realizó también la mezcla y masterización.

Y eso que todo parece que va a ir como siempre, con un divertido solo que nos da la bienvenida en ‘Yo Me Llamo Ralph’, con un dinamismo de notas tan cercano al virtuosismo como a los looney toones. Pero es en el segundo 34 de canción cuando las sombras aparecen y un tempo marcado va degollando los colores. Ese tono furibundo permanecerá duro, cual rigor mortis, durante casi todo el metraje. Entre la aliteración vocal y musical se despliega el estribillo que conjuga la chulería con el cretinismo. Puro siglo XXI. Esa connotación virulenta se mantiene en ‘Cáncer de SIDA’, donde Abarca lamenta, a su manera, el deceso horrendo del rocanrol. Y no será la única sesuda crónica musical que haga a lo largo del disco (tampoco de su discografía, si miramos hacia atrás hasta desnucarnos), puesto que llegará después ‘Se Dice Heavy Metal’ donde abruma con todo el peso de la razón. Un argumentario que firmaría el mismísimo Sancho Panza del rock.

Otro lienzo costumbrista con acidez se proyecta en ‘Cibernáusea’, donde los reyes del zasca virtual se llevan lo suyo. Y por si faltaba oscuridad, hay más. ‘Madre Coraje’ es de una épica con sorna salvaje, de inicio acústica, cual ‘Príncipe de Beckelar’, pero con el desarrollo, además de coqueteos progresivos, llegan versos como “se parten la cara con piedras y comen trozos de mierda y se arrancan a mordiscos los carrillos y las cejas y saltan sobre los cuerpos sin vida de sus niñeras y las mutilan con saña, las arrastran por la tierra”. Sin acritud.

‘La Figura del Jazz’ (con saxo de Santi Ibarretxe) ridiculiza al arquetipo personaje del género, que presume de desgracias como garantía de autenticidad. También valdría para un bluesero. Y, más madera, otro desahogo social aparece en ‘Gatitos’, la canción (por el momento) más celebrada del álbum.  En formas es la más inocente, incluso con esos arreglos de cuerda de María de Francisco y Sergio Méndez al violín y cello y los coros celestiales de Nely Sempere, Tatiana Juste y Laura Pinazo, pero con una letra que sería denunciada por el 97,97% de los usuarios de Instagram y de los que se inventan porcentajes estadísticos.

Aunque podría ser más hardcore, la referencia real a ‘Coma y Punto’, al compás circense, nos deja algunas joyas como “si no le gusta el chef lo fusilamos y traemos otro” o “si se le antoja un entrecot de paquidermo, no se apure, lo podemos arreglar”. Una liviana muestra feliz (dentro del peligro de inanición del protagonista, claro) antes de seguir con todo lo tremebundo inmundo del óbito, muy celebrado en ‘Los De Abajo’, que tiene un lúgubre tufo, por momentos, a punk gótico de serie be.

Y de ‘be’ a ‘ye’. Y es que esa es la sílaba única de la letra de ‘Desafino Total’. Una reducción del ‘Ye-Ye’ de Siniestro Total, sin duda, que sirve de excusa para dar rienda suelta a la locura musical del trío, pasando como un flash del thrash al reggae sincopado. Todo muy insano. Llegando al final del túnel, ‘El Olor’ hace honor a su nombre, aunque no es a muerte, aunque sí a podrido. A ese que se impregna en las chaquetas en noches que acaban perdiendo su nombre.

‘Subdesarrollo Insostenible’ echa el cierre a la bolsa negra con distorsión relajada y, como regalo postrero, la reaparición estelar de Óscar Ortego (ya saben, ‘En El Vergel Del Edén’), que vuelve a declamar un sesudo texto, sin desperdicio, que acaba con su vocal favorita.

Quién pudriera, pura vida.

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. Yo Me Llamo Ralph
  2. Cáncer de SIDA
  3. Se Dice Heavy Metal
  4. Cibernáusea
  5. Madre Coraje
  6. La Figura del Jazz
  7. Gatitos
  8. Coma y Punto
  9. Los de Abajo
  10. Desafino Total
  11. El Olor
  12. Subdesarrollo Insostenible

 

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Publicado el marzo 27, 2018 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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