091. Maestro Padilla. 18 de marzo

160319 Cultura-091 1Recuerdo ver la caja por casa desde no sé exactamente a qué edad. Negra, sobria, como su puesta en escena (no como la de la reedición, blanca, con cerillas). Último Concierto. Mi hermano guardaba un profundo cariño a 091. Supongo que habiendo realizado la carrera en Granada en plena ebullición del grupo le facilitaría el hecho de que tuviera un fuerte vínculo con ellos. El caso es que, con la adolescencia y mayoría de edad, en mi ánimo de devorar y conocer grupos y músicas, un mundo que al final me ha arrastrado de por vida, no le terminaba de ver el porqué de tanta devoción. Quizá es que los fuegos rápidos de artificio de otras bandas de la época coetánea me nublaron la visión o, sencillamente, que mi madurez personal y musical aún no estaba preparada para ellos. El caso es que, pasados los años, ‘Los Cero’ me ganaron y entraron a formar parte en esa hiriente lista de grupos que descubres cuando ya no tienes la posibilidad de verlos en directo. Una nómina de la que salió Héroes del Silencio, de la que quiero que salga Platero y Tú, y de la que anoche, gracias a ‘Maniobra de Resurrección’, 20 años después de su adiós, y al Área de Cultura del Ayuntamiento de Almería, borré a 091. Así fue el concierto ofrecido en el Auditorio Municipal Maestro Padilla.

Dicen que un teatro/auditorio no es lugar para el rocanrol. Depende. A veces no importa el tiempo ni el lugar sino el hecho. Y 091, tras cinco minutos de cortesía, salía al escenario ante más de mil asistentes que agotaron completamente las entradas, respetables, entre 35 y 30 euros. Un tercio de ellos, además, ataviados con alguna de las camisetas de la gira y con vinilos en su asiento, o la caja de cuatro cedés reeditada o algún recuerdo más. Ironías del destino, tras ser un grupo ‘de culto’ (= oculto), posiblemente Los Cero hagan más caja en esta gira que en toda su época activa. Porca miseria, aunque nunca es tarde si la dicha es buena.

El quinteto de la gira es el mismo que registró aquel concierto revivido tantas vences. Los dos de Maracena. José Ignacio Lapido y Víctor Lapido a las guitarras, Tacho González a la batería, Jacinto Ríos al bajo y José Antonio García a la voz. Y, sin prisa, pero sin pausa, se marcaron 26 canciones en poco más de dos horas. Con precisión maquinal, como si no llevaran 20 años sin tocar juntos. Siempre con una leve distancia de elevación en la puesta en escena, con una sobriedad tanto en las formas como en lo material (solo el empeine blanco y el cinturón metálico de José Antonio daban el contrapunto), y con nula comunicación entre el quinteto, la banda hizo lo que verdaderamente era lo importante, interpretar a la perfección las sólidas y certeras canciones que pueblan sus siete discos de estudio.

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Expresivo y gráfico en los rasgueos rítmicos y de precisión milimétrica en los solos que pueblan todas las canciones con su Gibson SG, Lapido demostró por qué es uno de los grandes, por más que el gran público considere difícil su carrera en solitario. Su hermano, Víctor, tuvo un papel más comedido, si bien bordaría alguno de los solos de temas insignias de la banda como ‘La Vida Qué Mala Es’ o ‘La Noche Que La Luna Salió Tarde’. Mucho más discretos Tacho González y Jacinto Ríos, pero importantes, dando el necesario confort de seguridad a la banda en la que José Antonio sigue manteniendo esa identidad macarrónica tan acusada.

Arrancaron a la vieja usanza, con la instrumental ‘Palo Cortao’ que se enlazó en plena rampa de lanzamiento con la hedonista ‘Zapatos de Piel de Caimán’ que dejó claro al público que aquel concierto no iba a ser para estar sentado. Así se sucedieron el blues de cariz stoniano ‘Debajo De Las Piedras’, ‘El Lado Oscuro de las Cosas’ donde brilló el lumínico solo doblado de los hermanos Lapido, el medio tiempo ‘Tormentas Imaginarias’ y ese reconocimiento encubierto a Iggy Pop que es la andariega ‘Nada Es Real’, o con la compacta y de estribillo aprehensible ‘En El Laberinto’, con esa percusión metálica tan característica. Las sonrisas del patio de butacas y el anfiteatro no cesaban. Era cierto. Los estaban viendo y los gritos de “Cero, Cero” se repetían cada dos temas. Antes del primer descanso rítmico, aún descerrajaron ‘Huellas’, de virulento fraseo marcado y adictivo.

La poesía terrenal de ‘Nubes Con Forma De Pistola’ ofreció el primer momento de querencia acústica, para continuar con las referencias literarias veladas de ‘Este Es Nuestro Tiempo’ y, antes, ‘Para Impresionarte’, con esa retranca irónica en la conquista amatoria. ‘La Noche Que La Luna Salió Tarde’ se presentó hermosa, con su engarce de melodías vocales y de guitarras tan directas, que parecía que el tiempo no había pasado. Gran cuidado en las luces, azules en esta ocasión, como lo serían moradas para ese medio tiempo coral llamado ‘Un Cielo Color Vino’, más adelante. Entre ambas, un nuevo empujón de adrenalina con tres canciones que nos sumergían en la segunda parte del concierto: la aguerrida ‘Otros Como Yo’, la intensa ‘En La Calle’ o ese malditismo recalcitrante de ‘Sigue Estando Dios de Nuestro Lado’.

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El tramo final continuó con ‘Un Camino Equivocado’, con esa aura encantadora a narración pastoral, para desembocar en la traca de singles insustituibles, ‘Cementerio de Automóviles’, ruda, el riff inconfundible vitoreado de ‘La Torre De La Vela’ y, cómo no, ‘Qué Fue Del Siglo XX’ y su pulsión generacional. Tras el primer descanso, los dos buques insignias de la banda, García y Lapido se plantaron solos en escena para sublimar ‘La Canción del Espantapájaros’. El saludo final de reconocimiento y las palabras “el maestro Lapido” de García fueron el único guiño de complicidad de la velada. Ya se sabe, la ‘mala follá’ granadina tiene esas cosas. La accesibilidad popera de ‘Esta Noche’ fue la siguiente canción en corearse en las gargantas, conocedoras de que la magia llegaba al fin. Por suerte recuperaron ‘Mi Sombra y Yo’, habitualmente en la primera parte del repertorio, de nuevo enérgica con las guitarras dobladas. ‘La Calle Del Viento’ ofrecía después el segundo final.

Aún quedaría otro más, porque 091 no hizo ahorro en esfuerzos y la entrega fue encomiable. La balada catártica ‘Como Acaban Los Sueños’ y esa fusión de AC/DC y ‘Sympathy For The Devil’ de The Rolling Stones, maracas incluidas, que es ‘La Vida Qué Mala Es’, prolongada para que el público se sintiera dentro de la canción (sin presentación de banda) y se marchara con el recuerdo caliente en los ojos, oídos y gargantas de poder haber visto a Los Cero.

‘Chamem a policia’, que cantaban Trabalhadores do Comercio en los 80, marquen el 091.

 

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Setlist:

  1. Palo Cortao
  2. Zapatos De Piel De Caimán
  3. Debajo De Las Piedras
  4. El Lado Oscuro De Las Cosas
  5. Tormentas Imaginarias
  6. Nada Es Real
  7. En El Laberinto
  8. Huellas
  9. Nubes Con Forma De Pistola
  10. Para Impresionarte
  11. Este Es Nuestro Tiempo
  12. La Noche Que La Luna Salió Tarde
  13. Otros Como Yo
  14. En La Calle
  15. Sigue Estando Dios De Nuestro Lado
  16. Un Cielo Color Vino
  17. Un Camino Equivocado
  18. Cementerio De Automóviles
  19. La Torre De La Vela
  20. Qué Fue Del Siglo XX
  21. La Canción Del Espantapájaros
  22. Esta Noche
  23. Mi Sombra y Yo
  24. La Calle Del Viento
  25. Como Acaban Los Sueños
  26. La Vida Qué Mala Es
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Publicado el marzo 19, 2016 en Crónicas Conciertos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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