Legado de una Tragedia IV – El Secreto de los Templarios

Reconozco que es un hecho al que sucumbo con cierta facilidad. Siento una irresistible magia en la unión de palabras ‘ópera rock’ para que se me despierte la curiosidad y me acerque con más curiosidad si cabe a un nuevo disco si va guiado por ese calificativo. Desde el alfa y omega que es Jesucristo Superstar, pasando por David Bowie, The Who, Pink Floyd, Génesis, The Kinks, Queen, Dream Theater, Judas Priest, Avantasia… y, de aquí, los Mägo de Oz, incluso el Lubna de Mónica Naranjo y, cómo no, la saga de Legado de una Tragedia que, anunciada inicialmente como una trilogía alrededor de la figura de Edgar Alan Poe, sumergió al escritor norteamericano en un repaso biográfico en la primera entrega, en ‘La Divina Comedia’ de Dante en la segunda, y en el mito de Morfeo en la tercera. Cuando el círculo parecía cerrado, Joaquín Padilla, alma mater del Legado, emprende una cuarta aventura, desligada ya de Poe, donde pone el foco en uno de los temas más manidos y recurrentes de la imaginería del heavy metal: los templarios y la Edad Media. Caballeros, honor, guerra santa, secretos, traiciones… caldo de cultivo excelente para la épica del género, para los arreglos orquestales y para alimentar el mito.

Realizar una obra de este calibre no es tarea fácil. Para empezar, cuenten una nómina de más de 30 artistas invitados. En cuanto a músicos, Carlos Expósito (Leo y Stravaganzza) en la batería, José Pineda (Snakeyes) y Ricardo Esteban (Amaral) en el bajo, guitarras rítmicas de Manuel Seoane, Manolo Arias (Ñu, Atlas), Abel Franco (Tony Solo), solos de Alberto Rionda (Avalanch), Paco Ventura (Medina Azahara), Javier Nula (Ópera Magna), José Rubio (Uróboros), teclados de Manuel Ramil (Avalanch), una orquesta de violines, violas, violinchelos, flauta, clarinetes… y una coral con sopranos, mezzo, tenores, barítono y bajo.

A todo ello, sumen más de 20 personajes interpretados por otros tantos vocalistas. Además de Joaquín Padilla, apunten a Tete Novoa (Saratoga), José Andrea (Uróboros), Thomas Vikstrom (Therion), Miguel Franco (Saurom), José Broseta (Ópera Magna), Ignacio Prieto (Atlas y Eden Lost), Tony Solo (Sangre Azul), Israel Ramos (Avalanch), Baol Bardot Bulsara (TNT), Alfred Romero (Dark Moor), Jorge Berceo (Zenobia), Manuel Escudero (Ago y Armando Rock), Charly López (Bon Vivant), Fran Vázquez (Cherokee), David Arredondo (Taken), Sara Benito (Hiranya), Diva Satánica (Bloodhunter), Nancy Catalina, David Ortiz, Chus Herranz (pareja de Padilla), que además incorporan a su hija, Andrea Padilla, en el papel del hijo de Jacques de Molay.

Si la coordinación de todo esto ya se presume como una tarea de lo más compleja, lo es también trasladar una historia a una veintena de cortes (varios instrumentales), en poco más de una hora de duración, con un sentido lógico y con la dificultad añadida de crear canciones con diálogos teatralizados, en la mayoría de las ocasiones sin estribillo o repeticiones de estructuras.

Y es aquí, amigos, donde la pelota pasa del lado del oyente. ¿Por qué? Si te pones el disco en tu plataforma de streaming habitual y lo escuchas, sin más, es posible que la obra te pueda gustar, que no la soportes, que te apasione o que te genere la más absoluta indiferencia. Pero, en cualquier caso, sea cual sea el resultado, no será una experiencia al ciento por cien completa. En primer lugar porque se hace del todo imprescindible tener el libreto en mano para no perderse. Las voces se suceden, las frases se superponen llevando oraciones paralelas, canciones con hasta siete personajes…, coros, la irrupción del personaje anacrónico de Jacques de Molay, que aparece tanto en canciones ambientadas en el primer acto (siglo XII) como en el segundo acto (siglo XIII y XIV).

Más allá de eso, también es muy aconsejable leerse primero el libreto digital (en descarga gratuita desde la propia web de Legado de una Tragedia) para exprimir más los matices de la historia. Una piedra Roseta, como el mapa del árbol genealógico de Cien Años de Soledad para no perderse por las calles consanguíneas de Macondo.

Una vez que nos hemos quitado el sombrero ante el esfuerzo titánico, podremos entrar en el meollo musical del álbum. Como apuntaba más arriba, no hay terreno más prolífico para el heavy metal, como si de una tierra rica en cosechas se tratara, que la Edad Media, los mitos y todo lo relacionado con el honor. (Es la primera parodia que todo buen grupo de friki-metal tiene como premisa, véase Reno Renardo, Gigatrón, incluso Mamá Ladilla, con su Sancho Panza del Rock). Desde ese punto de vista, Padilla explota todo ese filón con los toques épicos orientales de ‘Orden del Temple’, (destaca el cantante de Saurom frente a Isra Ramos) donde se forjan los Templarios ante el descubrimiento del 11º mandamiento nunca antes revelado en ‘Escrito En Piedra’, donde brilla José Andrea en ese punto medieval-celta del corte. (No olvidemos que su último disco, del que escribiré mañana, seguramente, se llama Bienvenidos al Medievo).

Mención especial para el papel del vocalista de Ópera Magna, José Broseta (Felipe IV El Hermoso), que se lleva junto a Padilla (Jacques de Molay) el protagonismo de esta cuarta entrega. No olvidemos que en las anteriores fue un Leo Jiménez que no ha participado, quizá porque prefiriera centrarse en ese doble esfuerzo de Stravaganzza y su venidero disco como Leo (‘Mesías’).

Además de los pasejes instrumentales de ‘París’, ‘Notre Dâme’ y ‘El Letargo del Guerrero’, encontramos otras piezas cortas que sirven de enganche para el argumento, especialmente los diálogos entre De Molay y Amina, su amada, en ‘Almas Encadenadas’ y ‘Aciaga Verdad’, las duras reflexiones de Molay en ‘Plegarias’ y ‘Entre Un Padre y Un Hijo’, o en ‘La Conspiración’, punto de inflexión para el fin de los templarios, y ‘Falsas Acusaciones’, que lleva a la detención de todos sus integrantes.

En el tramo final, destaca sobremanera la virulencia equilibrada de las voces femeninas en ‘Baphomet’, uno de los mejores cortes, como también la bien rematada ‘La Maldición’, que narra la quema final de De Molay, imprecando a sus dos verdugos (Felipe IV y el Papa Clemente V) a morir pocos meses después que él (como, por cierto, ya narró Warcry en ‘La Maldición del Templario’ en su irregular disco Inmortal.

Así, podemos concluir que El Secreto de los Templarios nos ofrece un viaje denso por una historia bien construida, sin nada que envidiar a esas novelas históricas/historiadas de mil páginas que tan fácil se convierten en best-seller, que en lo musical cae a veces en recursos previsibles, a veces atribulados, pero que, por lo general, cumplen su misión de ambientación.

Si tenemos en cuenta que del primer Legado de una Tragedia al segundo pasaron seis años, casi tres para el siguiente y en este solo dos, quizá podamos concluir en que ha faltado un poco más de maduración pero, en cualquier caso, perdonando defectos al reconocer el titánico trabajo, estamos ante un álbum que merece nuestro más firme aplauso.

Y que venga el quinto cuando tenga que venir.

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. Deus Vult
  2. Orden del Temple
  3. Escrito En Piedra
  4. El Cruzado
  5. París
  6. Intrigas
  7. Almas Encadenadas
  8. Rex Bellator
  9. La Conspiración
  10. Sangre Inocente
  11. Plegarias
  12. Y Judas Traicionó Al Señor
  13. Notre Dâme
  14. Falsas Acusaciones
  15. Baphomet
  16. La Penitencia de la Duda
  17. Aciaga Verdad
  18. Entre Un Padre y Un Hijo
  19. La Maldición
  20. El Letargo del Guerrero

 

 

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Publicado el marzo 5, 2019 en Críticas Discos y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

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