Los Enemigos – Bestieza

 

Hay con Los Enemigos una sensación de eterno retorno. Viajar por sus discos es navegar entre bisagras que abren puertas que se interconectan entre sí y, de veras, poco importa que hayan estado varios años ‘de parón’, que volvieran de gira, que se marcaran un disco con todos sus ingredientes conocidos en la coctelera (lo que le restó algo de identidad) en La Vida Inteligente y que ahora, vengan desenfrenados, acelerados, más livianos y frescos. Todo es familiaridad con el cuarteto, si bien en esta ocasión viene remozado en una de sus guitarras y en la producción. Manuel Benítez decidió dedicarse exclusivamente a Porretas y su salida a las seis cuerdas ha dado paso a la entrada de David Krahe, guitarrista de Los Coronas, Corizonas y habitual en los últimos tiempos de Josele Santiago, como bien queda registrado en su último directo Conde Duque. Santiago vuelve a firmar guitarras, voz principal (menos uno) y los temas, compartiendo autoría en tres de ellos con el almeriense Fino Oyonarte, bajista. La batería corre a cargo de Chema Pérez. La producción en este caso viene refrescada por un productor emergente y viejo conocido de la banda, como es Carlos Hernández, antiguo técnico de sonido y actualmente responsable de la producción de bandas como nuestros aplaudidos Carolina Durante y Airbag y Triángulo de Amor Bizarro. Con estos mimbres y liberados de las inquietudes personales, Enemigos firma la continuación lógica de Nada, de hace nada menos que más de veinte años.

Me vale la referencia temporal porque precisamente ese es el tiempo que tiene la letra de ‘Siete Mil Canciones’. Un corte que por fin ha encontrado su vestimenta idónea para convertirse en un clásico instantáneo. Las guitarras ya avisan desde el principio, como una llamada a filas. La melodía del fraseo es una declaración de amor al futuro mientras que el estribillo tiene la siempre ácida mordacidad enemiga, parafraseando la frase de José Luis López Vázquez. El baile continúa con fuerza en la urgencia de ‘Vendaval’, de nuevo de aire vitalista: “Corriente espiral, me arrastra junto a ti, nada más que hacía a ti (…) Y tu aparición me saca como siempre de mi error, ¿cómo voy a seguir siendo el mismo?”. Se afanan las crónicas en llamarlo power-pop, pero esa palabra me suena demasiado débil para la fuerza enemiga. Primero de los temas firmados al alimón con Fino.

En ‘La Ofensa’, se levanta el pie ligeramente del acelerador en el fraseo para surfear ligeramente, mientras que el puñetazo viene en forma de estribillo en una mala baba marca de la casa. Ofendiditos del mundo, va para vosotros, le intuyo a la banda. En ‘Menos Que Un Perro’ se hace más presente uno de los denominadores comunes del álbum, que es el uso inteligente, cuantioso pero sutil, de coros que atemperan la rugosidad guitarrística. A tener en cuenta la versatilidad de la guitarra de Krahe en este tema. La ‘cara A’ se culmina con el primero de los más claros medios tiempos del álbum, ‘La Costumbre’, de ahí su metraje de más de cinco minutos, que se agradecen entre tanta inmediatez, ya que permite una evolución del desarrollo instrumental, que en la coda gana en ambientación, coros atmosféricos y un solo de guitarra de sonoridad primitiva y, por tanto, embaucadora.

‘Mar de Sendas’ abre con la misma energía la segunda parte como… un eterno retorno de su reverso. Aquí, con tono más sobrio, pero con la misma intensidad en rasgueos y coros y un mayor protagonismo de bajo en el estribillo. Es la segunda de las canciones con doble firma. La tercera es ‘Océano’, donde Fino, como Richards con los Stones, se lanza a cantarse el tema. Casualidad o no, es un cañonazo indiscutible y de las canciones que hacen de Bestieza una obra sobresaliente, como ‘Siete Mil Canciones’, pero también como ‘Sacrilegio Sideral’, que nos bambolea a ritmo de deserción liberada. El texto, su tono, sea por lo mucho que lo echo en falta, me conecta inexplicablemente con otro Krahe, de nombre Javier.

Puede parecer una afrenta catalogar a una de esta decena de canciones como la menos ‘inspirada’, pero si hay alguna cerca de serlo es ‘Hey Judas’, quizá por su exceso de distorsión o sobresaturación en contraste con lo preciosista de la anterior. Pero, en cualquier caso, el título no engañaba, belleza y bestia. El cierre al portón lo pone ‘Rey Pescador’, canción claramente partida en dos partes, con el “me tutean en el cielo” como puente entre ellas, puesto que la calma y sencillez inicial se torna en casi barroquismo entre teclas, coros y más paleta de guitarras.

Enemigos se marca, en el primer trimestre, uno de los discos de este enmascarillado 2020.

 

Lista de canciones – tracklist:

  1. Siete Mil Canciones
  2. Vendaval
  3. La Ofensa
  4. Menos Que Un Perro
  5. La Costumbre
  6. Mar De Sendas
  7. Océano
  8. Sacrilegio Sideral
  9. Hey Judas
  10. Rey Pescador

 

Publicado el marzo 25, 2020 en Críticas Discos y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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