Ella La Rabia – Ella La Rabia

Lo comenté en redes sociales hace unas semanas y la opinión se ha reforzado con el paso del tiempo. Ella La Rabia presenta en su álbum debut epónimo uno de los estrenos y discos del año. Edu Pérez (voz y guitarra), Óscar R. Manrique (bajo), Pablo Conterio (batería) y Javi Pérez (guitarra y coros) dan continuidad bajo esta cabecera al proyecto iniciado en Killing Pete, pero teniendo mucho más claras sus fortalezas y su destino. Once cortes en cuarenta minutos donde un post-hardcore moderno se conjuga con influencias de folclore, de alucinógenos tramos, de coros melódicos y voces desgarradas. En el horizonte, nombres como Melibea, Virgen, Estirpe, Tenpel, Berri Txarrak o Desakato, Queens of the Stone Age o Thrice. Líneas de bajo gruesas, letras de urgencia vital y una producción y mezcla de primer nivel. Una propuesta arriesgada, personal y sin corazas. De esas que, como los tentáculos de la medusa, si te rozan en la emoción, te pondrán el alma en carne viva. “Nunca hallé las palabras y perdimos la fe. Tengo luz pero sombras penetran mi sien. Ella está rodeada de almendros en flor, reparé cada herida y nos dijimos adiós”. Ella La Rabia, ya tenemos otra medalla para el 5 de enero.

La pre-producción del disco, que estuvo apoyada por Jorge Vileilla (Virgen) y Juan  Blas (Nothink, Minor Empires, Caboverde), que además colaboran en algunos temas, se realizó en 2016. Blas fue el encargado de la grabación del mismo en West Line Estudios, también colabora a las voces de Kantz (De la Cuna a la Tumba, Tenpel). Está masterizado por Víctor García en los estudios de Costa Brava ‘Ultramarinos’.

Aunque afincada en Madrid, la banda tiene origen canario-berciano. Lo primero queda claro en muchas de sus composiciones o en el título de ‘Hijos de Magec’. (Nombre del sol para las poblaciones de las islas y dios en la mitología guanche). Un corte que, por duración (apenas 100 segundos) podría ser una intro, pero que tiene una enjundia considerable. Base pesada, guitarras centelleantes y la primera presentación del tormento existencial ante el paso de la vida que dejan todos los textos. Del sol a la masa hecha fuego. El enlace con ‘Magma’ es perfecto. Recogiendo con un endiablado riff que aumenta la potencia a golpes de batería. El estribillo, más melódico y pegadizo equilibra las sensaciones, evidenciando que no estamos ante la típica banda pintona haciendo ruido, con esa coda densa que cierra la canción.

Transformando la sonoridad de una isa canaria con compás de vals, ‘Elba’ es un trallazo de consideración, desde su entrada de cuerdas al fraseo con castañuelas. Una mezcla personal que acaba en desgarro y que también ofrece cierta conexión con la isla de origen volcánico italiana de la que toma el nombre, además de recordarnos a los extintos Melibea. Poema recitado de Ignacio Pérez en ‘Sol De Invierno’ que ejerce, ahora sí, de intro para ‘Nuestra Lucha’, tema donde Kantz pone el desgarro y el fino toque histriónico conocido. Además de la potencia y virulencia del riff principal, el tema sorprende por un break a contratiempo con trombón de Roberto Lorenzo y un tramo percusionado nos recuerda sin duda a Mart y su Neurasia. El tema deviene en un rasgado e intenso vociferado final.

Jorge Vileilla, de Virgen, otra banda muy recomendada en esta casa, pone voz en ‘La Huella’. Un tema quizá algo más previsible, que se ve alterado por un tempo más lento y stoner en la parte central, pero que mantiene alto el nivel gracias a su velocidad. En ‘Castillos de Hielo’ nos llega el primer respiro con una balada creciente, iniciada con arreglos de violonchelo (Álvaro Escudero) y teclas. Emocionante tema que esboza una referencia a Timibúcar, barrio de Santa Cruz de La Palma.

Descolocados ante tanta excitación en las formas y el fondo, ‘Gardé’ nos noquea al ofrecernos una versión acústica del texto de ‘Hijos del Magec’, pero cambiando el tiempo verbal de futuro a pasado. Magnífico efecto conceptual. Ante este truco, el siguiente corte no podía sino ser una descarga de distorsión como la que ofrece ‘Las Nuevas Armas’, que combina partes más áridas y de tempo contenido, con otras más armónicas y hasta espacio para quizá el solo de guitarra más puro del álbum.

Un cierre muy BTx nos lleva a ‘Limerencia’, que contiene el recitado ‘Conformidad’, un poema de Pedro Lezcano Montalvo, escritor referencia de gente como Manuel Picón, pero también político y ajedrecista. En suma, el enamoramiento como obsesión compulsiva. Otro elemento de mitología guangue, ‘Atenai’, da título al último corte, donde nos llama la atención en primera instancia el protagonismo del golpeo de batería y destaca la colaboración de Juan Blas. Pero la gran sorpresa llega al final de lo que parece ser el ritual final premortuorio. El que da la clave del (ausente) sentido de la vida: “Aún sin recompensa, yo seguiré sangrando. Atenai no frena y moriré en sus manos. La cruda realidad es que no hay destino, tan sólo la senda hasta un bello espejismo”. Repetido como un mantra que nos lleva de manera apacible al final del álbum, antes de que una voz femenina nos reciba con su canto a capela.

¿Desconcertante? Discazo de los grandes.

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. Hijos del Magec
  2. Magma
  3. Elba
  4. Sol De Invierno
  5. Nuestra Lucha
  6. La Huella
  7. Castillos De Hielo
  8. Gardé
  9. Las Nuevas Armas
  10. Limerencia
  11. Atenai

 

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Publicado el junio 6, 2018 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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