Archivos Mensuales: marzo 2021

C Tangana – El Madrileño

Sabéis que en esta casa, con frecuencia, nos tomamos licencias más allá del nombre de la cabecera, porque no entendemos la música como una guerra de clanes y terrenos vallados sino como algo de lo que disfrutar, aprender y conocer sin demasiados prejuicios. (Ya lo dijo El Drogas, “los compartimentos estancos dicen mucho de la capacidad intelectual de quien los maneja”). Nos gustan las guitarras y la distorsión, sí, pero eso no impide que la gama se reduzca a eso. Por eso me gusta traer cosas ajenas, sobre todo cuando encuentro que el objeto en cuestión lo merece y necesito compartir impresiones. Hay decenas de ejemplos y, hoy, C Tangana y su disco El Madrileño entran a formar parte de ese grupo de anotaciones aparte. También reconozco que, como el salmón, me puede el ir contracorriente o, quizá, el sacar la espada de madera ante causas imposibles. Mis muros (rockeros de pro, incorruptibles) se llenan de numerosas críticas sin sustancia, de ese golpeo tendencioso que provoca cualquier artista cuando se le atribuyen todos los méritos a la sobreexposición en los medios de comunicación, al marketing y un largo etcétera y empieza esa rueda contraria de desprecio por el simple hecho de tener éxito. Una mezcla resultante del síndrome de Solomon y de la frustración que sienten por el triunfo de los demás. ¿Pensamos en nuestro rock? Mägo de Oz, Ska-P, Extremoduro, Héroes del Silencio, Pereza-Leiva,… Cualquiera que triunfa de manera ‘masiva’ se merece aquel famoso calificativo de ‘vendido’. Porque se tolera la victoria siempre y cuando no se salga de su ‘círculo de acción’ o ‘público potencial’. Por eso, cuando C Tangana se movía, de forma cronológica, en mundos de rap, trap y reguetón, era un personaje circunscrito a un cubículo determinado que no molestaba demasiado. Los problemas llegan cuando se rompen las fronteras. Y aquí, no nos gustan.

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Acid Mess – Sangre De Otros Mundos

Decía el pasado domingo que la semana venía cargada y tras Hora Zulú y su revisión de grandes éxitos de sus dos primeros discos pero con el sonido actual y la guía al complejo y sustancioso segundo álbum de Califato ¾ y tras anunciar que mañana jueves le vamos a dedicar unas cuantas líneas al último de C Tangana (no, que no es broma) la cosa no decae hoy con Acid Mess. Y, sí, es cierto que es sin duda el nombre que menos te suene de los cuatro pero, aunque lo haya descubierto ‘tarde’ (si es que poco más de tres meses después de su lanzamiento se equivale con ese calificativo en estos tiempos de consumo rápido), os aseguro que el poderío sonoro de esta banda asturiana merece la pena. Cinco años han tardado en volver con nuevo material, pero la espera ha servido para enriquecer su stoner iniciático en una suerte mucho más compleja donde se afila más el sentido progresivo que ya trabajaban, los estruendos, pero también las dinámicas hacia pasajes que (ojo a la novedad) esbozan querencia de raíz flamenca en los compases, coros y hasta palmas. En una casa donde adoramos tanto a Viaje a 800 o Atavismo, ese sonido no podría tener mejor recibimiento, completando precisamente esa gama de acercamientos representada esta semana tanto por los de Granada y Sevilla/Málaga de lunes y martes y por ‘el madrileño’ de mañana. Cada uno a su manera pero, demostrando, en suma, que no hay límites ni fronteras cuando las cosas se hacen con seso y trabajo. Sangre De Otros Mundos, allá vamos.

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Califato ¾ – La Contraçeña

Lanzaron su primer larga duración, Puerta de la Cânne, un 4 de diciembre (de 2019), el día de Andalucía no oficial. Tras una buena colección de EP’s de remixes y varios adelantos, hace apenas dos días, el 28 de febrero (el oficial) veía la luz La Contraçeña, el segundo LP de estudio de este artefacto sonoro medio sevillano, medio malagueño, que se llama Califato ¾ y que para el mundo del rock y el metal les sonará porque es donde ubicamos con mayor dedicación y empeño a Curro Morales, de Narco, aquí guitarra, además de voz. Acompañado por Manuel Chaparro (capataz y voz), Esteban Espada (bajo), Sergio Ruiz (teclados) y Lorenzo Soria (electrónica) y una grandísima cantidad de colaboradores, como Roxana Pappalardo, que casi parece una más de la banda, la bola de arte sigue creciendo y se antoja imparable, porque los medios han puesto el ojo y, claro, hay material bueno para dar y tomar. Así, lo que parecía una broma de entretenimiento se ha convertido en una apuesta tan sólida que ya ha trascendido las emisiones regionales (concierto en Al Sur Conciertos, de Canal Sur), las del ‘underground’ (Los Conciertos de Radio 3 de La 2) y ya tomaron ‘La Resistencia’ de Broncano hace una semana. Y es que ahora que muchos ‘reivindican’ eso de utilizar el folclore entre bases electrónicas y modernidad (spoiler, tengo la firme intención de escribir de C Tangana el próximo jueves. Curioso, ambos mostraron su pesar por la reciente pérdida del compositor de marchas procesionales Sergio Larrinaga, Larry), Califato ¾ lo hace sumando a la esencia rock que late, ingredientes de breatbeat y mucho de folclore, flamenco, (semana)santero e influencia árabe. Un combinado tan explosivo como adictivo que, además, nace de sesiones ‘de encierro’ de varios días entre sustancias, instrumentos y aparatos. Viejos métodos para nuevos delirios. Pero funciona de escándalo.

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Hora Zulu – Limpiar, Fijar y Dar Esplendor

A pocas bandas de nuestro país se le podría ocurrir o, más allá, sentar mejor el uso de la histórica leyenda de la Real Academia de la Lengua como título de un disco. Teniendo en cuenta que llevan años “manejando a su antojo el lenguaje”, que en su día su vocalista, Aitor Velázquez, intentó la machada de leerse el María Moliner al completo y que el álbum va de pulir, perfilar y sacar lustre con el sonido y sabiduría actual a una colección de canciones de sus dos primeras entregas (Me Duele La Boca De Decirlo (2002) y Crisis De Claridad (2004)), inferimos que tiene todo el sentido del mundo, con Paco Luque a la guitarra, Javi Cordovilla a la batería y Álex Bedmar al bajo. ¿Cuántas veces sea ensoñado aquello de ‘me gustaría volver a los 20 años pero sabiendo todo lo que sé ahora’? Empujados por el lado tenebroso ‘del negocio’, que les ha llevado a grabar las canciones para recuperar los derechos de autoría de las mismas, este álbum va de eso. Es un ejercicio que casi siempre es ingrato (porque siempre te dirán aquello de que ‘antes era mejor’, por ahí ya pasó Extremoduro, Soziedad Alkohólika, etcétera) pero del que Hora Zulu sale del todo victorioso, con corona láurea y vítores merecidos. Un sonido mucho más grueso (cada vez más), un tono, por lo general, más sobrio en lo vocal, unas guitarras repletas de arreglos y sonoridades que enriquecen las líneas melódicas de las originales, un bajo muchísimo mejor mezclado y una batería más afilada y contundente. Como resultado, un sonido más fiel a lo que le venimos escuchando en el escenario antes de la pandemia y la madurez de unas canciones que nos calentaron las venas con 20 años, pero sonando con el empaque y la seriedad que queremos a los 40. Si la pena es que se hayan dejado la otra mitad de cada uno de ellos.

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